La Berlinale como campo de batalla cultural: tres visiones del arte en la sociedad
El Festival Internacional de Cine de Berlín, conocido como la Berlinale, se erigió como un vibrante escenario de debate cultural, donde las posturas de Ethan Hawke, Juliette Binoche y Nahuel Pérez Biscayart delinearon tres perspectivas fundamentales sobre el papel del artista en el mundo contemporáneo. Este evento, celebrado ayer, no solo exhibió películas, sino que se transformó en un foro de interrogación ética y política, reflejando las tensiones urgentes de nuestra época.
Ethan Hawke: defensa de la libertad de expresión y el cine como imaginación colectiva
El actor estadounidense Ethan Hawke protagonizó uno de los momentos más destacados del festival al defender con firmeza la libertad de expresión de los creadores. Durante la presentación de su película The Weight, exhibida fuera de competición, Hawke reaccionó ante la controversia generada por la supuesta falta de posicionamientos del certamen respecto a conflictos globales, como la guerra en Gaza. Aunque evitó comentar casos específicos, como una carta firmada por cineastas de renombre, subrayó el derecho universal a disentir y se declaró totalmente a favor de cualquier acción que combata el fascismo.
Para Hawke, los artistas no son figuras decisivas en la construcción de la paz mundial, pero sí ciudadanos con una responsabilidad pública ineludible. Enfatizó que el cine posee una dimensión transformadora, permitiendo imaginar colectivamente un mundo mejor y contribuyendo a la formación ética de las nuevas generaciones. The Weight, ambientada en Oregón en 1933 y dirigida por Padraic McKinley, narra la historia de un viudo que participa en un traslado ilegal de oro, interpretado por Russell Crowe, y sirve como metáfora de convivencia en un contexto global. Hawke destacó las exigencias físicas del rodaje en Alemania, con tormentas y frío extremo, como uno de los mayores atractivos de su carrera, marcada por géneros diversos como Training Day y Boyhood.
Juliette Binoche: intimidad y ética del cuidado en Queen At Sea
En contraste con el debate político, la actriz francesa Juliette Binoche presentó una propuesta centrada en la intimidad humana con la película Queen At Sea, dirigida por Lance Hammer. La cinta explora el impacto del Alzheimer y otras demencias en el entorno familiar, a través de la historia de una mujer que intenta garantizar la seguridad de su madre enferma, interpretada por Anna Calder-Marshall, quien vive en una vivienda londinense inadecuada para su condición.
El filme profundiza en los dilemas éticos que surgen al decidir quién debe asumir la responsabilidad del cuidado y cuándo intervenir, subrayando que la demencia transforma tanto al paciente como a sus seres queridos. La tensión narrativa se intensifica cuando la hija cuestiona la capacidad de su madre para consentir una relación íntima con su esposo, papel interpretado por Tom Courtenay, lo que revela múltiples perspectivas sobre autonomía y amor. Además, introduce un contrapunto generacional con el despertar amoroso de la nieta, interpretada por Florence Hunt, conocida por la serie Bridgerton. Con una fotografía delicada del brasileño Adolpho Veloso, la obra adopta un enfoque humanista, utilizando el título para aludir a la expresión británica at sea, asociada a la pérdida cognitiva.
Nahuel Pérez Biscayart: denuncia de censura y riesgos para la libertad de expresión
El clima político del festival se intensificó con las críticas del actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, quien acusó a la Berlinale de censura y negacionismo respecto al conflicto palestino. Según sostuvo, existirían directrices que limitan las expresiones políticas en actos públicos, cuestionando el compromiso del evento con la libertad de prensa. Pérez Biscayart denunció un silencio cómplice del jurado internacional, presidido por el cineasta alemán Wim Wenders, y advirtió sobre los riesgos de la erosión progresiva de la libertad de expresión, comparándola con procesos históricos que condujeron a graves violaciones de derechos humanos.
El actor participa en Narciso, segundo largometraje del realizador paraguayo Marcelo Martinessi, basado en la novela de Guido Rodríguez Alcalá. La obra revisita el asesinato del locutor Bernardo Aranda en el Paraguay de finales de los años cincuenta, bajo un régimen militar, presentando a un personaje ambiguo que introduce elementos de modernidad como el rock and roll mientras representa intereses geopolíticos externos. Para Pérez Biscayart, el filme dialoga con problemáticas contemporáneas, desde el intervencionismo internacional hasta las dictaduras militares en América Latina, funcionando como una advertencia sobre los mecanismos graduales de degradación democrática.
Conclusión: el cine como espacio de interrogación y reflexión colectiva
Las tres propuestas presentadas en la Berlinale revelan un denominador común: el cine como espacio de interrogación ética y política. Desde la defensa de la expresión pública hasta la exploración de la enfermedad y la denuncia de la censura, las obras reflejan preocupaciones urgentes de la sociedad contemporánea. En Berlín, el cine no solo entretiene o emociona, sino que también cuestiona, incomoda y propone, reafirmando el papel del festival como escenario donde el arte dialoga con los conflictos de su tiempo y la pantalla se convierte en territorio de disputa cultural y reflexión colectiva.