El papa León XIV realizó este domingo un fuerte llamamiento para que cesen las armas, se llegue a un alto el fuego y se refuerce el diálogo para conseguir la paz en Ucrania, tras el rezo del ángelus en la plaza de San Pedro. "Cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible. Cada guerra es realmente una herida infligida a toda la familia humana, que deja tras de sí muerte, devastación y un rastro de dolor que marca a generaciones. La paz no puede posponerse", dijo el papa recordando que en los próximos días se cumplirán los cuatro años de la guerra en Ucrania tras la invasión rusa.
León XIV agregó: "Es una necesidad urgente que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables". Por ello, añadió: "Renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz". Asimismo invitó a todos "a unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra y de todos los conflictos del mundo, para que brille en nuestros días el tan esperado don de la paz".
El papa ha reiterado en varias oportunidades durante los últimos meses su postura de rechazo hacia la violencia relacionada con el conflicto en Europa del Este, abogando por soluciones pacíficas que eviten el empeoramiento de la crisis humanitaria. León XIV remarcó la urgencia de acciones que puedan detener la escalada de hostilidades y reduzcan las consecuencias negativas sobre la población civil, señalando la responsabilidad de la comunidad internacional en la promoción de iniciativas de diálogo. Según el líder de la Iglesia Católica, la prolongación de los ataques agudiza la división entre las partes involucradas e incrementa las dificultades para establecer puentes de entendimiento que conduzcan a una solución política del conflicto.
A casi cuatro años desde el inicio de la invasión rusa, el pontífice remarcó la importancia de que los esfuerzos diplomáticos no decaigan y se busquen nuevos caminos para frenar la violencia y aliviar el sufrimiento de los inocentes. Las palabras de León XIV resonaron en un contexto marcado por la prolongación de la guerra y la fragmentación de miles de familias ucranianas. Según EFE, la ocupación rusa abarca aproximadamente el 20 % del territorio de Ucrania y mantiene separadas a personas que enfrentan riesgos diarios para mantener un mínimo contacto.
Anna, médica ucraniana refugiada en Leópolis, relató a EFE que lleva más de cuatro años sin ver a sus padres, quienes permanecieron en una zona ocupada del sur. "Tengo miedo de no reconocerlos cuando finalmente nos veamos", declaró. "También tengo miedo de no ser capaz de presentarles nunca a mis hijos". Anna subraya que el miedo impregna cada llamada con sus padres, puesto que deben comunicarse solo en ruso y evitar temas sensibles para no ponerlos en peligro. El entorno hostil limita las conversaciones a cuestiones superficiales, como la salud o el clima, mientras el temor al control de las comunicaciones por parte de los servicios especiales rusos aumenta la ansiedad familiar.
La posibilidad de evacuar a sus padres es remota. "Es solo una cuestión de cuántos controles de carretera rusos puede pasar mi padre antes de que le detengan", explicó Anna, haciendo referencia a las denuncias sobre hombres detenidos en puestos de control o forzados a realizar tareas militares. La familia aún conserva su casa, pero huir podría costarles la propiedad y, además, las dificultades económicas complicarían su acogida en Leópolis. Incluso si se logra un alto el fuego, Anna teme que su trabajo en zonas controladas por el gobierno ucraniano la haya convertido en sospechosa ante las autoridades rusas. "Rusia no respeta las leyes. Quizá vuelva a ver mi hogar algún día", expresó.



