México y su deuda histórica con el oro olímpico de Daniel Bautista
México y el oro olímpico de Daniel Bautista

México se encuentra muy lejos de ser considerado una potencia deportiva a nivel mundial. Este es un punto crucial que debe subrayarse en medio de la euforia nacional que ha generado el segundo triunfo de la Selección Mexicana en el Mundial de la FIFA 2026. Con un enfoque realista, no se puede esperar demasiado de nuestro equipo, que difícilmente figurará entre los mejores al final del torneo. Sin embargo, esa es una historia amarga que está por escribirse, una película de decepción que hemos presenciado en numerosas ocasiones y cuyo desenlace ya podemos anticipar.

El escaso historial de oros olímpicos de México

¿Cuántas medallas de oro, que son las de mayor relevancia, ha conseguido México en la historia de los Juegos Olímpicos? La respuesta es contundente: apenas 13. Esta cifra representa menos del 0.1% en comparación con el país líder, Estados Unidos, que acumula más de mil oros. Asimismo, estamos a años luz de los éxitos deportivos de la extinta Unión Soviética, que obtuvo más de 400 oros en solo nueve participaciones. Tampoco nos acercamos mínimamente a potencias como China y Gran Bretaña, con más de 300 oros; Francia, Italia y Alemania, con más de 200; Australia y Hungría, con más de 180; Japón, con más de 150; Cuba, con más de 80, y España, con más de 50.

Las disciplinas que han dado oros a México

La disciplina que más preseas doradas ha aportado a México es la marcha. A continuación, se presenta la lista completa de nuestros triunfos olímpicos:

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  • Marcha: 3 oros (Daniel Bautista, Ernesto Canto y Raúl González).
  • Equitación: 2 oros (Humberto Mariles en salto individual; Humberto Mariles, Rubén Uriza y Alberto Valdés en salto por equipos).
  • Boxeo: 2 oros (Ricardo Delgado y Antonio Roldán).
  • Taekwondo: 2 oros (Guillermo Pérez y María del Rosario Espinoza).
  • Clavados: 1 oro (Joaquín Capilla).
  • Natación: 1 oro (Felipe Muñoz).
  • Halterofilia: 1 oro (Soraya Jiménez).
  • Fútbol: 1 oro (Porteros: José de Jesús Corona y Antonio Rodríguez. Defensas: Israel Jiménez, Carlos Salcido, Hiram Mier, Diego Reyes, Néstor Araujo, Darvin Chávez, Miguel Ponce y Néstor Vidrio. Mediocampistas: Héctor Herrera, Jorge Enríquez, Javier Aquino, Marco Fabián y Javier Cortés. Delanteros: Giovani dos Santos, Oribe Peralta y Raúl Jiménez).

Es importante señalar que la medalla de oro en fútbol no puede considerarse de primer nivel. No lo afirmo con intención de menospreciar a nadie, pero es de elemental justicia precisar que en el balompié de los Juegos Olímpicos no compiten las mejores selecciones del mundo. Esto se debe a que la FIFA, para no restarle relevancia al Mundial ni a competiciones de clubes como la Champions League, limita la participación de futbolistas de élite en las olimpiadas; se permite básicamente la categoría sub-23 con el apoyo de dos o tres refuerzos de mayor edad.

El caso de Daniel Bautista y la injusticia en Moscú 1980

México tendría 14 medallas de oro si no hubiera existido la descalificación de Daniel Bautista en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. De haberse hecho justicia deportiva, Bautista sería el segundo mexicano con dos oros, siendo el único con tan relevante doblete el militar Humberto Mariles, en equitación. A partir de este hecho, puede plantearse, más como un ejercicio de memoria histórica que como una exigencia jurídica en sentido estricto, si ciertos episodios del pasado olímpico merecen ser revisados a la luz de los estándares actuales de justicia deportiva.

