En 2026, la pregunta ya no es si una marca usa inteligencia artificial, sino qué tan humana logra seguir siendo cuando la relación con el consumidor transita a través de asistentes, algoritmos y búsquedas que "piensan" por nosotros. La tecnología se ha convertido en el idioma común; la diferencia radica en la confianza, la claridad y la sensibilidad con que cada marca construye su presencia.
El cambio de base en 2025
Lo que se observó en 2025 fue un cambio fundamental: la IA generativa dejó de ser una curiosidad y comenzó a funcionar como herramienta para comprender mejor a las personas, afinar decisiones y acelerar procesos. Ahora, con agentes de IA, recomendaciones automáticas y búsquedas generativas integrándose en la rutina diaria, el marketing se desplaza hacia un nuevo tablero donde la atención ya no es suficiente y la creatividad requiere método, no solo chispa.
Según Valeria Verdejo, CEO de Reeverb y autora bestseller del libro "Conexiones Maestras: la fórmula de las Relaciones Públicas", "las marcas que van a prosperar serán las que usen esas herramientas IA para potenciar lo que ya las distingue, sin perder coherencia, criterio y cercanía".
1. Viajes de resistencia: el descanso como meta
Antes, la escapada ideal era "no pensar". Hoy, para una gran parte de los viajeros, la fantasía ha cambiado: pensar menos llega después de moverse más. En 2026, el descanso se está reescribiendo con otra gramática: retos cortos, adrenalina medida, objetivos claros. No es turismo para desconectar; es turismo para volver a sentir control. No se trata de extremos hollywoodenses, sino de resistencia cotidiana convertida en viaje: caminatas largas, ascenso a montañas extremas, natación en agua fría, ciclismo de cientos de kilómetros o carreras en rutas extremas. El punto no es sufrir, sino lograr y compartirlo. Esto tiene una fuerte conexión con el marketing: cuando el mundo se siente inestable, la gente compra lo que le genera retos. Estos viajes ofrecen algo medible, concreto y emocional, prometiendo progreso personal en lugar de "desconexión".
2. Inclusión auténtica
La inclusión ha dejado de ser un "mensaje" para convertirse en una prueba tangible. Se nota en el casting, en el producto, en la accesibilidad, en el servicio al cliente y en quién está en la mesa donde se toman las decisiones. En 2026, el público castiga lo performativo y premia lo coherente. En un clima de polarización, las marcas con visión no se esconden: actúan conforme a sus valores, sin convertirlos en un simple eslogan.
3. Retail Media Networks
Los retailers ya no solo venden espacio físico o inventario: ahora venden audiencias, datos y formatos publicitarios propios, lo que está reorganizando los presupuestos de marketing. La oportunidad es enorme, pero exige colaboración real: creatividad pensada para el momento de compra, integración de datos de distintos puntos de contacto y medición honesta. En 2026, el punto de venta también es narrativa.
4. Creadores con lugar en el dashboard
La inversión en creadores de contenido aumenta, pero con ello también la exigencia: demostrar retorno, construir marca y sostener consistencia. El problema es que muchas colaboraciones siguen siendo piezas sueltas. Lo que funciona y dominará en 2026 son las plataformas a largo plazo: relaciones creativas que alinean valores, tono y objetivos, sin sacrificar la autenticidad del creador.
5. Microcomunidades
El alcance orgánico disminuye y el contenido genérico se diluye. La gente migra hacia espacios más pequeños donde realmente se siente parte de algo. Allí, la relevancia importa más que la popularidad. Para las marcas, esto no se resuelve con "entrar a comentar", sino aportando valor, sosteniendo presencia y construyendo confianza con paciencia. En 2026, la métrica que importa es la participación genuina, no el volumen.
Las marcas que prosperarán serán aquellas que utilicen las herramientas de IA para potenciar lo que ya las distingue, sin perder coherencia, criterio y cercanía. Como concluye Verdejo, estas tendencias, bien trabajadas, no se sienten como futurismo, sino como trabajo editorial: observar, ordenar y traducir lo complejo en algo aplicable.



