En el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa, la reconocida escritora Elena Poniatowska presentó su más reciente ensayo dedicado a la figura de Rosario Castellanos, una de las voces más importantes de la literatura mexicana. La obra, publicada por el Fondo de Cultura Económica, lleva por título Rosario Castellanos. En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros y reúne anécdotas personales y reflexiones sobre la vida y personalidad de la poeta y narradora chiapaneca.
Recuerdos de una amistad literaria
Durante la presentación, Poniatowska compartió con el público, mayoritariamente estudiantil, momentos íntimos vividos junto a Castellanos. Recordó que la autora de Balún Canán escribía en una habitación elevada, ubicada frente al Bosque de Chapultepec, aunque nunca cruzaba la calle para pasear entre los árboles. “Trajo un arpa de Chiapas que esperaba solitaria en un rincón, porque nadie sabía tocarla. Pero más solita se sentía la autora de El eterno femenino”, expresó Poniatowska.
La también periodista describió a Castellanos como una mujer de apariencia frágil pero de gran fortaleza interior. “Tenía unos pies muy chiquitos, unos tobillos muy frágiles, delgaditos, y unas manos como de niña. Sentías que se podía romper a cada paso y, sin embargo, era una mujer muy fuerte. ¿Y saben por qué era fuerte? Porque sabía hacer reír”, comentó.
El don de la risa y la voz
Poniatowska destacó la capacidad de Castellanos para generar complicidad y alegría a su alrededor. “Sabía reír, se reía mucho. Tenía una voz muy bonita, clara, cantarina; para mí era como la de un pájaro. Y unos ojos que también sabían reír, ser tu cómplice, ser tu amigo y caminar. Siempre caminó al lado de sus estudiantes”, afirmó.
La autora de Tinísima señaló que Castellanos tenía el don de convertir a quienes la rodeaban en sus aliados. “Varios fotógrafos la retrataron: Héctor García, Rogelio Cuéllar, los hermanos Mayo, quienes captaron su mirada grave, triste, comprometida; y la sonrisa de una mujer que murió a los 49 años lejos de México, cumpliendo una misión en Israel, donde fue embajadora”, relató.
Una mujer de fortaleza oculta
Poniatowska reveló que, a pesar de su aparente vulnerabilidad, Castellanos era una mujer de gran determinación. “La queríamos mucho, pero no supimos protegerla de sí misma. Es decir, ella actuaba en contra de sí misma”, dijo tajante. Agregó que la poeta solía contar pequeñas tragedias domésticas, siempre poniéndose a sí misma como la que cometía errores. “Ella decía que era una mujer que se equivocaba, que perdía las llaves de su casa, que no sabía manejar bien, que se le torcían los tobillos. Siempre te contaba alguna pequeña tragedia casera. Narraba anécdotas e historias sobre sí misma, en las que ella era siempre la que metía la pata, la que estaba equivocada; siempre le daba su lugar al otro, hacía que brillara el otro. Pero, en realidad, creo que fue una mujer de gran fortaleza”, explicó.
El legado de una maestra seductora
La escritora, que cumplirá 94 años el próximo 19 de mayo, concluyó que Castellanos era una maestra que seducía con su presencia. “Rosario era en el fondo una conquistadora. Era una delicia estar con ella. Creo que, al abrir la ventana, abrir las puertas, al venir a estudiar a la UNAM, adquirió alas y empezó a volar, comenzó a creer en sí misma”, afirmó.
El ensayo de Poniatowska no solo celebra la obra de Castellanos, sino que también ofrece una mirada íntima a su personalidad, destacando su humor, su fragilidad aparente y su fortaleza real. La Fiesta del Libro y la Rosa, organizada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sirvió como escenario para este homenaje a una de las figuras más emblemáticas de las letras mexicanas.



