Una coincidencia histórica en el corazón de Londres
El caprichoso destino unió a dos titanes de la música en el mismo espacio físico, aunque separados por tres siglos completos. En el número 25 de Brook Street, en el vibrante distrito de Mayfair en Londres, Georg Friedrich Händel y Jimi Hendrix encontraron refugio creativo en épocas radicalmente diferentes, creando un vínculo histórico que hoy se celebra en la exposición 'Casa de Händel y Hendrix'.
El primer habitante: Händel y su legado musical
Originariamente, esta residencia se levantó en una zona recreativa y bucólica con estanques y patos, un área que comenzaba a ponerse de moda cuando el compositor alemán Georg Friedrich Händel se instaló allí en 1723, convirtiéndose en su primer propietario. Según explica Olwen Foulkes, comisaria de la exposición, "Pasó aquí el resto de su vida creativa, treinta y seis años, hasta su fallecimiento en 1759, donde escribió algunas de sus mayores y más famosas composiciones".
Entre las obras maestras creadas en estas paredes se encuentran:
- 'El Mesías' (1741), su obra más célebre
- El himno 'Zadok el sacerdote' (1727) para la coronación del rey Jorge II
- Numerosas óperas y oratorios que le valieron el patrocinio real
La morada conserva casi la misma apariencia que antaño gracias a dos documentos cruciales: el inventario póstumo del compositor y el catálogo de sus obras de arte, subastadas en febrero de 1760. Händel demostró ser un emprendedor musical visionario que "siempre buscaba maneras creativas de financiar la música que creaba", según destaca Foulkes.
Tres siglos después: llega Hendrix
En un giro extraordinario del destino, el guitarrista legendario Jimi Hendrix se mudó al mismo edificio en el verano de 1968, acompañado de su novia de entonces, Kathy Etchingham. La búsqueda había sido difícil debido a la intensa actividad musical de Hendrix y el volumen de sus guitarras, pero finalmente encontraron refugio en este histórico inmueble.
Etchingham descubrió el lugar mientras Hendrix estaba de gira por Estados Unidos. A su regreso, el músico desconocía completamente la conexión histórica del lugar hasta que vio una placa azul en la pared - "en la mitad equivocada", revela Foulkes con una sonrisa.
Para entonces, el edificio había experimentado transformaciones significativas:
- Ampliaciones en las partes trasera y frontal
- Uso como local para anticuarios y comerciantes
- Incluso había albergado consultorios dentales
Hendrix ocupaba el piso superior, mientras que en la planta baja funcionaban una inmobiliaria, un estudio de fotografía y el restaurante 'Mr. Love' con sus características luces psicodélicas en el exterior.
El fantasma que inspiró música
Uno de los episodios más curiosos de esta coincidencia histórica involucra la creencia de Hendrix en lo paranormal. "Jimi pensaba que vivía en la misma habitación de Händel, y creyó que había visto su fantasma en una ocasión mientras vivía aquí", asegura Foulkes, sentada a los pies de la cama que ocupó el guitarrista.
Esta experiencia sobrenatural llevó a Hendrix a una tienda de South Molton Street, donde adquirió varios discos de larga duración del compositor prusiano. Aunque no se sabe con certeza cuánto le inspiró esta música barroca, el hecho demuestra la conexión espiritual que Hendrix sintió con su predecesor musical.
Vida cotidiana y legado perdurable
Mientras que en la época de Händel la calle albergaba principalmente comerciantes y artesanos, cuando Hendrix llegó tres siglos después, Brook Street se había transformado en una vía comercial con más tiendas pero menor tráfico humano residencial.
La comisaria y su equipo han trabajado meticulosamente para recrear el ala de Hendrix tal como era, utilizando vídeos y fotografías históricas. "Hicieron de este sitio su propio lugar", explica Foulkes. "Muchos músicos venían al piso después de los conciertos a continuar con la jarana hasta altas horas de la noche".
La sociabilidad de Hendrix llegó a tal punto que, aunque inicialmente tenía una línea telefónica separada para agentes y ofertas laborales, "era tan sociable que daba su número a todo el mundo". La solución fue instalar un segundo teléfono, pero el problema persistió hasta que, finalmente, "Kathy y Jimi perdieron su paciencia y descolgaron los teléfonos, así no sonarían constantemente nunca jamás".
Esta extraordinaria coincidencia histórica no solo une dos genios musicales separados por tres siglos, sino que también representa el vaivén constante de la vida urbana londinense y la preservación del patrimonio cultural en una ciudad en perpetua transformación.
