Miguel León-Portilla: El legado del historiador que transformó la visión del México prehispánico
León-Portilla: Legado que transformó visión México prehispánico

El arquitecto de la historiografía mexicana moderna

La figura de Miguel León-Portilla se erige como columna vertebral en el desarrollo de la historiografía mexicana contemporánea. A través de sus memorias tituladas Soy mi Memoria, el reconocido académico no solo ofrece un testimonio personal de su trayectoria vital, sino que despliega un valioso recuento sobre la evolución del estudio de las civilizaciones prehispánicas durante la segunda mitad del siglo XX. Su influencia trascendió el ámbito académico para impactar directamente en la configuración de instituciones culturales fundamentales para México.

Reescribiendo la historia institucional

Existe una narrativa ampliamente difundida que atribuye la creación del Museo Nacional de Antropología exclusivamente a Jaime Torres Bodet durante su gestión como Secretario de Educación Pública. Sin embargo, León-Portilla aporta precisiones históricas cruciales en sus memorias. El historiador documenta que la iniciativa original surgió de los participantes del Congreso Internacional de Americanistas celebrado en México en 1962. Al término de este evento internacional, una comisión especial -de la cual formó parte el propio León-Portilla en su calidad de secretario general del congreso- presentó formalmente al presidente Adolfo López Mateos la solicitud para construir "un nuevo Museo donde pudieran presentarse dignamente testimonios del pasado cultural de México".

León-Portilla reconoce el papel facilitador de Torres Bodet, quien desde la Secretaría de Educación no se opuso al proyecto e incluso contribuyó a su realización. No obstante, el historiador insiste en dejar establecido para la historiografía futura que los verdaderos impulsores intelectuales fueron colegas nacionales y extranjeros, destacando especialmente las contribuciones de Ignacio Bernal y del propio León-Portilla. Esta precisión no busca menoscabar méritos ajenos, sino establecer con rigor histórico el origen colaborativo de una de las instituciones culturales más importantes del país.

La batalla por el reconocimiento filosófico náhuatl

Uno de los episodios académicos más significativos en la carrera de León-Portilla ocurrió durante la defensa de su tesis doctoral en agosto de 1956. Su trabajo titulado La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes generó escepticismo y resistencia entre algunos miembros del jurado evaluador. Según relata en sus memorias, ciertos profesores llegaron a sugerir que el joven investigador "estaba probablemente trastornado sosteniendo el dislate de que los indios habían tenido una filosofía".

El jurado doctoral estuvo conformado por figuras destacadas como el padre Ángel María Garibay (su director de tesis), Juan Hernández Luna, Justino Fernández, el antropólogo español Juan Comas y Francisco Larroyo, entonces director de la Facultad. A pesar de las objeciones planteadas principalmente por Larroyo -a quien Garibay confesó no haber comprendido completamente-, León-Portilla obtuvo el grado con la distinción máxima de Summa cum laude.

En un gesto de elegancia académica, León-Portilla describió a Larroyo como "un filósofo neokantiano que se encontraba a miles de kilómetros de distancia del pensamiento náhuatl". Su argumentación central resultaba contundente: había identificado en numerosos textos náhuatls "descripciones y planteamientos de problemas sobre la visión del mundo, la concepción de la divinidad, el ser humano, su destino y posible libertad, así como lo que puede entenderse como su ética", elementos que establecían paralelismos evidentes con "las interrogantes que filósofos de otros tiempos y latitudes se han planteado".

La polémica del V Centenario y el "Encuentro de Dos Mundos"

El debate más conflictivo en la trayectoria de León-Portilla trascendió el ámbito universitario para convertirse en una controversia nacional e internacional. Nos referimos a la polémica con Edmundo O'Gorman en torno a la conmemoración del V Centenario del contacto entre Europa y América. La confrontación presentó múltiples dimensiones que León-Portilla detalla minuciosamente en sus memorias.

Desde el ámbito político, por decisión presidencial e instrumentada a través de las secretarías de Educación y Relaciones Exteriores, León-Portilla fue designado coordinador de la Comisión Mexicana del V Centenario. Esta designación generó tensiones pues meses antes, el subsecretario de Educación para el ramo cultural había nombrado a O'Gorman para el mismo cargo, designación que teóricamente debió quedar sin efecto tras la decisión presidencial.

La postura conceptual de León-Portilla, asumida oficialmente por el gobierno mexicano, proponía sustituir el término "celebración" por "conmemoración" -que implica recordar juntos-, y rechazaba la noción de "descubrimiento" por considerar que relegaba a los pueblos originarios a un papel pasivo. En su lugar, el historiador propuso el concepto "Encuentro de Dos Mundos", fórmula que ganó amplia aceptación entre la mayoría de países participantes aunque generó resistencias en algunas naciones.

La reacción de O'Gorman fue particularmente airada, descalificando la propuesta de manera rotunda y desafiando a León-Portilla a una "polémica pública". Según relata en sus memorias, los ataques -que califica como "embestidas"- se intensificaron progresivamente. O'Gorman llegó a solicitar al entonces rector de la UNAM, Jorge Carpizo, que "amonestara" a León-Portilla, amenazando incluso con promover un juicio ante el Tribunal Universitario por "usurpación de cargo". Carpizo no atendió estas peticiones, limitándose el conflicto inicialmente a la conformación de dos bandos intelectuales claramente diferenciados.

