El cine mexicano y su eterna relación con el poder político: de la propaganda a la transformación
Cine mexicano y poder: de la propaganda a la transformación

La eterna disyuntiva: ¿Cine o sardina?

La frase atribuida a Guillermo Cabrera Infante sobre la elección entre el cine y la comida resume una realidad profunda: el séptimo arte ha sido históricamente más poderoso que las necesidades básicas. Como decía el crítico Emilio García Riera, el cine es mejor que la vida porque al final ganan los buenos, aunque esta afirmación no siempre se cumpla en la realidad.

El cine como herramienta de propaganda mundial

Todos los gobiernos, sin excepción, han intentado llevar el agua de las pantallas a su propio molino. El ejemplo más extremo lo encontramos en la Alemania nazi, donde Adolfo Hitler utilizó las imágenes olímpicas de Leni Riefenstahl para promover sus delirios multitudinarios y su estética supremacista. Del otro lado del espectro político, los soviéticos nos legaron la poderosa propaganda de Sergei Eisenstein con obras maestras como "El acorazado Potemkin" y "Octubre".

La industria cinematográfica estadounidense, la más rentable y rica del mundo, ha demostrado ser una dictadora de modas, modos e ideología. Su influencia llegó al punto de llevar a un actor de Hollywood, Ronald Reagan, a la Casa Blanca para ganar simbólicamente la Guerra Fría. Incluso colocó a John Gavin como embajador en México y entregó el gobierno de California a Arnold Schwarzenegger, el famoso "Terminator".

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Los intentos fallidos en México

El cine es arte, espectáculo, industria y, sobre todo en su aprovechamiento político, propaganda y adoctrinamiento. Esto lo vimos alegremente el pasado domingo en el Palacio Nacional, transformado fugazmente en un patio de los Estudios Churubusco. Esta cercanía entre famas y poder nos transporta a los años setenta y los intentos de Luis Echeverría, aconsejado por su hermano Rodolfo Landa, por "alentar" un nuevo cine mexicano que prolongara la mitológica era dorada.

Sin embargo, el intento no prosperó. Se trataba de estimular la producción con decretos, aprovechamientos fiscales y otras facilidades. Se quería hacer un cine "de aliento", pero todo terminó con una mefílica halitosis. Existían empresas de propiedad estatal como:

  • Conacite
  • El Centro de Cortometrajes
  • El Instituto Mexicano de Cinematografía
  • Películas Nacionales
  • El Banco Cinematográfico
  • La Compañía Operadora de Teatros (con palomitas rancias en sus dulcerías)

En el gobierno siguiente, con Margarita López Portillo al frente, al cine le sucedió lo mismo que a la ciencia con Alvarez Buylla: Margarita persiguió a medio mundo, metió a algunos a la cárcel, se le quemó la Cineteca y el ridículo fue costosamente irreversible. Ni Echeverría logró alentarlo, ni el cine nacional de Margarita consiguió el anhelado Oscar con "Campanas rojas" de Bondarchuk.

De la época dorada a las ficheras

Del cine bucólico de cielos y horizontes interminables, con la ceja de Pedro Armendáriz y la palidez de Dolores del Río, a la gesta sombreruda del Indio Fernández y "La cucaracha", nos fuimos en rápido viaje a las "ficheras". Margarita quiso acabar con ellas, pero irónicamente su hermano terminó casado con la más guapa de todas.

La anunciada transformación

Pero a la accidentada historia del cine en México le faltaba un capítulo: la transformación. Ahí está el detalle, diría Mario Moreno "Cantinflas". Y el domingo, por ventura y talento -según dicen-, comenzó su nuevo camino. La actriz y productora Salma Hayek Pinault (nombre artístico desde 2022), estrella en el podio, lo dijo sin asomo de adulación:

"Yo creo que nadie puede competir con nosotros. A partir de este apoyo, no tendremos comparación. No hay país en el mundo, no hay, que tenga la diversidad ecológica, de belleza, que aquí lo hay todo... Nosotros podemos doblar por cualquier... esta comunidad ha intentado varias veces, a través de los años, de conseguir este apoyo; inclusive nuestra secretaria de Cultura ha sido una de las que han estado luchando; ya teníamos toda la data de por años; y muchos de ustedes... Pero, quizá, lo que no teníamos era esta Presidenta..."

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Estas palabras pronunciadas en Palacio Nacional marcan quizá el inicio de una nueva era para el cine mexicano, una que promete aprovechar la diversidad ecológica y cultural del país como nunca antes se había intentado.