Una Noche de Terror en la Antigua Casona: El Proyecto Universitario que se Tornó Sobrenatural
Terror en Casona Antigua: Proyecto Universitario Sobrenatural

Una Madrugada de Trabajo que se Transformó en Pesadilla

El despertador resonó estridentemente a las tres de la madrugada, marcando el inicio de otra jornada de trabajo intensivo. Había invitado a varios compañeros de la universidad a pernoctar en la casa de mi tía abuela, donde yo residía temporalmente, para avanzar en un proyecto académico que requería semanas de dedicación exclusiva. Con una fecha de entrega estricta e inamovible, nos turnábamos en turnos exhaustivos para maximizar nuestro progreso.

El Escenario: Una Casona con Historia y Misterio

La residencia de mi tía abuela se encuentra ubicada en el emblemático barrio del Santuario, a escasas cuadras del antiguo panteón de Belén. Se trata de una casona colonial con techos altísimos, recámaras amplias y un patio central de grandes dimensiones. Para desplazarse de un extremo a otro de la propiedad, es necesario atravesar todas las habitaciones en fila o cruzar por el patio abierto. En esta casa han vivido múltiples generaciones de mi familia, cuyos orígenes se pierden más allá de los tatarabuelos en las brumas del tiempo olvidado.

El Encuentro que Cambió Todo

Me levanté de la cama y recorrí un pasillo que conduce al comedor, pero que también permite el acceso a la azotea mediante una escalera y al fondo alberga un baño. Al llegar al comedor, encontré a uno de mis amigos sentado frente a su computadora en la mesa, con el rostro completamente desencajado por el terror.

—¿Qué sucede, te encuentras bien? —pregunté con preocupación.

—No —respondió lacónicamente.

—¿Estás enfermo?

—No.

—¿Entonces… qué ocurre?

En ningún momento él giraba para mirarme directamente a los ojos. —Alguien se asomó por esa puerta —afirmó con voz temblorosa.

—¡Ah! ¿Cuál puerta? —pregunté, recordando que el comedor tiene tres accesos.

—La que está justo a tu espalda —precisó, señalando exactamente por donde yo acababa de pasar.

—Probablemente fue mi tía abuela o alguno de nuestros compañeros —intenté racionalizar.

—Fue alguien más —insistió con convicción.

—¿Lograste verlo de frente?

—Lo vi de reojo —confesó.

—¡Vaya! Tal vez solo estás exhausto por el cansancio —sugerí, tratando de calmar la situación.

Mi amigo finalmente se volvió para mirarme fijamente, con los ojos crispados por el pánico. —¡Te estoy diciendo la verdad! —exclamó con intensidad.

El Contagio del Terror y la Lucha por la Racionalidad

En ese instante, una descarga eléctrica metafórica me recorrió de la cabeza a los pies. Yo nunca había creído en apariciones espectrales, mucho menos en fantasmas, pero la mirada aterrorizada de mi amigo había logrado contagiar su miedo profundamente. Respiré hondo y esperé unos segundos para recuperar la compostura, antes de intentar razonar.

—Amigo, eres ingeniero —argumenté—. Debes dejar de lado las supersticiones y mantener una postura objetiva. Respecto a eso de ver a alguien de reojo: recuerda nuestras clases de Óptica, donde a través de prismas observábamos cómo se deformaban las imágenes…

En ese preciso momento, mi amigo me interrumpió abruptamente. Sin volver la mirada, susurró con voz quebrada: —¡Allí está de nuevo, justo detrás de ti…!

La atmósfera en la vieja casona se había transformado por completo, y lo que comenzó como una simple noche de trabajo universitario se convirtió en una experiencia que desafiaría nuestras convicciones más fundamentales.