Repercusiones en la Academia Mexicana de la Historia

El conflicto alcanzó su punto más álgido en el seno de la Academia Mexicana de la Historia. Aprovechando su condición de director de la institución, O'Gorman convocó una sesión especial donde sería el único ponente, con el objetivo explícito de criticar la tesis de León-Portilla. Durante su intervención, dirigió contra el historiador "toda clase de adjetivos" que el propio León-Portilla consigna textualmente: "falsario, hipócrita, jesuita, irresponsable y traidor a la verdadera filosofía de la historia".

Esta actitud no fue bien recibida por los miembros de la corporación, quienes enviaron una carta a O'Gorman reclamándole su "poco digna" conducta. La situación llevó finalmente a O'Gorman a presentar su renuncia a la dirección de la Academia. El episodio dividió a la institución durante años en dos facciones claramente definidas, aunque la mayoría de sus miembros respaldó la postura de León-Portilla.

El historiador mantuvo hasta el final de sus días la convicción de que la tesis de O'Gorman era errónea por su carácter europeizante, al sostener que América había ingresado a la historia universal solamente al ser "inventada" por las ideas formuladas por los europeos. León-Portilla señalaba además una falta de coherencia en el pensamiento de su contradictor, quien criticaba "con ferocidad" la idea del "Encuentro de Dos Mundos" pese a haber definido años antes al periodo virreinal como el de "la fusión de dos culturas".

Complejidades diplomáticas internacionales

La polémica del V Centenario adquirió dimensiones internacionales particularmente complejas durante el periodo en que León-Portilla fungió como representante de México ante la UNESCO en París (1988-1992). En este foro global, el historiador tuvo que presentar y defender la postura mexicana frente a diversas objeciones y reclamos.

Dinamarca, por ejemplo, argumentó que América no había sido descubierta por los españoles sino por los vikingos varios siglos antes. Por su parte, los países africanos se opusieron rotundamente a cualquier conmemoración, alegando que el contacto transatlántico había dado origen a "la numerosa y dolorosa esclavitud trasatlántica". Estas posiciones evidenciaban la complejidad histórica y las dificultades diplomáticas inherentes a la conmemoración.

Un académico comprometido con su tiempo

Más allá de las controversias académicas, Soy mi Memoria revela a un León-Portilla profundamente comprometido con las instituciones nacionales, particularmente con la UNAM y la Ciudad de México. Durante 23 años consecutivos (1964-1987), el historiador participó activamente en la gobernanza universitaria, primero como miembro del Consejo Universitario y posteriormente de la Junta de Gobierno.

Su trayectoria institucional lo situó en momentos cruciales de la vida universitaria: al lado del rector Ignacio Chávez durante su salida en 1966, cerca del rector Javier Barros Sierra durante el movimiento estudiantil de 1968, presente durante la ocupación de la Rectoría en 1971 que llevó a la salida de Pablo González Casanova, y finalmente como parte de la comisión de eméritos que en 1999 entregó al movimiento estudiantil los resultados de una consulta sobre la reiniciación de actividades académicas.

Principios y convicciones fundamentales

A lo largo de sus memorias, León-Portilla deja establecidos principios que guiaron su vida y obra intelectual. Destacan especialmente tres lecciones fundamentales que trascienden el ámbito académico:

  1. La importancia de privilegiar la conversación y el diálogo respetuoso como herramientas para aprender, difundir y explicar, evitando diatribas y descalificaciones.
  2. La posibilidad de amar "al mismo tiempo y con la misma fuerza" tanto al mundo náhuatl como al mundo español, superando falsas dicotomías.
  3. La convicción de que la defensa de los pueblos indígenas debe combinar dos dimensiones aparentemente contradictorias: fomentar su participación plena en la vida económica, social y política del país, sin que esto implique asimilación cultural o pérdida de sus "usos y costumbres".

León-Portilla insistió persistentemente en "el derecho que tiene todo pueblo de no ser absorbido por una cultura que quiere homogeneizar a todos", principio que guió su trabajo académico y su activismo intelectual.

Reflexiones finales y legado perdurable

Soy mi Memoria trasciende el género autobiográfico para convertirse en testimonio de un intelectual completo que nunca se limitó a las labores estrictamente gremiales. Las páginas más íntimas del libro revelan el profundo amor por su esposa, Ascensión Hernández Triviño ("Chonita"), su compañera de vida y de trabajo intelectual.

El libro también muestra el sentido del humor de León-Portilla a través de anécdotas como la de Manuel Gamio repartiendo dulces con "pelusas" a sus sobrinos, o introduciendo al joven Miguel al "Whiskylucan". Pero sobre todo, las memorias revelan a un académico preocupado por cuestiones metafísicas fundamentales, que reflexionó sobre la muerte desde la teología cristiana y la filosofía náhuatl, muriendo con dudas pero convencido de que "la muerte es la ley de la vida".

El legado de Miguel León-Portilla queda sintetizado en una paráfrasis de la frase de Chimalpain que él mismo tradujo para los muros del Museo Nacional de Antropología: "Nunca acabará, nunca terminará la gloria, la fama de México-Tenochtitlan". A cien años de su nacimiento, podemos afirmar que mientras exista pensamiento historiográfico en México, mientras perdure la UNAM y mientras sobrevivan las culturas mesoamericanas: "Nunca acabará, nunca terminará, la gloria, la fama de Miguel León-Portilla".