Glantz y Poniatowska: un diálogo íntimo sobre infancia, escritura y cambio social
Glantz y Poniatowska comparten vida e ideas en conversatorio

Un encuentro entre dos voces esenciales de la literatura mexicana

En un conversatorio lleno de humor y profundidad, las escritoras Margo Glantz y Elena Poniatowska compartieron ayer sus experiencias de vida, reflexiones sobre la escritura y perspectivas sobre los cambios sociales en México. El evento, titulado Mujeres que escriben, mundos que cambian, se llevó a cabo en el marco de la quinta Feria Internacional del Libro de Coyoacán, que concluye hoy.

Una charla marcada por la ironía y la complicidad

Con una sonrisa en los labios, Margo Glantz inició la conversación con una declaración irónica: "No soy como Elena. Ella es la voz de México y yo soy la voz apagada de México, chiquitita, chiquitita. Ella es bestseller y yo longseller". Esta frase, cargada de autocrítica y buen humor, estableció el tono para un diálogo íntimo entre dos figuras nonagenarias de las letras mexicanas.

Durante el encuentro, las narradoras evocaron sus infancias, recordaron a amigos intelectuales y discutieron las transformaciones en el papel de la mujer en la sociedad. Elena Poniatowska, quien comenzó su carrera periodística en 1953 en el diario Excélsior, compartió una anécdota reveladora: "Si las señoras se sentaban con faldas demasiado cortas, me daban un pincel o una pluma de tinta negra para bajarles las faldas por encima de las rodillas".

Infancias contrastantes y aprendizajes vitales

Las trayectorias personales de ambas autoras mostraron marcadas diferencias. Poniatowska narró su educación en un convento de monjas en Filadelfia, Estados Unidos, un entorno que describió como "una infancia no ligada a México". Reconoció que descubrió figuras como Emiliano Zapata bastante tarde en su vida, y afirmó que su verdadero aprendizaje provino de "los que vivían en la calle".

Por su parte, Margo Glantz ofreció un relato de una niñez marcada por la precariedad y el constante movimiento: "Yo viví en la calle. Teníamos una vida precaria... Cambiábamos de casa y escuela tres veces al año". A pesar de las dificultades, Glantz destacó que esta experiencia le permitió conocer "el mundo popular", viviendo en barrios como Tacuba, Clavería y la Guerrero, lo que describió como una mezcla de fortuna y desafío.

Reflexiones sobre la mujer y la sociedad contemporánea

Al abordar el tema de la mujer, Glantz sentenció con contundencia: "todos los días son Día de la Mujer", una afirmación con la que Poniatowska mostró su total acuerdo. Este momento resumió la visión compartida de ambas escritoras sobre la importancia continua de la lucha por la igualdad de género.

El conversatorio no solo fue un recorrido por las memorias personales, sino también una reflexión sobre cómo el periodismo y la literatura han documentado y transformado la realidad social. Las anécdotas graciosas y las confesiones íntimas tejieron un relato conmovedor que dejó al público con una profunda apreciación por el legado de estas dos iconos literarias.