Más allá del Mundial trinacional, que ha demostrado, contra todo pronóstico, ser muy exitoso con 48 participantes y en tres países simultáneamente, ver a México desde lejos permite comprobar que nuestra trascendencia en el fútbol y en la política es limitada. La visión que existe sobre el país se ha consolidado en torno a México como un destino amigable para visitar, pero también como un país asolado por la violencia.
Declaraciones de Trump en el G7
Fuera del Mundial, lo más destacado han sido las declaraciones del presidente Trump en la reunión del G7, cuando insistió en que México es un país dominado por el crimen organizado, con un gobierno que tiene miedo, y dejó entrever acciones terrestres contra los grupos que denomina narcoterroristas.
Vance y las medidas militares
Unos días después, el vicepresidente J. D. Vance dijo en una entrevista televisiva que su país se reserva el derecho de tomar “medidas militares” si las autoridades mexicanas no logran frenar el poder de los cárteles y detener el tráfico de fentanilo.
Designación de Jay Clayton
Casi al mismo tiempo, se designó como director general de inteligencia a Jay Clayton, quien era fiscal del distrito sur de Nueva York, la “oficina” donde se investigan los principales nexos políticos con el crimen organizado en México, incluyendo las órdenes de detención de los diez de Sinaloa. Su promoción a uno de los principales centros de poder de Estados Unidos demuestra el peso de esa oficina y cómo el foco estará puesto en México.
Estrategias de inteligencia y control de drogas
La Estrategia Nacional de Inteligencia y la Estrategia de Control de Drogas de Estados Unidos consideran a México como su principal prioridad de seguridad en el hemisferio occidental. Sus ejes principales establecen que los cárteles mexicanos son clasificados como organizaciones terroristas extranjeras; el fentanilo y sus precursores químicos son considerados “armas de destrucción masiva”, lo que eleva el combate al narcotráfico a una cuestión de máxima prioridad operativa.
Eso exige una ofensiva coordinada que incluye intercambio masivo de datos, operaciones conjuntas e incluso el despliegue de agencias para frenar el tráfico ilícito y los flujos financieros hacia y desde México. Propone también una estrecha interconexión de plataformas de inteligencia binacionales para hacer frente a amenazas tecnológicas, como el uso de drones, y un estricto control de la frontera sur de Estados Unidos.
T-MEC y tensiones comerciales
Unos días antes de la designación de Clayton, Trump había dicho que prefería no renovar el T-MEC porque no le convenía económicamente a su país. Luego matizó en el G7, pero no demasiado. La negociación del T-MEC no estará resuelta para el 1 de julio como se pretendía y tendrá que continuar varios meses más. A las diferencias comerciales y económicas, incluyendo energía, comunicaciones y cambios en México desde el judicial hasta organismos autónomos, se suman los temas de seguridad y desmantelamiento de redes políticas de protección al crimen organizado.
Respiro mundialista y soledad geopolítica
El país ha tenido un pequeño respiro en estos días de inicio del Mundial. Pero nada ha cambiado: las estrategias de Estados Unidos hacia la región se mantienen con firmeza. El éxito de esa estrategia hemisférica se comprueba con las 176 reformas anunciadas por el gobierno cubano, consideradas extemporáneas, y sobre todo con el triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia, que modifica el escenario geopolítico del hemisferio.
Si esa tendencia se confirma en Brasil en los comicios de octubre, el gobierno de México se quedará prácticamente solo. Su otro aliado, Pedro Sánchez en España, está a punto de caer acosado por denuncias de corrupción. El Mundial ha dado un respiro, pero seguimos en la mira de Trump.



