‘Proyecto Fin del Mundo’: El entretenimiento apocalíptico que busca ser la ‘Armageddon’ de esta generación
En 1998, “Armageddon” conquistó las taquillas al fusionar melodrama lacrimógeno con cine de superación, capturando el tufillo apocalíptico que flotaba en el aire ante el cambio de siglo. Hoy, casi tres décadas después, llega a las salas “Proyecto Fin del Mundo” (“Project Hail Mary”), dirigida por el dúo Lord & Miller, que aunque distinta, comparte un parentesco evidente con el éxito de Michael Bay.
Un cataclismo definitivo en tiempos de desasosiego
El flamante estreno anuncia, al igual que su predecesora, un cataclismo definitivo, llegando en un momento de desasosiego colectivo. La trama sigue a Ryland Grace, interpretado por un convincente Ryan Gosling, un profesor de primaria con doctorado en biología molecular cuyo mundo está al borde del colapso por un microorganismo alienígena. Tras ser interceptado por una misión internacional, descubre que es pieza clave en un plan para salvar a la humanidad, aunque la solución se encuentre en otra galaxia.
La película se presenta como una pieza de entretenimiento rotunda: cómoda, con efectos especiales de punta y secuencias de acción emocionantes que siguen el librito de los blockbusters hollywoodenses. Sin embargo, “Proyecto Fin del Mundo” evitaría ser convencional y aburrida gracias a un giro narrativo crucial.
El giro temático: De la catástrofe a la ‘buddy movie’
En cierto punto, el relato se transforma en una “buddy movie” (película de amigos), adquiriendo así sus lecturas más interesantes. Bajo la dirección de los creadores de “The Lego Movie” y “21 Jump Street”, y con guionistas de “Spider-Man: A través del Spiderverso”, el filme deviene una aventura sobre:
- Estrechar lazos y superar el miedo a la otredad.
- La complejidad de expandirnos más allá de nosotros mismos.
- Cómo el “yo” es insuficiente para arreglar problemas globales, necesitando del “otro” y sus diferencias.
- La idea de que, combinando conocimientos, tradiciones y voluntades, podemos aspirar a algo más grande.
Es, además, una reflexión sobre procurar el bienestar propio sin descuidar el ajeno. Aquí es donde la cinta abandona su acartonamiento inicial y se vuelve genuinamente disfrutable.
Un mensaje ‘pop’ con profundidad
Al ser una producción comercial, el discurso se ejerce con un carácter ligero y placentero, pero el mensaje está ahí, sembrado para quien quiera reflexionar. Basada en la novela de Drew Goddard, cuya ventas seguramente se dispararán, “Proyecto Fin del Mundo” probablemente será etiquetada por la crítica como “una película de ciencia ficción con corazón”.
La cinta tiene la factura de una pieza épica, con esa vibra de “es más grande que la vida”. Aunque no ofrece nada original, Lord & Miller se apegan solventemente a las máximas de que “no hay nada nuevo bajo el sol” y “nadie inventa el hilo negro”, logrando seducir al espectador mediante una narrativa familiar, inmediata y accesible.
Inspiración científica y esperanza colectiva
Con suerte, más allá de la reflexión sobre la otredad, “Proyecto Fin del Mundo” podría inspirar a los jóvenes a ver la ciencia como un camino viable para aportar a la humanidad o a su comunidad inmediata. Celebramos tener en cartelera una película hípercomercial que invita a creer nuevamente en la ciencia como recurso transformador, en la tecnología como espada y escudo para el bien común, en vez de usarla para la destrucción mutua.
Esta odisea galáctica aborda la voluntad humana y la toma de decisiones correctas en momentos difíciles, usando el conocimiento como palanca. Porque, al final, estamos juntos en esto, y solo mediante la colaboración y el respeto a las diferencias podremos enfrentar los desafíos que nos aquejan, tanto en la pantalla como en la vida real.
