El fin del mundo común y la polarización en México
Fin del mundo común y polarización en México

Una anécdota que retrata el problema

Leía hace unos días El fin del mundo común, un libro que inicia con una anécdota que, a mi juicio, retrata con claridad uno de los grandes problemas de nuestro tiempo: la entonces consejera presidencial de Estados Unidos, Kellyanne Conway, intentó justificar la falsedad de quien fuera secretario de prensa de la Casa Blanca, cuando aseguró que la toma de posesión de Donald Trump en 2017 había reunido a la mayor audiencia que jamás hubiera presenciado una investidura presidencial.

La afirmación, por demás falsa, fue desmentida por un periodista con cifras, fotografías y evidencias contundentes. Sin embargo, lejos de reconocer el error, la consejera decidió responder que “no se trataba de una mentira, sino de hechos alternativos”. Este episodio sirve como punto de inicio para una reflexión filosófica profunda.

El deterioro de la realidad compartida

El libro asegura que no estamos viviendo el fin del mundo, sino el fin del mundo común: el deterioro de la realidad compartida, de objetivos colectivos y de una visión conjunta del futuro. Cada vez con mayor frecuencia habitamos burbujas distintas, no sólo de información, sino también de intereses, identidades, aspiraciones e incluso de la manera en que entendemos la cotidianidad.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

La convivencia sigue existiendo, pero cada vez compartimos menos. Vivimos en aislamiento, encerrados en una lógica y razonamiento individualista. Sin embargo, las grandes crisis de nuestros tiempos: la inseguridad, la desigualdad, la violencia, no pueden resolverse desde lo particular, sino que exigen acciones y respuestas colectivas, de diálogo y de renovación de la comunidad.

Polarización en México

Me resultó imposible leer esas páginas sin pensar en México. Nuestro país vive inmerso en una profunda polarización que ha derivado en la erosión de la confianza entre ciudadanos y que ha convertido la diferencia de ideas en encono y confrontación. Poco a poco hemos normalizado el odio, el rencor, la incapacidad de escuchar a quien piensa distinto. El resultado es una sociedad cada vez más indiferente, más apática y más pesimista respecto de su futuro.

Así como en Estados Unidos se popularizó la idea de los “hechos alternativos”, en México también convivimos con narrativas enfrentadas, con los “otros datos” y con visiones que resultan difícil de reconciliar acerca de la realidad nacional. Mientras unos creen que todo marcha bien, hay quienes lo dan todo por perdido. En ambos extremos, pareciera nacer una sensación muy peligrosa: que nada es posible para cambiar las cosas.

La necesidad de reconstruir lo común

No estamos perdiendo nuestro país, estamos perdiendo la capacidad de salvarlo juntos. Porque la libertad sin comunidad termina convirtiéndose en aislamiento. Lo común no surge por generación espontánea; se construye día con día con diálogo, participación ciudadana, confianza y responsabilidad compartida.

Gobernar ya no consiste solamente en administrar, implica reconstruir la confianza, lograr que los ciudadanos vuelvan a creer en las instituciones, en sus representantes y, sobre todo, en ellos mismos.

Si algo deja este libro es que el desafío de nuestra época no consiste únicamente en defender la verdad frente a la mentira, sino en recuperar los espacios compartidos donde, aun desde las diferencias, podamos reconocer los hechos y construir un proyecto común.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar