Javier Jiménez: el arte de pintar la música en un performance único
Javier Jiménez: el arte de pintar la música

En el restaurante LuSia, el pintor tapatío Javier Jiménez ofreció un performance donde las artes plásticas y la música hicieron convergencia. La música, intangible y etérea, se convirtió en el motor de su creación artística. Jiménez, bañado por los sonidos, movido por sus vaivenes y oleajes invisibles, llevó la inspiración musical a otro nivel al pintar la música mientras la escuchaba.

Un performance único

Sentado detrás del lienzo, mientras un trío conformado por guitarra, bajo y saxofón desarrollaban sus acordes, Javier Jiménez, con las manos embarradas de colores, dio forma a los sonidos, las notas y las melodías. Sin ver el lienzo, pintó la música. El evento tuvo lugar esta mañana en el restaurante LuSia, repleto de madres y familias que atestiguaron cómo el pintor, guiado por la música, daba forma a los colores.

“Yo empiezo a escuchar la pieza y pinto la música frente a la gente. Aquí yo estoy atrás de mi caballete y la gente está viendo cómo la mano empieza a interpretar la pieza musical en color, porque la música no se ve, se oye”, explicó el pintor en entrevista con El Informador.

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El origen de 'Pintando la música'

Jiménez comentó que esta manera única de entender la música nació porque así pudo comprenderla desde el arte. “Siempre quise tocar un instrumento, pero a mí se me dio la pintura. Entonces dije: ‘Bueno, si los músicos tienen ese don, ¿por qué no juntar las dos artes?’. Y de ahí salió el proyecto ‘Pintando la música’”.

Esta obra pertenece a la corriente artística del abstraccionismo, que en palabras del pintor, encierra mucho significado más allá de su apariencia infantil. “Tiene significados que hacen que el espectador dé una interpretación muy específica, comparada con una pintura realista o academicista”, señaló.

Una trayectoria de 16 años

No es la primera vez que Javier Jiménez pinta la música. En 2010, cuando el abstraccionismo cumplió su primer siglo, creó obras espontáneas en el tianguis de antigüedades de El Trocadero, acompañado por la música infalible. Dieciséis años después, otra vez como homenaje al abstraccionismo, pero esta vez en el contexto del Día de las Madres, el pintor regresó frente al público a dar forma a la música mediante sus manos.

Jiménez no usa pinceles ni mira lo que sus manos crean. Como un títere movido por las cuerdas de la música, un médium de sus caprichos sonoros, se limita a escuchar, sentir, y sus manos coloridas van trazando caminos de acrílico en la tela. “Tengo una espátula chiquita por si hay que hacer algún retoque de algo que falle, pero yo siempre voy a estar atrás del lienzo y así comienzo”, explicó.

La importancia del contacto manual

Más allá de la espátula, Jiménez no recurre a pinceles de ningún tipo. Es su mano, directa, la que entra en contacto con la pintura, y para el pintor esto es fundamental. “Tiene que ser con las manos. Eso se me hace muy importante. Porque es ‘Pintando la música’. Sería muy distante hacerlo únicamente con pincel. Tiene que ser con las manos”, finalizó.

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