El pozo Krem-1 en Veracruz se convierte en un corredor de muerte
Los alrededores del pozo Krem-1, ubicado en Las Choapas, Veracruz, se han transformado en un paisaje desolador. En las parcelas cercanas, los cuerpos de vacas, borregos y animales de traspatio aparecen esparcidos en el suelo, completamente secos, como si hubieran sido deshidratados por días de exposición a calor extremo y sustancias químicas. El pasto alrededor de los cadáveres está quemado, los árboles sin follaje y la tierra muestra un tono grisáceo que los habitantes describen como "suelo muerto". La escena se repite en distintos puntos del ejido: animales colapsados, piel retraída, huesos expuestos y vegetación que no vuelve a brotar. Todo esto ocurre a unos metros de la llamarada del pozo, que continúa ardiendo desde el 5 de marzo y cuya columna de humo se observa desde varios kilómetros.
Impacto en la salud y el sustento de las comunidades
A los reportes de afectaciones a la salud de los habitantes de esta población y de más de 40 comunidades a la redonda, se suman los daños a sus tierras y su entorno, pero principalmente a sus bienes, que vieron perdidos con este incendio que elevó la temperatura local y secó todo alrededor. Los pobladores están conscientes de que están ante un daño que no se podrá reponer fácilmente. No será de un día para otro. Pero tampoco hay claridad porque la información no es clara y es más preocupante no conocer la magnitud. Ambientalistas y organizaciones defensoras de derechos humanos documentan la situación. Imágenes y videos recuperan los testimonios, porque esperan que la voz de los afectados se eleve, pero para los habitantes es desolador el panorama, ya que llevan cuatro meses en medio de exigencias y de promesas de apoyo que, como lo dijeron, no van a resarcir el daño que ya les hicieron.
Un daño ambiental sin freno
Los ejidatarios reportan que, desde el incendio, sobre los cultivos cae una sustancia que llaman "la sal", un polvo blanco que quema hojas, seca pastizales y deja marcas en la tierra. Las milpas se detuvieron en crecimiento, los frutales dejaron de producir y los animales de traspatio comenzaron a morir de manera repentina. Veterinarios locales señalan que la muerte simultánea de especies distintas —aves, porcinos, ovinos y bovinos— no corresponde a una enfermedad común, sino a exposición ambiental severa. La falta de peritajes oficiales mantiene la incertidumbre, pero los daños visibles apuntan a un impacto químico y térmico sostenido.
Testimonio de una granjera: pérdidas devastadoras
Entre los casos más graves está el de Reyna Torres Sánchez, una granjera del ejido Ignacio López Rayón, quien perdió casi todo su corral en menos de tres meses. Su voz resume el golpe económico y emocional: "Tenía como 40 pollos… y ahorita me quedan como 4 o 6, como 8 cuando mucho. Se murieron los pobres. Teníamos una marranita en un encierro; también apareció enferma y se murió. Los borregos igual murieron", narró. Dijo que todo empezó con la explosión del pozo, los calores intensos y todo comenzó a perderse; en pocas semanas sus animales, que eran lo que le daban sustento, murieron. "Quién sabe qué enfermedad les da… yo digo que es por las mismas afectaciones", se pregunta y se responde, porque era difícil contar con un veterinario cerca. La mujer señaló que los animales "amanecían muertos", sin señales previas de enfermedad, y que el olor del aire, la caída de polvo y el calor constante alrededor del pozo coinciden con el inicio de las pérdidas. Lo que también lamenta es que los cuerpos de agua alrededor se contaminaron; las aguas cristalinas ahora reflejan los colores iridiscentes que deja la contaminación del hidrocarburo y la nata de grasa. Lo que podían beber los animales se ensució.
El pozo sigue ardiendo sin control
El pozo Krem-1, operado por Pemex, lleva más de cuatro meses en combustión continua. La empresa no ha logrado controlar la llamarada, y mientras tanto se acumulan animales muertos en distintos ejidos, la vegetación muestra quema química, los habitantes presentan síntomas respiratorios persistentes, no hay atención médica cercana y no existen peritajes ambientales públicos que expliquen cuáles son las sustancias que habitan en el aire y que provocan los daños. La muerte del ganado no solo representa pérdida alimentaria: es la desaparición de capital, cría, venta, ahorro y patrimonio familiar. Para los granjeros y ganaderos de la región, cada animal muerto es un golpe directo a su sustento. La zona, dicen los habitantes, "se está quedando sin vida". La aridez de la tierra, los árboles secos, la contaminación de los ríos –otrora transparentes— habla de un daño ambiental grave que Pemex ha decidido minimizar, pero que en campo el panorama habla por sí solo. Salvador García, vecino de la comunidad Río Playas, resume con amargura: "lo único que quedará es que los chamacos se vayan a buscar trabajo en otro lugar, aquí ya no hay manera, sin agua y sin vida sana. Cuando era chico salía corriendo y me zambullía en el arroyo, ora ni eso…".



