La discapacidad no es una excepción, sino parte de la vida cotidiana. Sin embargo, durante años ha sido narrada como algo lejano, ocasional o incómodo. Para la periodista Bárbara Anderson, cambiar esa narrativa ha sido una convicción profesional y una experiencia personal que derivó en un libro que invita a mirar distinto.
Un libro que nace de un póster
Inventos que usamos a diario y que rompieron la barrera de la discapacidad es el primer libro infantil de Anderson. Todo comenzó hace seis años, cuando junto con Katia D'Artigues creó un póster para el sitio Yo También, con inventos diseñados para personas con discapacidad que hoy son de uso común. "Muchos nos enviaban fotos desde los salones de clases de sus hijos, porque a los niños les encantaba. Ahí supe que debíamos hacer un libro infantil", relata la autora.
23 historias de empatía y amor
El libro reúne 23 relatos sobre cómo la discapacidad y el amor impulsaron la creación del teléfono, el jacuzzi, la máquina de escribir y otros objetos. Anderson destaca el caso del teléfono, cuyo origen está ligado a una discapacidad auditiva, y el jacuzzi, creado por Candido Jacuzzi para aliviar a su hijo con una condición médica. "Es un reflejo de cómo los padres inventan cosas para hacer la vida de sus hijos más fácil", comenta.
La experiencia personal de la autora
La llegada de su hijo Luca, hace 14 años, confrontó a Anderson con la falta de representación de la discapacidad en los medios. "Me di cuenta de que solo se hablaba de discapacidad en fechas como el 3 de diciembre, y el resto del año era invisible", señala. En México, más de 30 millones de personas viven con alguna discapacidad, y si se considera el entorno familiar, dos de cada tres mexicanos tienen la discapacidad en casa.
Una invitación a la empatía
Anderson espera que el libro cambie la mirada desde la infancia. "Me gustaría que el lector termine el libro viendo con ojos más amables las condiciones de los demás. Las diferencias son naturales y pueden ser un gran motor de creatividad", afirma. Detrás de los objetos cotidianos hay historias de empatía, necesidad y amor que, al conocerse, pueden construir una sociedad más consciente.



