En México, la distancia física ya no es un impedimento para que miles de padres ejerzan su paternidad a través de pantallas. La migración por falta de oportunidades laborales ha llevado a muchos hombres a reinventar su rol paterno en la era digital, utilizando aplicaciones como WhatsApp y videollamadas para mantener el vínculo con sus hijos. En el marco del Día del Padre, Excélsior presenta historias que reflejan esta realidad.
Videollamadas como cordón umbilical
Javier Piñón Rangel, originario de Acuitzio del Canje, Michoacán, trabaja en campos agrícolas de Estados Unidos bajo contratos temporales legales. Su esposa, Alma Trujillo, describe la dinámica familiar sostenida por remesas: "Es sumamente triste no poder pasar Navidad, Año Nuevo o el Día del Padre juntos, pero aquí las cosas están muy difíciles. A veces, para salir adelante y construir un patrimonio para nuestros hijos, tenemos que sacrificar lo más valioso: el tiempo de convivencia".
Javier ha estado ausente en las festividades más importantes de los últimos seis años. Su hijo mayor, de 15 años, se ha convertido en padre, lo que multiplica las preocupaciones. Alma relata: "Es su primer Día del Padre y me confiesa que le hubiera gustado compartir esta fecha con su papá. Su meta, más que un deseo, parece una sentencia: me dice que, apenas cumpla los 18 años, se irá a trabajar con él a Estados Unidos".
Las videollamadas son el único medio de conexión. Durante una entrevista, Alma realizó una llamada de 30 minutos que acortó la distancia geográfica, pero no la melancolía. El hijo menor reclamó la presencia de su padre, y Javier respondió: "Ya pronto, mi amor. Los extraño mucho, pero ya casi te voy a ver".
WhatsApp como herramienta cotidiana
En León, Guanajuato, Gaby ha normalizado la ausencia de su padre Gabriel, quien manufactura bota vaquera en Dallas desde hace más de una década. "Hablamos siempre. Cuando necesito dinero, pues le pido. Si requiero de algún consejo, mi papá siempre está presente y hasta me ayuda con la escuela", comenta Gaby, estudiante de Desarrollo y Gestión de Territorio en la Universidad de Guanajuato.
Gabriel, a pesar de no sentirse cómodo con la tecnología, reconoce su utilidad: "Yo no le sé a esas cosas. Aunque he aprendido y no me queda de otra. Al final, para mí lo más importante es ver a mi familia, así sea por la cámara del teléfono". Sin embargo, añade: "Pero, me digas lo que me digas, no hay nada como estar en la casa, con tu familia, con tu mujer y tus hijos, eso no tiene comparación". Gabriel y Gaby esperan reunirse para el Día de Acción de Gracias o Navidad. "Por lo pronto, soy papá de WhatsApp", ríe el zapatero leonés.
La llamada semanal que sostiene el vínculo
Germán, de 11 años, espera cada viernes a las 7:00 horas la videoconferencia con su padre Héctor, quien migró a Estados Unidos cuando Germán tenía ocho años. Héctor trabaja en la construcción de un resort en Estados Unidos y envía dinero para que Germán siga estudiando. Sin embargo, la comunicación no es suficiente. "Sus ojos se hacen aguaditos", dice su madre Karina cada vez que tienen la llamada. Germán escribe a su padre por WeChat durante la semana. "Yo quiero jugar con mi papá futbol. Ir al campo", responde al preguntarle qué desearía hacer con él.
Amor de padre a la distancia
Guillermo Cruz, enfermero originario de Oaxaca, emigró a la Ciudad de México a finales de 2019 por oportunidades laborales, dejando a su esposa e hijos. "Las videollamadas por WhatsApp son el apoyo en la comunicación con mi hija (19 años) e hijo (17 años), creo que ha fortalecido nuestra familia", comenta. Durante la pandemia, cuando sus hijos tenían 13 y 11 años, la aplicación funcionó como un espacio seguro. "Estuve varios días concentrado en el hospital, mi familia fue el único contacto con el exterior y mi contención", subraya. "Como papá, trato de darles un tiempo más a ellos, y con esta aplicación los siento cerca, aunque estamos distantes", concluye.
La paternidad ausente: un patrón social
Diego, de nueve años, no recuerda la voz de su padre. Vive en Xalapa con su madre y, aunque su padre biológico deposita recursos, no hay comunicación afectiva. Según datos del Inegi, en México hay 44.9 millones de hombres de 15 años y más, de los cuales 21.2 millones son padres. De ellos, 4 millones 180 mil no viven con sus hijos ni participan en su crianza, lo que equivale al 9.3% del total de padres identificados. La ausencia paterna se sostiene en la precariedad laboral, mandatos culturales y un sistema institucional que no exige ni sanciona. Diego encontró en su abuelo materno la figura paterna que necesita, demostrando que la paternidad no siempre coincide con la biología.



