Mundial México 70: El arte escultórico que inmortalizó la fiesta futbolística
Arte y escultura en el Mundial México 70: un legado perenne

Mundial México 70: El arte escultórico que inmortalizó la fiesta futbolística

El ambiente de júbilo y celebración familiar que despertó el IX Campeonato Mundial de Fútbol, celebrado en México entre el 31 de mayo y el 21 de junio de 1970, creó el escenario perfecto para que la población mexicana se identificara profundamente con dos obras de arte monumental. Estas piezas trascendieron su valor estético para convertirse en símbolos culturales y sociales de una época dorada del deporte en el país.

El legado de Calder en el Estadio Azteca

La imponente escultura Sol rojo, creada por el reconocido artista estadounidense Alexander Calder, se erige majestuosa en la explanada del emblemático Estadio Azteca, en la Ciudad de México. Con sus 25.8 metros de altura y fabricada en acero, esta obra fue inaugurada originalmente el 5 de septiembre de 1968 como parte integral de la Ruta de la Amistad, un proyecto artístico desarrollado para los Juegos Olímpicos celebrados ese mismo año en territorio mexicano.

Sin embargo, fue durante el desarrollo del Mundial de Fútbol de 1970 cuando Sol rojo adquirió un valor simbólico extraordinario, transformándose en la escultura más icónica asociada al recinto deportivo y al evento futbolístico global. Su presencia rojiza y dinámica se convirtió en un punto de encuentro para aficionados y en un referente visual permanente del campeonato.

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El homenaje tapatío al rey del fútbol

En Guadalajara, Jalisco, la euforia mundialista se vivió con particular intensidad debido al enfrentamiento entre las selecciones de México y Brasil en el Estadio Jalisco. Este histórico partido motivó la creación de la Plaza Brasil, ubicada estratégicamente en la Calzada Independencia, justo frente al estadio.

Meses después de aquel legendario encuentro, específicamente el 3 de noviembre de 1970, se llevó a cabo una ceremonia que quedaría grabada en la memoria colectiva. El famosísimo futbolista brasileño Edson Arantes do Nascimento, mundialmente conocido como Pelé, inauguró personalmente junto con autoridades municipales y estatales el Monumento al fútbol, también llamado Los futbolistas.

Esta magnífica pieza de bronce, con una altura de 7.5 metros, fue creada por el talentoso escultor tapatío Miguel Miramontes. La obra representa de manera vibrante a tres futbolistas en plena disputa por un balón, capturando la esencia dinámica y competitiva del deporte rey.

Una ceremonia histórica documentada por la prensa

El periódico Exclésior dedicó su portada del 4 de noviembre de 1970 a cubrir este significativo evento. Bajo el titular O Rei Recibió el Homenaje de Guadalajara, el enviado especial Fausto Fernández ofreció una crónica detallada de los acontecimientos:

"Con música de mariachis, asedio de aficionados y sonrisas y abrazos de funcionarios públicos, el alegre futbolista brasileño Pelé –convertido en embajador en esta ocasión– llegó hoy (3 de noviembre) inauguró una plaza que lleva el nombre de Brasil, visitó un gimnasio, repartió autógrafos y recibió el homenaje del ayuntamiento local, que lo declaró 'hijo predilecto' de la ciudad".

Ante aproximadamente mil personas congregadas en la plaza, el astro brasileño pronunció palabras que resonarían por décadas: declaró que el Monumento al fútbol "será otro símbolo perenne de la gran amistad que nos une", refiriéndose a los lazos entre México y Brasil.

En la página 12-A de esa misma edición, se publicó una fotografía que mostraba a Pelé rodeado de mariachis, "sonriente mientras escucha Guadalajara, que le estaban dedicando a su llegada al aeropuerto de la capital de Jalisco". El medio, autodenominado El Periódico de la Vida Nacional, documentó minuciosamente la cálida ceremonia donde el jugador estrella soltó palomas como gesto simbólico, posó para fotografías y firmó numerosos autógrafos para sus admiradores.

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Un legado que perdura en la memoria colectiva

A lo largo de más de cinco décadas, cientos de tapatíos aún recuerdan con genuina emoción los momentos especiales que han vivido junto al Monumento al fútbol, según testimonios publicados en diversos diarios locales. Esta obra se ha integrado completamente al paisaje urbano y a la identidad cultural de Guadalajara.

La fiesta futbolística del Mundial de 1970 se sintió en todo el territorio nacional, con celebraciones que incluían iluminaciones especiales en centros urbanos mostrando a Juanito '70, la mascota oficial del campeonato. Pero más allá de la efímera alegría del evento, fueron estas dos esculturas –Sol rojo en la Ciudad de México y el Monumento al fútbol en Guadalajara– las que cristalizaron artísticamente el poder social del deporte, creando un legado tangible que continúa inspirando a nuevas generaciones de mexicanos.