El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune, crónica y sistémica en la que el sistema inmunológico ataca por error las propias glándulas exocrinas, especialmente las lagrimales y salivales, lo que provoca una disminución drástica de lágrimas y saliva. Como explicó el doctor Juan Pozos, director médico de Inmunología en Novartis y reumatólogo: “En realidad es una enfermedad autoinmune y nuestro sistema inmunológico está autoagrediendo a las glándulas exocrinas hasta hacer que dejen de funcionar”. Esto puede llevar a complicaciones como caries severas, problemas para tragar y daño ocular.
¿Qué le ocurre al cuerpo con el síndrome de Sjögren?
Cuando las glándulas lagrimales producen menos líquido, la superficie del ojo pierde lubricación, causando ardor, sensación de arena, enrojecimiento, visión borrosa o sensibilidad a la luz. En la boca, la falta de saliva genera dificultad para hablar, masticar alimentos secos o tragar. La saliva contiene enzimas protectoras; sin ella, aumentan las caries, lesiones en encías y pérdida de dientes. “Un paciente que no tiene saliva no solamente tiene dificultad para masticar o tragar, también presenta una mayor incidencia de caries”, señaló Pozos.
La inflamación puede extenderse más allá de ojos y boca, afectando articulaciones, pulmones, nervios y riñones, por lo que se considera una enfermedad sistémica.
¿Cuáles son las causas y quiénes la padecen?
No existe una causa única. Se cree que intervienen factores genéticos, hormonales y ambientales. Aparece con mayor frecuencia entre los 45 y 50 años y afecta desproporcionadamente a las mujeres: según el especialista, por cada hombre diagnosticado hay alrededor de 10 mujeres con Sjögren. Esto puede llevar a confundir los síntomas con la menopausia, como resequedad vaginal, fatiga o dolor, pero cuando son intensos o persistentes, deben ser evaluados por un reumatólogo.
Síntomas más comunes del síndrome de Sjögren
- Ojos secos, ardor o sensación de arena
- Boca seca o necesidad constante de beber agua
- Fatiga que no mejora con el descanso
- Dolor en muñecas, rodillas o dedos
- Caries frecuentes o pérdida de piezas dentales
- Piel o mucosas secas
- Dificultad para masticar o tragar alimentos secos
La clave para el diagnóstico es la combinación de síntomas. “Lo que falta es integrar los síntomas: tienes los ojos muy secos, también la boca, te sientes cansado desde que despiertas y te duelen las articulaciones. Si un paciente tiene varios de estos síntomas, debería considerarse la enfermedad de Sjögren y referirse con un reumatólogo”, indicó Pozos.
Órganos que puede afectar además de ojos y boca
El Sjögren puede causar enfermedad pulmonar intersticial, un proceso inflamatorio que deja cicatrices en el tejido pulmonar. Los síntomas incluyen tos persistente sin causa clara, falta de aire o cansancio al caminar o subir escaleras. También puede afectar los nervios periféricos, provocando ardor, dolor, entumecimiento o descargas eléctricas en extremidades. Con menor frecuencia, compromete riñones o sistema cardiovascular. Además, las personas con Sjögren tienen mayor riesgo de desarrollar linfoma, por lo que requieren seguimiento a largo plazo.
Diagnóstico: un rompecabezas de pruebas
No existe una sola prueba definitiva. El reumatólogo combina síntomas, exploración física, análisis de sangre y pruebas como la de Schirmer (mide producción de lágrimas colocando una tira de papel filtro en el ojo durante cinco minutos) o la medición de saliva. Los análisis de sangre buscan anticuerpos anti-Ro/SSA, pero un resultado negativo no descarta la enfermedad. Si es necesario, se realiza una biopsia de glándulas salivales menores (en el labio inferior) para buscar inflamación. El doctor Pozos explicó que los reumatólogos usan criterios internacionales que asignan puntos a cada hallazgo para lograr un diagnóstico preciso.
Tratamiento: controlar síntomas y complicaciones
Actualmente no tiene cura, pero los síntomas se pueden tratar. Las lágrimas artificiales mantienen la humedad ocular y protegen la córnea. Para la boca se usan sustitutos de saliva en aerosol o gel, revisiones dentales periódicas y beber agua (aunque no reemplaza todas las funciones de la saliva). Cuando hay inflamación sistémica o daño en órganos, el reumatólogo prescribe inmunomoduladores o inmunosupresores para reducir la actividad anormal de las defensas.
Prevención y cuidado a largo plazo
No se puede prevenir la enfermedad, pero sí reducir el daño. Revisiones con oftalmología y odontología, uso de lubricantes, evitar fumar y, si hay dificultad para tragar o pérdida de peso, valoración nutricional. El seguimiento con reumatología permite detectar a tiempo afectaciones pulmonares, neurológicas o renales. Dependiendo de los síntomas, pueden intervenir neumólogos, neurólogos, hematólogos y otros especialistas.



