László Krasznahorkai, Nobel 2025, critica el poder y defiende el arte en Barcelona
Krasznahorkai, Nobel 2025, critica poder y defiende arte

El Nobel húngaro Krasznahorkai defiende el arte frente a la tecnología y el poder

El escritor húngaro László Krasznahorkai, Premio Nobel de Literatura 2025, realizó su primera aparición pública fuera de Hungría tras recibir el galardón en Estocolmo, en una conferencia de prensa en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona transmitida vía digital por la editorial Acantilado.

El arte como elevación humana frente a la tecnología

"La calidad humana de una persona no depende de la tecnología, sino del arte", declaró Krasznahorkai durante el evento. El autor de Tango satánico y Melancolía de la resistencia contrastó las ambiciones tecnológicas contemporáneas con el poder transformador del arte.

"Mientras el programa de Elon Musk piensa en llevar a la gente fuera de la Tierra y nunca volver, el arte puede producir un efecto distinto: puede hacer volar a un lector a un espacio libre y devolverlo a la Tierra, donde come, duerme, nace...", explicó el escritor.

Una literatura sin prototipo de lector

Krasznahorkai reconoció que su literatura carece de un prototipo de lector definido. "Es otro tipo de esfuerzo leer mis libros", admitió, comparando su obra con la de autores como Samuel Beckett, quienes "siempre han intentado alcanzar lo más alto".

El escritor lamentó el panorama cultural actual, dominado por lo que produce Hollywood. "Ahora mismo son tan populares todas esas baratijas que no se podían imaginar hace 40 años", criticó, señalando que estos productos "son los peores enemigos de la literatura".

Rebeldía frente al poder y reflexiones sobre Hungría

El autor se definió como alguien que "no se lleva muy bien con el poder". "El poder es muy limitado y siempre está relacionado con el dinero, lo cual no hace la felicidad, aunque tampoco la falta de dinero la da", reflexionó.

Al ser cuestionado sobre la Hungría que retrata en sus libros, Krasznahorkai describió un país tangible pero difícil. "He trabajado con la Hungría en la que nací, que no conservaba muchas cosas buenas para los que vivían ahí", recordó, mencionando que el comunismo en los años 50 era "un teatro de títeres del Kremlin".

La miseria y la alta calidad del arte

El escritor abordó su frecuente exploración de la miseria en sus obras, aunque aclaró que también escribe "sobre la alta calidad del arte a la que uno puede sujetarse".

"La miseria me indigna tanto, incluso si sólo se tratara de una persona", expresó, añadiendo que en las últimas dos décadas no ha leído libros que traten sobre personas que han perdido toda su dignidad, un tema que considera podría haber sido "el objeto de toda mi vida y de toda mi obra".

Krasznahorkai concluyó reafirmando su convicción en el arte como elevación humana, contrastándolo con las limitaciones del poder y la tecnología, en una aparición que marcó su reencuentro con el público internacional tras el máximo reconocimiento literario.