La revolución del ARN mensajero ha trascendido la pandemia de covid-19 para enfrentar nuevos desafíos, como la logística del frío extremo y el desarrollo de terapias personalizadas contra el cáncer. Esta tecnología, que demostró su eficacia en la lucha global contra el coronavirus, ahora busca consolidarse como una herramienta clave en la oncología y otras enfermedades.
El largo camino como tratamiento médico
Hace más de cuatro décadas, los científicos plantearon la idea de usar ARN mensajero sintético para instruir a las células a producir proteínas curativas. Sin embargo, el sistema inmunológico destruía estas moléculas al confundirlas con virus. El avance llegó cuando la bioquímica Katalin Karikó y el inmunólogo Drew Weissman descubrieron que modificando una "letra" química del ARN, la molécula podía evadir las defensas del cuerpo. Posteriormente, el investigador Pieter Cullis perfeccionó las nanopartículas lipídicas, diminutas burbujas de grasa que protegen al ARN mensajero. Estos hallazgos fueron capitalizados por biotecnológicas como Moderna y BioNTech, permitiendo el desarrollo de vacunas contra covid-19 en tiempo récord y abriendo una nueva era médica.
Obstáculos del ARN mensajero
El doctor Michel Martínez, jefe de la Unidad de Vigilancia Epidemiológica de TecSalud, relató las complejidades de los ensayos clínicos en México para la vacuna de CureVac. "El problema fue que el estudio se llevó de manera desfasada y cuando los resultados vieron la luz, el mundo ya enfrentaba múltiples variantes", explicó. A pesar de ello, destacó que se demostró que en México es posible realizar investigación seria con tecnología de vanguardia.
El acertijo térmico: el reto de los -60 grados
El ARN mensajero exige temperaturas de hasta -60 grados centígrados para mantener su estabilidad. El calor actúa como catalizador que destruye la tecnología en horas. Las nanopartículas lipídicas que lo encapsulan también corren riesgo de derretirse u oxidarse si no se mantienen congeladas. "Necesitamos proteger el ARN mensajero con esta cubierta lipídica; esa es una de las razones por las que se necesita una red de frío", comentó Martínez. La solución podría ser la tecnología "never frozen", que permite mantener las características del biológico sin congelación extrema. Rodrigo Sini, director senior de Asuntos Médicos de Pfizer, detalló que esta innovación, vinculada a la planta de Toluca en México, busca vencer este desafío.
El ARNm contra el cáncer
El verdadero objetivo del ARN mensajero siempre ha sido el cáncer. Las terapias individualizadas de neoantígenos buscan entrenar al sistema inmune para reconocer y destruir células tumorales. Emilio Fumero, director senior de asuntos médicos en Moderna, explicó que el desarrollo es individual: se extrae el tumor del paciente y se compara su código genético con el ADN sano. Mediante algoritmos de inteligencia artificial, se seleccionan las mutaciones que generarán mejor respuesta, y esa información se traduce en una molécula de ARN mensajero. En el congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), se reveló que el primer ensayo clínico en melanoma logró reducir la probabilidad de recurrencia o muerte en un 49 por ciento. Se esperan resultados de fase 3 para finales de año, incluyendo estudios en cáncer de pulmón, que tiene la mayor mortalidad.
México busca crear su vacuna de ARN
En el Instituto Nacional de Cancerología, el doctor Greco Hernández Ramírez lidera un proyecto para crear una plataforma de ARN mensajero con eficiencia comparable a la de Pfizer o Moderna. "Estamos buscando estructuras moleculares que permitan una eficiencia similar", explicó. El avance del proyecto depende del financiamiento; aunque cuentan con presupuesto del INCan, la velocidad está limitada por la falta de recursos masivos.
La tecnología de ARN mensajero continúa expandiéndose a enfermedades infecciosas como influenza, norovirus, VIH y herpes, así como a enfermedades raras como la fibrosis quística. Sin embargo, su mayor promesa terapéutica sigue siendo la oncología, con investigaciones en melanoma, cáncer de pulmón, páncreas, vejiga y carcinoma de células renales.



