La literatura como defensa del último río vivo de México
La escritora y abogada mexicana Luisa Reyes plantea una pregunta provocadora en su más reciente obra literaria: "¿Un río puede secuestrar a una persona para salvarse a sí mismo?". Esta interrogante da vida a 'Mal de río', una novela donde el caudaloso Usumacinta -el último río vivo de México- se convierte en protagonista que resiste la amenaza de presas hidroeléctricas y la captura por la huella humana.
La imposibilidad jurídica de defender un río
"En el derecho mexicano no puedes defender a un río; tienes que defender a las poblaciones aledañas o a especies endémicas, pero no existe la posibilidad de decir: 'este río tiene el derecho de vivir'", explica Reyes a EFE sobre la inquietud central que motivó su obra. La autora, de 47 años, descubrió esta limitación legal mientras investigaba para su novela, revelando una brecha significativa en nuestra legislación ambiental.
Al visitar las tempestuosas orillas selváticas del Usumacinta -que se extiende por Chiapas, Tabasco, Campeche y la frontera con Guatemala- Reyes comprendió que la literatura contemporánea "necesita imaginar no solo el fin del mundo, sino el fin del capitalismo". Esta epifanía literaria y ecológica dio forma a una narrativa que combina el realismo mágico con la crítica social más punzante.
Marcia Corona: una abogada contra corriente
Con esta visión, Reyes creó a Marcia Corona, una prestigiosa abogada que gana un litigio relacionado con la construcción de una presa en el Usumacinta, solo para ver cómo el machismo imperante en el ámbito jurídico demerita su trabajo y termina apartándola del caso. Corona personifica la lucha contracorriente, al punto de intentar enfrentar las aguas del poderoso río.
"Nada hay más fuerte que ese río resguardado por la Selva Maya", asegura la autora, explicando por qué "nadie ha podido instalarle una presa" al Usumacinta, a pesar de los intentos desde mediados del siglo pasado por parte del Gobierno mexicano y el sector privado, particularmente en Boca del Cerro, Tenosique, Tabasco.
La resistencia ambiental y la voz del río
Del combate literario entre Marcia y el Usumacinta, surge un momento transformador: la protagonista logra, por primera vez, escuchar las palabras del río en forma de poesía y sueños escritos en un lenguaje "experimental" que trasciende las estructuras tradicionales de sujeto, verbo y predicado.
"A Marcia se le mete el río al cuerpo y, aunque quiere continuar con su venganza personal, también desea defender esas aguas", detalla Reyes sobre el punto de inflexión narrativo donde lo personal se funde con lo ecológico.
La peligrosa realidad de defender la tierra en México
La novela enfrenta a sus personajes con la violenta realidad de defender el territorio en México. A través de Príamo Zepeda, personaje ficticio que representa la lucha real de quienes han protegido el Usumacinta desde tiempos mayas, Reyes refleja los riesgos actuales.
"En México, al defender la vida puedes perderla o terminar desplazado por las propias consecuencias medioambientales", subraya la autora, recordando que solo durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) fueron asesinados 102 defensores del medio ambiente.
Documentación real como base literaria
La investigación para 'Mal de río' incluyó material documental proporcionado por el activista Pedro Cervantes, quien compartió con Reyes un archivo con "sentencias, demandas, notas periodísticas y cartas a las autoridades" que, según admite la escritora, "fue la base de este libro".
"La lucha sigue, como me enseñó el activista Pedro Cervantes", agrega Reyes, destacando cómo la realidad social alimenta su creación literaria.
Un lenguaje dual: poético y jurídico
Finalmente, Reyes confiesa que con 'Mal de río' busca crear un diálogo accesible utilizando tanto el lenguaje poético como el jurídico. Su objetivo es "acercar esta conversación" al público general, haciendo comprender que "el agua de un río es tan importante como la sangre que corre por nuestras venas".
La novela se presenta así como un puente entre el activismo ambiental, la crítica social y la creación literaria, ofreciendo una defensa literaria donde la ley aún no llega, y recordando que algunos ríos merecen tener voz propia en nuestro imaginario colectivo y en nuestra legislación.



