El escritor mexicano David Toscana ha creado una obra literaria única: El ejército ciego, novela que escribió literalmente a ciegas. En ella, inventó los testimonios de 15 mil soldados búlgaros que perdieron la vista en una batalla del año 1014, sin haberlos conocido ni presenciado el hecho histórico, del cual apenas existe un códice bizantino del siglo XII. Para Toscana, la literatura no se limita a lo visual: es una experiencia que involucra todos los sentidos.
La literatura como percepción sensorial
“Aunque estamos acostumbrados a leer, la literatura no es algo del ojo. La literatura es algo que se escucha, incluso siento que algunas palabras pueden tocarse”, afirma el ganador del premio Alfaguara 2026 en entrevista con EFE. Toscana, originario de Monterrey (1961), fue ingeniero antes de dedicarse a las letras, y su formación lo llevó a investigar meticulosamente durante 16 años antes de escribir la novela.
El proceso creativo: anécdotas y experimentación
Durante ese largo proceso, Toscana reunió un centenar de anécdotas. Observó a cientos de personas ciegas en las calles de Madrid y consultó a la inteligencia artificial: “¿Cómo sería la mejor novela que pudiera leer un ciego?”. La IA no supo responderle. “Yo pensaba que esa novela tendría pocos elementos visuales, más emoción e ideas, sin muchas descripciones; la realidad es que no supo contestarme”, bromea con desenfado, como si no fuera el quinto mexicano en ganar el Alfaguara.
La angustia del olvido histórico
Antes de recurrir a la IA, Toscana releyó tragedias griegas como Edipo, la Biblia con Sansón, y a Borges, quien experimentó una ceguera paulatina. Quería meterse en la piel de soldados sin ojos, “locos y angustiados”, no por la ceguera, sino por el olvido de su historia. El episodio histórico, que apenas se menciona en las escuelas búlgaras, ocurrió en el año 1014, cuando el emperador bizantino Basilio II, tras vencer en la batalla de Klyuch, ordenó sacar los ojos a 15.000 soldados, dejando tuerto a uno de cada cien para guiar al resto hasta la capital búlgara.
“Me sorprendió que los búlgaros no hubieran contado este episodio tan íntegro de su historia, así que me dediqué a imaginarlo y a crear personajes angustiados por la posibilidad de ser olvidados si su historia no se cuenta”, profundiza el autor.
Locura quijotesca y libertad creativa
En esta novela “breve, sin descripciones y habitada de ciegos”, Toscana arrebata la tragedia de la ceguera y dota a personajes como Kosaro, el escriba que ya no escribe, o Zósimo, el maestro sacaojos, de un humor atravesado por la locura inspirada en Don Quijote de la Mancha, libro que marcó su infancia. “Tener siempre este toque de mayor o menor locura vuelve libre al lector, al personaje y a la prosa. La prosa no está sujeta a los límites de la razón y la coherencia”, explica el exingeniero, quien abandonó la lógica de los números para “jugar con la intuición de las letras”.
Un libro vivo con sus lectores
En una época donde “la guerra parece no detenerse”, Toscana desea contagiar esa libertad: “Cuando escribo un libro quiero que sea subrayado; un libro está muerto sin sus lectores”. Celebra que El ejército ciego será traducido para llegar a lectores búlgaros.
Tras haber encarnado la ceguera de 15.000 soldados, Toscana sostiene que, ante el fin del mundo y el peor de los horrores, preferiría “mantener los ojos abiertos y decidir cuándo cerrarlos”. “La reacción natural del ser humano es cerrar los ojos; aun así, yo quiero ver”, concluye.