Considero que México podría intentar la recuperación de la medalla de oro de Daniel Bautista, aunque sea solo en el terreno de la justicia histórica. Desde luego, tendría que hacerse por conductos diplomáticos, una tarea que podría recaer en el canciller Roberto Velasco y en el titular de la CONADE, Romel Pacheco, quien fue deportista de alto rendimiento. Para recuperar el oro robado a Bautista se necesitaría la firme decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum y, por supuesto, una alta dosis de creatividad jurídica, además de un gran trabajo mediático en Estados Unidos y Europa.

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El argumento para una demanda tan poco común tendría que basarse en las propias reglas del olimpismo y en los derechos fundamentales de las personas. Quizá habría que empezar por exigir al actual presidente ruso, Vladimir Putin, abrir los archivos de la KGB, que él conoce tan bien, para analizar si la policía secreta de la Unión Soviética participó activamente en la descalificación del marchista mexicano. En 1980, el año de las olimpiadas de Moscú, el joven Putin trabajaba en la KGB de Leningrado (hoy San Petersburgo), dependencia que, entre otras funciones, vigilaba a los extranjeros, turistas y diplomáticos que visitaban su ciudad natal. No estaba en la capital soviética, pero algo habrá escuchado.

Algo tendrían que responder el olimpismo y el propio mandatario ruso si se demostrara que a Daniel Bautista lo descalificaron a la mala, además debajo de un puente, en un punto ciego para las cámaras de televisión, a escondidas, tal como se cometen los peores delitos. Es un hecho que muchas decisiones del arbitraje deportivo de esa época quedaron envueltas en la opacidad con la que operaba el aparato de inteligencia soviético.

Entiendo que el Comité Olímpico Internacional es una entidad privada con enorme relevancia global, otra mafia tan poderosa como la de la FIFA, pero puede y debe ser auditado por la opinión pública internacional.

¿Sería ridículo que México exigiera que se le diera aquella medalla de oro que Bautista claramente ganó en la competencia? Quizá, pero valdría la pena intentarlo porque no es nada despreciable un crecimiento de casi el 8% en nuestra histórica tabla de oros olímpicos.

La diplomacia deportiva como herramienta

Sin duda es correcto exigir disculpas al reino de España por las atrocidades durante la Conquista. De hecho, la petición realizada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y refrendada por la presidenta Claudia Sheinbaum, que en principio fue mal recibida tanto por la administración como por la corona españolas, con el tiempo abrió un debate histórico que incluso ha llevado a reconocimientos parciales, pero reconocimientos al fin, de los excesos del pasado de parte del rey Felipe VI.

El deporte internacional no opera con la misma lógica que los diferendos entre Estados, pero la diplomacia deportiva debería servir aquí para juzgar no al olimpismo en sí, sino a la Guerra Fría, que utilizó las disciplinas atléticas como herramientas geopolíticas.

Si no recuerdo mal, no fue un soviético, sino un italiano, Maurizio Damilano, el que se quedó con la medalla de oro en aquella prueba de marcha que habría ganado Daniel Bautista de no haber sido descalificado a la mala. El italiano no tuvo la culpa de lo que pudo ocurrir en el contexto de la competencia bajo las posibles presiones de la KGB hacia los jueces de la caminata. Por lo tanto, nadie debería quitarle su medalla. La solución justa sería, simplemente, otorgarle otra presea idéntica al mexicano Bautista. No sería la primera vez que, por errores graves o situaciones directamente atribuibles a los jueces, se entregaran dos medallas de oro en una misma prueba.

En fin, es una idea que puede parecer descabellada si se toma literalmente, pero se trata de un asunto de justicia histórica a favor de un deportista mexicano. Al menos serviría para poner sobre la mesa algo más serio: la fragilidad de ciertos resultados deportivos en contextos políticos tensos, y adicionalmente llevar al debate global una trampa que sufrimos y que nos privó de un bien tan escaso en nuestra nación como lo son los oros olímpicos.