El próximo 4 de abril, la consejera Dania Ravel concluirá su gestión de nueve años en el Instituto Nacional Electoral (INE). Durante este periodo, la funcionaria logró superar el llamado “síndrome del impostor” y consolidó su voz en el Consejo General, defendiendo posturas que en ocasiones fueron consideradas políticamente incorrectas.
Ravel identificó dos momentos clave en la evolución del INE. El primero fue la salida de la anterior presidencia, que provocó la pérdida de personal técnico especializado, situación que aún no se ha recuperado. Actualmente, la prevalencia de “encargados de despacho” y la centralización del poder en la presidencia del INE han debilitado las áreas técnicas.
Además, los recortes presupuestales han afectado derechos ciudadanos, como la instalación de menos casillas, la cancelación de pruebas piloto de urna electrónica y la falta de materiales en Braille para personas con discapacidad.
Sin embargo, Ravel destacó como su mayor orgullo haber impulsado la agenda de género. Su persistencia fue clave para que el INE adoptara reglas de paridad en las gubernaturas, una batalla que inicialmente enfrentó el rechazo de sus colegas varones, pero que triunfó con el cambio de integración del Consejo. “Hoy por hoy... no hubiéramos tenido las gobernadoras que tenemos si hubiéramos tenido una integración distinta”, afirmó.



