Scherer: Generosidad económica y parquedad informativa en el exilio de unomásuno
Scherer: Claroscuros en el apoyo a periodistas exiliados

El doble rasero de Scherer: Dinero sin titulares

La figura de Julio Scherer García, director del semanario Proceso, se recuerda con matices de generosidad y parquedad en un episodio clave del periodismo mexicano. En diciembre de 1983, tras diferencias editoriales con Manuel Becerra Acosta, quien tomó el control accionario de unomásuno, un grupo de periodistas destacados, incluidos Miguel Ángel Granados Chapa, Carmen Lira, Héctor Aguilar Camín, Carlos Payán y Humberto Musacchio, abandonaron el diario con la idea de fundar un nuevo medio.

Un exilio sin recursos

La salida masiva dejó a muchos sin empleo ni ingresos, agravándose cuando decenas de articulistas y reporteros siguieron el mismo camino. En una asamblea, los emigrados acordaron crear un nuevo órgano periodístico, pero la falta de fondos era un obstáculo insalvable. Para financiar el proyecto y proporcionar ingresos temporales, se ideó vender acciones al público, con los desempleados como vendedores.

Con el apoyo de Lilia Rossbach, sobrina de Manuel Suárez, se consiguió un salón en el entonces inconcluso Hotel de México para una reunión informativa. Sin embargo, ningún medio había cubierto la crisis de unomásuno, siguiendo la máxima gremial de perro no come carne de perro. Musacchio fue comisionado para solicitar a Scherer la publicación de una convocatoria en Proceso, prometiendo pagar el costo del desplegado una vez reunidos los fondos.

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La recepción efusiva y la decepción informativa

Scherer recibió a Musacchio con una efusividad desconcertante, ofreciendo apoyo total: Esta revista es suya, es de ustedes. Díganme qué necesitan, aquí estoy, aquí estamos para servirles. Musacchio salió encantado, esperando no solo el anuncio, sino una cobertura amplia del asunto en la reconocida revista.

Sin embargo, la realidad fue distinta. El lunes siguiente, Proceso publicó el desplegado a plana completa con la convocatoria, pero en la página opuesta, en un recuadro de apenas una pulgada, apareció una nota microscópica sobre el tema. Miguel Ángel Granados Chapa comentó que así se las gastaba Scherer, sugiriendo una relación de amor-odio entre Scherer y Becerra Acosta que se manifestaba de maneras extrañas.

Éxito financiero, sabor amargo

La reunión fue un éxito, con alrededor de cinco mil asistentes que pagaron entrada y una buena venta de acciones, proporcionando un impulso crucial al proyecto. No obstante, quedó un sabor amargo entre los periodistas, pues Scherer se mostró generoso en el apoyo económico, pero tacaño en la cobertura informativa, un contraste que define los claroscuros de su legado.

Este episodio subraya las complejidades del periodismo mexicano en los años 80, donde las alianzas y rivalidades personales a menudo influían en la difusión de noticias, incluso entre colegas comprometidos con la libertad de expresión.

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