La FIFA emitió un comunicado oficial para aclarar la polémica generada por el primer gol de Jude Bellingham en el partido Noruega vs Inglaterra, correspondiente a los cuartos de final del Mundial 2026. Inglaterra venció 2-1 en tiempo extra, con un doblete del jugador del Real Madrid, clasificando a semifinales. Sin embargo, el gol al minuto 45+2 desató reclamos de Noruega al considerar que el balón había impactado contra el cable de la skycam durante un saque de meta.
El reclamo de Noruega y la regla FIFA
Noruega argumentó que, tras el saque de meta del portero Nyland, el balón golpeó el cable de la cámara aérea, lo que alteró su trayectoria y permitió a Anderson controlar el balón para asistir a Bellingham. Según las Reglas de Juego de la FIFA, si el balón toca un objeto externo, el juego debe detenerse y reiniciarse con un balón al suelo. De haberse confirmado el contacto, el gol habría sido invalidado.
La tecnología del balón conectado
La FIFA defendió la validez del gol basándose en los datos del sensor del balón conectado (Connected Ball). Según el organismo, el chip no registró ningún pico en el "latido del balón" mientras estaba en el aire, lo que indica que no hubo evidencia de contacto con el cable aéreo que alterara su movimiento. Esta tecnología mide variaciones en la trayectoria y vibraciones para detectar impactos.
"Ante la ausencia de datos del chip que confirmaran el roce, el VAR y los árbitros no tenían motivos para intervenir", señaló la FIFA en su comunicado. La decisión permitió que el gol de Bellingham se mantuviera, contribuyendo al avance de Inglaterra. A pesar de las imágenes de televisión que sugerían un posible contacto, la FIFA priorizó la evidencia tecnológica sobre las percepciones visuales, cerrando el debate oficial, aunque no las críticas de aficionados y analistas.
Polémica sobre el uso de la tecnología
La tecnología del balón conectado ha sido una de las grandes novedades del Mundial 2026, presentada como una solución avanzada para eliminar errores arbitrales y garantizar mayor justicia en las decisiones. El chip promete precisión en detecciones de fuera de juego, goles y ahora interferencias externas, representando un paso hacia un fútbol más objetivo y moderno.
Sin embargo, en lugar de resolver controversias, esta tecnología está generando más dudas sobre su fiabilidad y necesidad en el fútbol. Casos como el de Bellingham generan divisiones: mientras algunos confían en los datos del sensor, otros argumentan que las imágenes televisivas y el sentido común deberían prevalecer, cuestionando si herramientas tan complejas están realmente mejorando el juego o simplemente añadiendo nuevas capas de discusión.



