Artesanos de Cuexcomatitlán mantienen viva la tradición del tejido en palma y tule
En la colonia Cruz Blanca de Cuexcomatitlán, ubicada en la ribera de la emblemática laguna de Cajititlán, aproximadamente ocho familias continúan dedicándose a la elaboración de artesanías utilizando principalmente palma y tule como materias primas. Esta actividad representa mucho más que una fuente de ingresos: constituye un legado cultural que se ha transmitido meticulosamente de generación en generación, preservando técnicas ancestrales mientras se adaptan a los tiempos modernos.
Valente Nazario: un artesano que innova sin perder las raíces
Uno de los exponentes más destacados de esta tradición es Valente Nazario, un artesano de segunda generación cuyo principal objetivo es asegurar que este noble oficio perdure dentro de su familia. Su fascinación por el tejido nació durante su infancia, al observar el dedicado trabajo de sus padres, quienes se especializaban principalmente en el manejo de la palma.
"Más que nada, a mí me gustó la forma del tejido, el proceso de cómo lo trabajamos", confesó Nazario. "A partir de eso, clientes y amigos nos han invitado a experimentar con otros tipos de materiales. Me llamó la atención intentar con nuevas opciones; conforme pasan las modas, van surgiendo otros materiales y así hemos ido innovando".
Esta mentalidad abierta a la innovación ha permitido que los artesanos diversifiquen su producción, incorporando elementos contemporáneos sin abandonar las técnicas tradicionales que definen su identidad.
Del proceso artesanal a las piezas finales
Actualmente, el catálogo de productos incluye una variedad de piezas funcionales y decorativas, entre las que destacan lámparas, sillas, y otros artículos que combinan la estética tradicional con adaptaciones modernas. Sin embargo, el camino desde la materia prima hasta el producto terminado requiere un proceso minucioso y especializado.
El trabajo con la palma exige un tratamiento previo esencial, ya que en su estado natural presenta una rigidez que puede provocar que se quiebre fácilmente o incluso cause lesiones a los artesanos. Para transformarla en un material maleable, se somete a un proceso de humectación que dura al menos cinco horas.
"Nosotros lo trabajamos así: como ven, la palma es muy tiesa y se quiebra; entonces, el proceso es deshojarla en tiras", explicó detalladamente Valente Nazario. "Después de deshojarla, la mojamos, la humedecemos en un hule, y queda blandita para que se pueda torcer la palma".
Este procedimiento no solo ablanda las fibras, sino que también las prepara para el intrincado tejido que dará forma a las piezas finales, garantizando durabilidad y calidad en cada creación.
Un patrimonio cultural que fortalece la identidad comunitaria
Más allá de su innegable valor económico, esta actividad artesanal representa un pilar fundamental de la identidad comunitaria en Cuexcomatitlán. Cada pieza elaborada refleja la rica historia, la organización familiar y las tradiciones que han moldeado a esta comunidad a lo largo del tiempo.
El Gobierno Municipal de Tlajomulco ha reconocido públicamente la invaluable labor de estas y estos artesanos, destacando que su trabajo contribuye significativamente a preservar las tradiciones locales y a fortalecer la identidad cultural de toda la región. Esta validación institucional subraya la importancia de mantener vivas estas prácticas ancestrales en un mundo cada vez más globalizado.
Como dato técnico de referencia, es crucial recordar que la palma debe permanecer húmeda durante un mínimo de cinco horas para alcanzar la flexibilidad necesaria que permite moldearla en la elaboración de piezas como sillas y lámparas, asegurando así la excelencia en cada obra artesanal.



