El resultado de las elecciones locales de Coahuila tiene varias lecturas. Por lo pronto, la más contundente es la victoria del PRI, con 51% de la votación, prueba de que el muerto todavía mueve la patita. El otro lado de la moneda es la advertencia, ciertamente severa, de que Morena ha sufrido un acentuado desgaste, tan notorio, que para algunos observadores pone en serio riesgo su triunfo en 2027.
Hechos inesperados
Hechos inesperados fueron la abrupta caída de Movimiento Ciudadano, cuya votación no llegó siquiera a dos por ciento, y el desastre del PAN, que tuvo 2.16% del sufragio, una derrota que debe alarmar a los albiazules, pues muestra la incompetencia de su actual dirección.
Morena se llevó menos de 23% de los votos, algo que choca con la prepotencia de ese partido y exhibe, en forma elocuente, que las tarjetas del Bienestar, al igual que la demagogia de AMLO, han perdido algo de la magia que proyectaban en su clientela.
Rémoas de Morena
Las rémoras de Morena tampoco mostraron avances, pues el porcentaje de 3.6 del PT esta vez no le sirvió a sus patrones. Peor le fue a la Verdulería, pues su presunción de que ya había aprendido a caminar solita se fue al caño con su triste 2.6% del voto, mientras que dos partidos locales, Nuevas Ideas y Unidad Democrática de Coahuila, con porcentajes de 5.88 y 4.07, casi doblaron al dueto PT-PVEM.
Hay quienes ven en los resultados una señal de que México avanza hacia el bipartidismo. Es dudoso, pues Coahuila es el bastión del priismo y nada más. Algunos comentaristas han presentado lo ocurrido como un éxito de Alito, líder priista, pero no hay tal: la eminencia gris en este proceso fue Rubén Moreira, hombre culto y político inteligente, conocedor de la entidad que gobernó y donde es respetado.
Factores del triunfo priista
Entre los factores que explican el triunfo del PRI debe contar la gestión del actual gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, y la irritación presente en varios sectores contra el desempeño nacional de Morena, pues el PIB crece menos que la población y 55% del personal ocupado está en la informalidad, sin seguro social, Infonavit, jubilación ni otras prestaciones.
La economía no crece ni crecerá si el Estado no es capaz de impulsarla en proporción suficiente, lo que no parece probable con la ínfima recaudación fiscal, la ausencia de inversión extranjera directa debido al desgarriate producido por la reforma judicial y otras leyes absurdas, a lo que debemos agregar la ya peligrosa deuda externa y la imparable delincuencia, estimulada por la protección a políticos metidos hasta el cuello con la criminalidad, de lo que son altísimos ejemplos Rubén Rocha Moya y el aviador o becario del Senado, Enrique Inzunza Cázarez. Se trata de ejemplos evidentes e indignantes.
Inquietud social
En tan triste situación, resulta más que explicable la inquietud que recorre el país, la rebeldía de sectores como el estudiantil o el magisterial, pues en el Politécnico permanece enquistada una casta de funcionarios inescrupulosos y en la Normal de Ayotzinapa siguen esperando que el gobierno informe dónde están sus compañeros secuestrados hace 12 años por la fuerza pública. Los maestros irritan a los capitalinos por los bloqueos, pero tienen décadas con problemas para los que ningún gobierno les da soluciones.
A lo anterior se agrega el drama terrible de las madres buscadoras, que, pese a la indiferencia que les manifiesta la más alta autoridad, siguen en lo suyo, actuando con una voluntad indeclinable para encontrar a esos “desaparecidos” o asesinados en torno a los cuales sólo se ofrecen promesas, lo que explica el hartazgo ante más de 90% de denuncias que no se investiga por autoridades que no colaboran y otras miserias de la burocracia.
Contexto nacional
En ese marco se inaugura hoy el Mundial, circo sin pan, cuando la Ciudad de México vive en un desastre agravado por las lluvias torrenciales de estos días, con pésimo transporte, embotellamientos que les cuestan horas a quienes se mueven en la urbe, obras públicas innecesarias, la ola más grande del mundo en una ciudad acogotada por los baches, las inundaciones, el cableado, los asquerosos camiones de basura y las fallas en el suministro eléctrico.
Coahuila ya habló. ¿Qué sigue?



