Todavía hasta mediados de la década de los sesenta del siglo pasado, los tapatíos teníamos que ir al Centro de la ciudad para realizar nuestras compras. La oferta era variada: zapaterías, boneterías, mueblerías, joyerías, tiendas departamentales, sastrerías, tiendas de cámaras fotográficas, revelado de rollos, bancos, casas de cambio, restaurantes, expendios de billetes de lotería, neverías y más. El Mercado Corona, el San Juan de Dios y, en menor escala, el Mercado Alcalde eran los principales centros de acopio y distribución de frutas, verduras, abarrotes y productos lácteos. En estos mercados también se podía comer: pescado rebosado, sopa de arroz, chiles rellenos, menudo, frijoles refritos, albóndigas, pacholas, escamochas y los famosos "chokomiles". En el Mercado Corona, además, se vendían hierbas frescas para remedios como boldo, estafiate, hojas de limón, llantén, manzanilla y hierbabuena, e incluso para quitar embrujos.
El Centro como núcleo comercial
Ir al centro era una oportunidad para admirar los aparadores y comprar las novedades. Muchas tiendas y establecimientos han quedado en la memoria: La Casa Colorada, El Famoso 33, Mueblería Dubín, la PH, Casa Hernán, Almacenes Franco, Las Fábricas de Francia, El Nuevo París, Zapatería Las Tres B, Casa Chalita, Musical Lemus, Casa Baeza, Varón, Zapaterías Pardo y Lis, Papelería Mejorada, Discotecas Aguilar, Librería Carlos Moya, Zapaterías Canadá, El Vapor, Casa Wagner, El Diamante, Laboratorios Julio, Bonetería Gutiérrez, la tienda de Roberto Orozco, Casa Baruqui, Andalucía, Casa Rubio, y muchas más. En Navidad, los aparadores lucían adornados y para los niños era una fantasía visitar La Ciudad de Bruselas o La Ciudad de Praga para ver juguetes de importación: cochecitos de pilas, soldaditos de plomo en cajitas de cartón rígido que inspiraban la carta al Niño Dios.
La idea de concentrar el comercio
Esa zona comercial abarcaba desde Calzada Independencia al poniente hasta la calle Parroquia al oriente, y de Miguel Blanco y Prisciliano Sánchez al sur hasta Juan Manuel y Herrera y Cairo al norte. A mediados de los años sesenta surgió la idea de concentrar todo en un espacio más reducido, inspirado en los malls estadounidenses. Los primeros supermercados de los señores Moragrega sirvieron como plan piloto, y un grupo de empresarios de la Cámara de Comercio incubó la idea de que Guadalajara, que alcanzó el millón de habitantes el 8 de junio de 1964, tuviera su propio mall.
Nace Plaza del Sol
La idea dio frutos: a inicios de 1968 comenzó la construcción de la primera plaza comercial de Guadalajara y de Latinoamérica: Plaza del Sol. El proyecto fue encomendado al arquitecto austriaco Alejandro Zohn, autor también del Mercado Libertad (San Juan de Dios). Miguel Moragrega, Ángel Franco, Jaime Varón, Vicente Chalita, Carlos Vachez, Carlos Ravinovitz, René Baruqui, Alfonso Dau, Leopoldo Amutio y José Levy unieron esfuerzos. Al principio, la plaza fue vista con recelo porque se ubicaba en las orillas de Guadalajara, casi en la carretera a Morelia, en despoblado. La gente se preguntaba quién iría a comprar allí, acostumbrados al centro. Además, solo una línea de camiones (Centro Colonias) llegaba con servicios muy espaciados, y los carros de sitio cobraban cuatro pesos por dejada, pretextando la distancia.
El éxito de las tiendas ancla
La estrategia funcionó gracias a las tiendas ancla: Las Fábricas de Francia, Almacenes Franco y Maxi (antes parte de la cadena Moragrega). Estas atrajeron a otros comerciantes arriesgados, y el enorme estacionamiento fue una ventaja. Inaugurada en 1969, Plaza del Sol se convirtió en uno de los lugares favoritos de los tapatíos. En 1974 surgió Plaza Patria, en Zapopan, también diseñada por Zohn, y luego muchas más plazas comerciales proliferaron con el crecimiento de la ciudad.
El centro histórico hoy
A pesar de la abundancia de centros comerciales, el centro de Guadalajara aún ofrece reminiscencias del pasado, aunque los comercios de mercancía oriental, los grafitis y la falta de cuidado lo han deteriorado. Recorrerlo trae recuerdos de cuando se compraba ropa, calzado, artículos electrodomésticos, se ordenaban canastas de Navidad en Casa Rubio, se hacían depósitos en Banco Refaccionario, se cambiaban cheques en el Banco Popular o Industrial de Jalisco, se tomaba una malteada en La Copa de Leche, aguas de La Tropical, o se compraban boletos para corridas de toros en Pedro Loza. La inscripción en la esquina de Pedro Moreno y Corona en Palacio de Gobierno dice: "Nisi dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam" (Si el Señor no custodia la ciudad, en vano la vigila quien la guarda), origen de la palabra "cuico".
Invitamos a no dejar de ir al centro, que tiene mucho que ofrecer. Agradecemos su lectura y los esperamos la próxima semana. Café y bísquets con mantequilla y mermelada. Feliz domingo.



