Los infartos cerebrales, antes considerados propios de adultos mayores, están ocurriendo cada vez más en personas jóvenes. Datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos muestran que la prevalencia de eventos cerebrovasculares entre adultos de 18 a 44 años aumentó 14.6% al comparar los periodos 2011-2013 y 2020-2022, pasando de 0.8% a 0.9%, un cambio estadísticamente significativo.
A escala mundial, un análisis del Global Burden of Disease 2021 estimó que el número de casos nuevos entre adultos de 15 a 49 años creció 36% entre 1990 y 2021. Aunque las tasas ajustadas por edad disminuyeron durante buena parte del período, desde 2015 se observó un nuevo incremento en la incidencia de infartos cerebrales isquémicos entre jóvenes. Otro estudio nacional, realizado en Países Bajos, encontró que la incidencia entre personas de 18 a 50 años aumentó 23% entre 1998 y 2010, impulsado por eventos isquémicos y concentrado en mayores de 35 años.
El riesgo comienza a construirse años antes
En México no existen datos suficientes que permitan conocer cuánto han aumentado específicamente los infartos cerebrales entre menores de 40 años; sin embargo, los médicos atienden a pacientes jóvenes con enfermedades que antes aparecían principalmente en edades avanzadas. “Lo que estamos viendo hoy es que personas muy jóvenes, desde los 30, 35 años, están padeciendo estas enfermedades crónicas a edades tempranas”, explica el doctor Daniel Sánchez Arreola.
El especialista señala que la diabetes, la hipertensión, la obesidad y la dislipidemia elevan el riesgo de que una persona sufra una enfermedad vascular cerebral. El problema es que varias de estas condiciones pueden avanzar sin producir molestias evidentes. “Muchas de estas personas inclusive no saben que tienen diabetes, hipertensión, hasta que se presentan como un infarto o como una descompensación a los hospitales”, advierte. Esto significa que el infarto ocurre de manera repentina, pero el deterioro de los vasos sanguíneos puede comenzar años antes. Por ello, conocer algunos indicadores básicos de salud antes de los 40 permite detectar condiciones que necesitan tratamiento.
Presión arterial
La hipertensión es uno de los principales factores modificables relacionados con el infarto cerebral. Puede desarrollarse sin síntomas y dañar progresivamente los vasos sanguíneos que llevan sangre al cerebro. “La hipertensión poco a poco daña los vasos sanguíneos y, entre ellos, los cerebrales”, explica Sánchez Arreola, quien recuerda que se le conoce como el “asesino silencioso” porque puede permanecer inadvertida hasta que ocasiona una complicación. El análisis global de adultos de 15 a 49 años identificó la presión sistólica elevada como el principal factor relacionado con la pérdida de años de vida saludable por eventos cerebrovasculares en jóvenes. Una medición aislada no basta para diagnosticar hipertensión; sin embargo, los valores elevados de manera repetida requieren una valoración médica.
Glucosa en sangre
La diabetes también puede avanzar durante años sin causar señales claras. Mantener niveles elevados de glucosa contribuye al daño de los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de complicaciones cardiovasculares y cerebrales. La glucosa en ayuno permite conocer la cantidad de azúcar presente en la sangre después de varias horas sin comer, mientras que la hemoglobina glucosilada muestra cómo se han comportado esos niveles durante los meses anteriores. Las personas con antecedentes familiares de diabetes, sobrepeso, obesidad, poca actividad física o presión elevada pueden necesitar controles más tempranos, de acuerdo con su valoración médica.
Colesterol y triglicéridos
El perfil de lípidos mide componentes como colesterol LDL, colesterol HDL y triglicéridos. Cuando existen alteraciones persistentes, pueden formarse depósitos de grasa en las paredes arteriales y reducirse progresivamente el paso de la sangre. “El exceso de azúcar nos hace también daño en los vasos sanguíneos y esto, a lo largo de los años o de los meses, va formando un trombo, un coágulo en el cerebro”, señala el médico. También advierte que las placas pueden empezar a desarrollarse desde edades jóvenes: “Vemos personas muy jóvenes que con una dieta no muy buena, prácticamente en cinco o seis años desarrollan ateromas, que son esas placas de colesterol en las arterias”.
Los hábitos también se acumulan
Dormir poco, fumar, consumir alcohol en exceso, llevar una alimentación desequilibrada y permanecer físicamente inactivo no suelen provocar por sí solos una obstrucción cerebral inmediata. Sin embargo, pueden favorecer hipertensión, diabetes y daño arterial con el paso del tiempo. “Es una causa multifactorial entre lo que comemos, consumimos y nuestra actividad física; es como una bomba de tiempo”, concluyó el especialista.



