La FILGAM concluye con un potente mensaje: la cultura es un derecho fundamental del pueblo
Con un cierre profundamente simbólico y cargado de significado social, la Feria Internacional de las Letras de Gustavo A. Madero (FILGAM) bajó definitivamente el telón tras diez intensos días de actividades. El mensaje central quedó claro y resonante: la cultura no debe ser un privilegio reservado para unos pocos, sino un derecho fundamental accesible para toda la población.
Un encuentro masivo con la cultura
Durante más de una semana, la explanada de la alcaldía Gustavo A. Madero se transformó en un vibrante epicentro cultural que congregó a más de 30 mil personas ávidas de reencontrarse con los libros, la música y el pensamiento crítico. Este espacio se consolidó firmemente como una plataforma de resistencia cultural y democratización del conocimiento, demostrando que cuando se eliminan las barreras económicas, la ciudadanía responde con entusiasmo.
Presencias emblemáticas en la clausura
La ceremonia de clausura estuvo encabezada por el alcalde Janecarlo Lozano, quien compartió el escenario con la activista indígena y Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú Tum. En su intervención, Lozano reconoció la extraordinaria trayectoria de Menchú como referente internacional de las luchas sociales y la construcción de paz, destacando especialmente su capacidad para transformar experiencias dolorosas en dignidad y fortaleza.
"Rigoberta es una de las mujeres que rompieron este techo de cristal, que hoy nos permitió tener a la primera mujer presidenta de México, Claudia Sheinbaum", expresó el edil con visible emoción. Como gesto de reconocimiento y aprecio, Lozano obsequió a la Nobel una escultura de patos, símbolo tradicional de unión familiar y comunidad.
La cultura como acto político
Por su parte, Rigoberta Menchú destacó el carácter completamente gratuito de todas las actividades de la FILGAM, calificándolo como un acto profundamente político. La activista señaló que el acceso libre al conocimiento rompe definitivamente con las lógicas excluyentes que históricamente han convertido a la cultura en un bien de élite, reservado para quienes pueden pagar por él.
Para la Nobel guatemalteca, espacios como la FILGAM permiten que el pensamiento crítico florezca como una forma de libertad auténtica, capaz de transformar tanto al individuo como a la sociedad en su conjunto. "Cuando el conocimiento circula libremente, se convierte en una herramienta poderosa de emancipación", subrayó Menchú durante su intervención.
Reconocimiento al impulso institucional
El cierre de la feria también sirvió para reconocer el compromiso institucional con la cultura. Janecarlo Lozano recibió la Medalla FILCO 2026, otorgada por el Consejo Cultura Continúa en Movimiento, en un gesto que subraya la importancia crucial de las políticas públicas orientadas específicamente a garantizar el acceso cultural para todos los sectores de la población.
Cifras que hablan de éxito
La edición de este año de la FILGAM presentó números impresionantes:
- Más de 120 sellos editoriales participantes
- 50 talleres completamente gratuitos en diversas disciplinas
- La participación activa de 10 mil estudiantes de todos los niveles educativos
- 30 actividades culturales programadas a lo largo de los diez días
Estas cifras confirman que la feria se consolidó como un espacio formativo de excelencia y como punto de encuentro fructífero entre diferentes disciplinas artísticas e intelectuales.
Momentos memorables y cruces creativos
La programación incluyó momentos particularmente memorables, como el fascinante cruce entre literatura y música que contó con la participación de destacados artistas:
- Joselo, integrante de la legendaria banda Café Tacvba
- Daniel Gutiérrez, de La Gusana Ciega
- Javier Ramírez "El Cha", miembro fundador de Fobia
Estas colaboraciones demostraron cómo los límites entre diferentes expresiones artísticas pueden difuminarse para crear experiencias culturales enriquecedoras y novedosas.
Un legado que perdura
La FILGAM cerró su exitosa edición con una premisa que resuena con especial fuerza en estos tiempos de transformación social: la cultura, cuando es verdaderamente accesible y se construye colectivamente, se convierte en una herramienta poderosa de emancipación. En Gustavo A. Madero, durante estos diez días, la literatura no sólo se leyó pasivamente; se vivió intensamente como un acto político, como una experiencia comunitaria transformadora.
El mensaje final queda claro: democratizar el acceso a la cultura no es un gasto, sino una inversión social necesaria para construir sociedades más justas, críticas y participativas. La FILGAM ha demostrado que es posible, y ha marcado un camino a seguir para otras administraciones públicas comprometidas con el derecho cultural de sus ciudadanos.



