El escritor Pedro Mairal aborda en su reciente novela Los nuevos (Editorial Emecé, 2025) temas como el uso y los efectos de la marihuana, el papel terapéutico de la escritura en la salud mental y la difícil transición entre la juventud y la adultez. En entrevista, Mairal explica que la obra gira en torno a quién narra la historia: Thiago no quiere contar, Bruno se siente violentado por un retrato, y Pilar hace un documental sobre Rosa, cuestionando el derecho de meterse en la vida ajena.
Estructura cinematográfica
La historia de tres amigos, Thiago, Pilar y Bruno, surgió inicialmente como dos novelas cortas que dialogaban entre sí. Luego, el autor concibió un tríptico que culminó en esta novela. Aunque no sabe exactamente de dónde surgieron los personajes, Mairal reconoce que tienen algo de sí mismo y una mirada paternal culposa. "Por un lado, busqué un poco en mis 19 años; estos chicos, con teléfono y redes sociales, tienen bastante que ver con mis 19 años", confiesa.
Adultos flotantes y adolescencia eterna
La novela también se nutre de observaciones sobre su generación: "Veo a veces adultos medio flotantes, que no terminan de asentarse y asumir su edad, siguen en una especie de adolescencia eterna, muy agarrados a un hedonismo, compitiendo con los hijos a veces, con envidia por la juventud", señala Mairal. Estos adultos aparecen "un poco fuera de foco", sin hacerse cargo y con expectativas que no coinciden con los deseos de sus hijos.
Escritura como terapia
A través de Thiago, el autor hace un guiño a la cualidad terapéutica de la escritura. Contrario a la mayoría de narradores que desean compartir algo con el lector, Thiago cuenta su historia a regañadientes, solo al lector, porque no quiere contársela a nadie más. "La literatura es linda para lo no dicho, lo que se quedó en el pecho. Después está la psiquiatría; es un momento de la vida donde sales de la escuela y hay aspectos normalizadores. Si los chicos no se normalizan y se meten en cosas marginales o peligrosas, los puede agarrar la psiquiatría o la justicia", explica Mairal sobre la construcción del personaje.
El padre de Thiago intenta salvarlo de la justicia empujándolo hacia la psiquiatría, pero Mairal cuestiona: "¿Quién pone las etiquetas? ¿Quién decide si un chico tuvo un episodio psicótico o estaba roto emocionalmente? Hay muchos grises ahí". Además, señala los efectos de la marihuana: "Hay muchos episodios psicóticos por la marihuana, sobre todo por cepas fuertes, lo he visto". Aclara que no es prohibicionista ni experto, pero en su experiencia personal, la marihuana "provocaba demasiadas alteraciones cerebrales", por lo que dejó de consumirla.
La escritura como salvación
En contraste, la escritura lo "salvó" cuando se sentía perdido. "Funcionó como un lugar de identidad, donde podía no saber quién era porque era un lugar de exploración, de preguntas. Más que la literatura, tenía la palabra, escribir, leer, estar en los textos. En esa función de la palabra se ataron mis cabos sueltos", comparte.
La segunda y tercera parte
En la segunda parte, Mairal explora la historia de Bruno, a quien sus padres envían a estudiar Economía en Estados Unidos. El libro podría haber quedado ahí, pero había una tercera amiga involucrada. La creación de la perspectiva de Pilar fue un "enredo tremendo" que le llevó más de un año, cuatro borradores y varios golpes con el teclado. "Le pedía a Pilar que cerrara las líneas argumentales de los otros dos, pero ella se salía de foco, se escapaba", recuerda. Finalmente, la voz narrativa se rompe en la tercera parte, lo que fue un alivio: "Esa cosa de los amigos, 'lo estás contando mal, deja que lo cuente yo', una fluctuación que fue un alivio descubrir. Ahí entra aire en el libro".
Mairal opina que cuando un escritor tiene un plan muy rígido, "el libro no respira". Este libro creció como una "unidad orgánica". Al final, incluye un código QR que dirige a tres canciones de Hijos Únicos.



