Beatriz Rivas revela los secretos de 'El último viaje', una novela sobre la familia y la memoria
La escritora mexicana Beatriz Rivas confiesa que la canción de los Beatles que más le emociona es "All you need is love", una elección que trasciende lo musical para convertirse en el corazón de su más reciente obra literaria. "El último viaje" se presenta como una novela cómplice que narra la fabulosa odisea de la vida cotidiana, con sus penumbras y alumbramientos, esa existencia alimentada por la emoción de hacer y sentir.
Una familia al borde del abismo
La trama gira en torno a los esposos Gaspar y Antonia, junto a sus hijos Nicolás y Roberta, quienes emprenden un viaje familiar por Estados Unidos que será el último. El diagnóstico de alzheimer para Gaspar marca un punto de inflexión: pronto dejará de ser el pizzero con gran memoria, el creador de un imperio comercial, el hombre que disfrutaba tanto de museos como de partidos de fútbol los domingos.
Antonia, filósofa y escritora cuyos textos ya no reciben la valoración deseada, acompaña a su esposo en este proceso. Nicolás carga con la culpa de haber permitido que un grupo de alumnos violara a Hannah durante su época escolar, mientras que Roberta, montañista diagnosticada con fibrosis pulmonar, necesita urgentemente un trasplante para sobrevivir.
La grandeza en los detalles cotidianos
La grandeza de la novela radica en esa complicidad con el lector para descubrir los detalles en cada párrafo de esa odisea que es la vida diaria. "Es esa donde algunas veces hacemos lo que no nos gusta, lo que debemos o lo que dicen que es políticamente correcto", explica Rivas. "Otras, hacemos lo que nos gusta, lo que queremos, lo que nos emociona".
Los protagonistas saben que pronto no podrán moverse, no realizarán las cosas que les emocionan ni las que detestan. "Lo que da sentido a la vida es que te puedas mover, que puedas pensar, que puedas actuar libremente", reflexiona la autora. "Me parece fabulosa esta reflexión, que además te hace menos difícil la muerte".
El movimiento como evolución y esperanza
Para Rivas, el movimiento representa evolución. "Si tomas esa evolución como crecimiento y la manera de seguir vivo, sí. Moverse hacia algún lado con un sentido", afirma. Sin embargo, aclara que no se trata solo de movimiento físico: "hay gente que no se puede mover y, sin embargo, está más vivo que muchos de nosotros".
La autora considera fundamental mantener la lucidez mental en edades avanzadas: "seguir teniendo esperanzas y razones para estar vivo, tener planes que te emocionen, que te sigas sorprendiendo de lo que hay en el mundo. Creo que eso es estar vivo". En contraste, "la gente que deja de emocionarse y sorprenderse, ya está preparada para morir".
Los lazos familiares como red de protección
En la novela, el gusto por vivir se encuentra dentro de los lazos familiares y el cariño. "Son nuestra red de protección", señala Rivas. "Es más fácil soportar los quebrantos, las heridas, los fracasos, las culpas, los remordimientos cuando tienes gente a tu lado que te quiere, te apoya y está contigo".
Los cuatro personajes, obligados a convivir casi las veinticuatro horas del día durante el viaje, descubren lo importantes que son los unos para los otros. Esto permite a Nicolás confesar la culpa que carga desde adolescente, mientras Roberta revela el secreto que la estaba deprimiendo.
Humor y ternura frente a la adversidad
La odisea cotidiana presenta momentos de humor sensacional, como cuando Gaspar busca poner fin a su vida y dice: "Y qué tal si como en esa película, donde la protagonista tiene Alzheimer, se me olvida tomarme el veneno y no me muero".
"No buscaba hacer un melodrama donde todos están cargando cosas duras", explica la autora. "Pero además del humor, hay mucha ternura y gusto por lo que es la vida".
El camino como verdadero valor
La novela aborda también el fin de la casa familiar y la jacaranda que representan las raíces de esa familia. Para Rivas, "el camino es lo que vale la pena". A pesar de las vicisitudes, "no es una novela que te deje triste, es una historia tierna y finalmente, una novela optimista, realista de lo que la mayoría vivimos".
Inspiración personal y reflexión generacional
La autora imaginó esta novela al cumplir sesenta años, reflexionando sobre el proceso de envejecimiento. "De pronto soy la que cumplo sesenta y no me siento vieja, al revés", confiesa. "Entonces dije: A ver, ¿cómo es eso de ir asimilando la vejez y los cambios?".
Observar a sus padres envejecer fue otro detonante: "Una etapa difícil, cuando miras al sostén de tu vida, a tus raíces, a los que te mantuvieron, a los que te dieron vida... que empiezan ir para abajo y no hay reversa".
Los placeres diarios como gran aventura
En la novela, incluso todo el dinero que tiene Gaspar pasa a segundo plano. "Lo que le importa es ir a ver un cuadro a un museo, comer bien, estar con su familia, ver fútbol por la tv los domingos, disfrutar una buena copa de vino o whisky".
"Estos cuatro personajes gozan las cosas que podemos disfrutar cualquiera, esa es una gran aventura", afirma Rivas. "Por eso, el chiste de la vida está en los placeres diarios: primero en abrir los ojos y darte cuenta que sigues viva o vivo, en desayunar algo rico, en disfrutar el trabajo".
La autora celebra incluso su Ciudad de México "con todos sus problemas", porque representa el lugar donde puede "llegar a un lugar y comer con los amigos, ver e ir a diferentes sitios". Finalmente, reconoce que "la vida, por otro lado, puede ser tan fácil como tirarte en un sillón, descansar y ver tu serie para que se te olviden todos tus problemas".



