Antes de pisar un consultorio, la mayoría de los pacientes en México ya tomó buena parte de la decisión sobre qué especialista consultar frente a una pantalla. Nueve de cada 10 busca información sobre un especialista en internet antes de agendar una cita, y el 84% revisa reseñas de otros pacientes como parte de ese proceso, de acuerdo con datos compartidos por Doctoralia con Expansión. La confianza médica, que durante décadas se construyó por recomendación de familiares o conocidos, hoy también se forma a partir de estrellas, comentarios y calificaciones publicadas por otros usuarios. Sin embargo, según cifras de la compañía, solo el 5% de las citas agendadas a través de Doctoralia termina en una reseña publicada, es decir, apenas una de cada 20.
Contraste entre consulta y participación
De ese total de reseñas, el 98.23% corresponde a valoraciones positivas. Cada mes, la plataforma recibe más de 104,000 reseñas nuevas derivadas de alrededor de 2.2 millones de citas gestionadas y, en conjunto, acumula un histórico de 5.3 millones de opiniones en México. Este contraste abre una duda: si la gran mayoría de los pacientes consulta reseñas para elegir médico, ¿qué tan representativa es la experiencia que reflejan esos comentarios cuando solo una pequeña parte de quienes acudieron a consulta decide escribir uno?
Para Adrián Alcántara, CEO de Doctoralia México, la respuesta no depende del porcentaje de pacientes que opina, sino de la calidad del proceso mediante el cual esas opiniones llegan a la plataforma. "La representatividad no depende de que opine el 100% de los pacientes, sino de contar con un volumen suficiente de experiencias auténticas, obtenidas de forma consistente y bajo los mismos estándares de verificación", explicó en entrevista con Expansión.
Sistema de verificación y sus límites
A diferencia de otros sitios donde cualquier usuario puede publicar una valoración, Doctoralia asegura que las reseñas solo pueden ser emitidas por pacientes que efectivamente agendaron una cita a través de la plataforma. La empresa combina sistemas automatizados con revisión humana para detectar patrones atípicos, identificar posibles intentos de manipulación y validar la autenticidad de los comentarios. No obstante, la compañía no precisó qué proporción de reseñas queda fuera tras ese proceso de verificación ni si existen diferencias entre el perfil de los pacientes que califican a su médico y el de quienes, aun habiendo asistido a consulta, deciden no dejar ninguna opinión.
Esa última pregunta es relevante porque, aunque el volumen absoluto de reseñas sea elevado, todavía queda abierta la duda sobre si quienes escriben una valoración representan al paciente promedio o corresponden a un grupo con comportamientos distintos, una cuestión que trasciende a Doctoralia y forma parte del debate sobre la confiabilidad de los sistemas de reseñas en internet.
Sesgos en las valoraciones
Una investigación publicada en 2024 en la revista Journal of Medical Internet Research, que analizó reseñas verificadas de médicos de atención primaria en Estados Unidos, encontró que características como la edad, el atractivo facial, el nivel educativo o el dominio de varios idiomas guardan una relación estadísticamente significativa con las calificaciones que reciben los especialistas en plataformas digitales. Aunque el efecto de cada uno de esos factores es pequeño, los autores concluyen que la percepción del paciente puede verse influida por atributos ajenos al desempeño médico y plantean la necesidad de seguir investigando cómo se construye la confianza en este tipo de plataformas.
El estudio valida la utilidad de las reseñas como herramienta de orientación para los pacientes, pero también advierte que, como ocurre en otros sistemas de valoración en línea, las opiniones reflejan tanto la experiencia clínica como la percepción subjetiva de quien las escribe, una combinación en la que pueden intervenir factores difíciles de medir.
Caso Marilyn Cote: lecciones de verificación
Para Alcántara, a medida que un especialista acumula más opiniones verificadas, las experiencias individuales tienden a diluirse y el perfil ofrece una fotografía más estable del servicio que brinda. Desde esa perspectiva, la confiabilidad no depende de que todos los pacientes opinen, sino de reunir suficientes experiencias auténticas y verificadas para construir un patrón consistente. Sin embargo, el caso de Marilyn Cote ilustra que incluso los sistemas de verificación tienen límites. Cote, quien se presentaba como psiquiatra y ofrecía consultas y tratamientos en Puebla, fue señalada en 2024 por presuntas irregularidades en sus credenciales profesionales. El caso derivó en una investigación de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) por el presunto ejercicio irregular de la psiquiatría y las autoridades estatales clausuraron los consultorios donde brindaba atención.
Antes de que el caso se hiciera público, Cote había contado con un perfil en Doctoralia. La plataforma asegura que ese perfil fue dado de baja desde 2020, después de detectar inconsistencias en la documentación presentada. De acuerdo con la empresa, al momento del registro la cédula profesional presentada por Cote pudo validarse ante la Secretaría de Educación Pública (SEP), pero revisiones posteriores identificaron irregularidades que motivaron su eliminación. Cuando estalló el escándalo en noviembre de 2024 comenzaron a circular capturas de su perfil en Doctoralia con reseñas de cinco estrellas y comentarios muy elogiosos de pacientes. Es decir que sistemas como el de Doctoralia pueden detectar inconsistencias y corregirlas, aunque no siempre hacerlo antes de que un perfil permanezca disponible para los pacientes.
Confianza digital y hábitos de verificación
Según datos de la Encuesta de Confianza en el Servicio de Internet del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), más de la mitad de los usuarios en el país afirmó confiar poco o nada en la veracidad general de lo que consume en la red; sin embargo, esta desconfianza no se traduce necesariamente en una verificación rigurosa. Por su parte, el Digital News Report del Instituto Reuters y la Universidad de Oxford revela que, aunque la preocupación por la desinformación es alta, menos del 40% de los usuarios valida activamente los datos que encuentra en internet consultando fuentes institucionales o registros oficiales, y cerca de un 20% suele basar su criterio en la lectura de opiniones o comentarios de otros usuarios en redes.
Oportunidades de la digitalización en salud
Si bien los sesgos antes planteados pueden derivar en reseñas poco confiables o útiles, la tecnología también se plantea como un aliado que podría optimizar al sector salud. De acuerdo con el estudio El Paciente Digital Mexicano 2025, elaborado por la Fundación Mexicana para la Salud (FUNSALUD), el 73% de los usuarios utiliza buscadores para resolver dudas relacionadas con temas médicos, el 41% consulta información sobre síntomas o enfermedades de manera frecuente y el 35% consume contenidos de salud a través de redes sociales. Esta transformación ocurre, además, en un contexto de presión sobre el sistema de salud. Según el estudio Panorama de la Salud 2026, elaborado por Doctoralia, el 70% de los pacientes en México considera excesivos los tiempos de atención y algunos procedimientos quirúrgicos pueden registrar esperas de hasta 14 semanas.
Doctoralia sostiene que la consistencia de sus mecanismos de verificación y el volumen acumulado de opiniones permiten ofrecer una referencia útil para los pacientes. Para Jaime Ponce, coordinador de Proyectos Estratégicos de FUNSALUD, la tecnología puede convertirse en una herramienta para aliviar parte de esos desafíos siempre que facilite el acceso a información confiable. La digitalización, dice, representa una oportunidad para cerrar brechas de acceso y mejorar la eficiencia del sistema. “Cuando la tecnología facilita el acceso a información confiable, agiliza procesos y fortalece la relación médico-paciente, puede convertirse en una herramienta relevante para responder a los desafíos que enfrenta actualmente la atención médica en México".



