De acuerdo con el análisis de Armando Zúñiga Salinas, la inflación anual en México se ubicó en 3.10% durante la primera quincena de julio de 2026, un nivel no observado desde finales de 2020. Al mismo tiempo, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) registró un crecimiento anual de 2.0% en mayo, y las estimaciones oportunas sitúan el avance del primer semestre alrededor del 1.2%. Estos resultados, aunque modestos, indican una dirección más favorable que la observada al inicio del año.
Inflación y actividad económica: señales de recuperación
La reducción de la inflación a 3.10% representa un alivio para las familias y empresas, ya que recupera capacidad de compra y facilita la planeación financiera. El crecimiento del IGAE en mayo de 2.0% anual, junto con el avance estimado del 1.2% en el primer semestre, sugiere un repunte gradual de la actividad económica. Según Zúñiga Salinas, estos datos son todavía modestos pero muestran una trayectoria más positiva que la registrada a principios de 2026.
Mejora en percepción de seguridad y reducción de delitos
En junio de 2026, el 59.8% de la población adulta consideró inseguro vivir en su ciudad, una mejora frente al 63.2% registrado un año antes, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU). Esta evolución coincide con una caída en la incidencia delictiva total del 1.2% durante el primer semestre de 2026 en comparación con el mismo periodo de 2025. Especialmente notable es la reducción del 30.1% en las víctimas de homicidio doloso reportadas en las fiscalías y procuradurías estatales.
Sin embargo, el balance conserva focos de atención: aumentaron el daño a la propiedad, la violencia familiar y el robo a transeúnte en espacios abiertos. La extorsión sigue afectando la operación de miles de empresas y familias, aunque las cifras de casos consumados muestran una reducción.
Impacto en corredores industriales y competitividad
La ENSU identificó reducciones estadísticamente significativas en áreas urbanas vinculadas con la actividad industrial, logística y de servicios. Entre las ciudades destacan Querétaro, San Nicolás de los Garza, la zona de La Laguna, Chihuahua, Nuevo Laredo y Lázaro Cárdenas, todas con niveles de percepción de inseguridad inferiores al promedio nacional. Según Zúñiga Salinas, cuando los avances en seguridad comienzan a percibirse en corredores industriales y centros logísticos, sus efectos pueden extenderse a la movilidad laboral, el comercio, el turismo y las decisiones de inversión.
La seguridad se ha convertido en un asunto de competitividad regional. En el marco de la negociación del T-MEC, México necesita presentar resultados verificables y promover una cooperación basada en inteligencia, investigación financiera, control aduanero y combate al tráfico de drogas, armas y personas.
Desafíos persistentes y agenda de políticas
Para consolidar la tendencia, México requiere una agenda completa de políticas procrecimiento y una visión de largo plazo. La seguridad debe avanzar junto con el Estado de Derecho, la certeza jurídica, la simplificación regulatoria, la infraestructura, una mayor apertura del sector energético a la inversión privada, el financiamiento productivo, los incentivos fiscales, la formalización, el desarrollo de proveedores y la formación de talento. Es necesario fortalecer la coordinación entre Federación, estados y municipios, mejorar la investigación de la extorsión, seguir sus flujos financieros y reducir la impunidad.
El papel de la seguridad en el crecimiento económico
La seguridad forma parte de la infraestructura económica del país. Cada delito evitado reduce pérdidas, interrupciones, cambios de rutas, ausentismo, primas de seguro, gastos de protección y tiempo destinado a atender una crisis. Para las grandes empresas, estos costos afectan sus planes de expansión; para las micro y pequeñas empresas, pueden comprometer su continuidad. Además, la seguridad protege la dignidad de las personas, su libertad para trabajar, emprender y transitar, y el patrimonio familiar.
Las empresas pueden contribuir mediante protocolos de intercambio de información, mapas de riesgo, centros de monitoreo, capacitación y tecnologías que mejoren la prevención. La seguridad privada aporta capacidades operativas que pueden integrarse a los esfuerzos públicos bajo reglas claras, profesionalización y supervisión adecuada.
Zúñiga Salinas concluye que México tiene la oportunidad de convertir estas señales favorables en un ciclo más duradero. Menor inflación, recuperación de la actividad y avances en seguridad pueden reforzarse entre sí. Si se acompañan de una agenda económica consistente y de una cooperación institucional efectiva, la seguridad puede convertirse en una ventaja competitiva para atraer inversión, fortalecer el empleo formal y elevar la productividad. La confianza se consolida cuando los resultados se mantienen en el tiempo y llegan a la vida cotidiana de las familias y las empresas.



