El legado imperecedero de Vargas Llosa: La cultura como sustento del alma
Al concluir la lectura de cualquier obra de Mario Vargas Llosa —ya sea una novela monumental, un cuento revelador o una compilación de ensayos—, surge inevitablemente una convicción profunda: la cultura constituye el alimento esencial del alma, o si se prefiere, de nuestra mente en su dimensión más elevada. Este sustento fundamental de la personalidad humana, tanto en su aspecto moral como intelectual, representa aquello que nos permite trascender la mera existencia para alcanzar una vida plena. Los griegos antiguos lo denominaban eudaimonía: el florecimiento humano supremo.
La cultura como religión secular en tiempos modernos
En nuestra época contemporánea, frecuentemente caracterizada por su frialdad emocional y falta de brújulas éticas claras, donde el rigor científico ha desplazado a los dogmas tradicionales y el individualismo extremo cuestiona las herencias culturales, la adquisición de cultura se transforma en la religión de quienes carecen de fe convencional. Para Vargas Llosa, agnóstico declarado y librepensador hasta sus últimos días, esta fue una verdad fundamental. Siguiendo el ejemplo de su maestro literario Gustave Flaubert, consagró su existencia al culto apasionado de la belleza literaria.
Sin embargo, el autor peruano desarrolló simultáneamente un compromiso ilustrado firme y constante con los asuntos públicos de su tiempo. En este aspecto, se mantuvo fiel a la tradición intelectual de figuras como André Malraux, Raymond Aron, Albert Camus y, especialmente, su héroe juvenil Jean-Paul Sartre. Vargas Llosa logró así una síntesis extraordinaria: unió la creación literaria con la crítica política y cultural, dos actividades que ejerció con una pasión difícilmente igualable y que, lejos de contradecirse, se complementaban de manera orgánica.
La devoción contagiosa por el mundo de las ideas
La devoción que el creador de Conversación en La Catedral (1969) profesaba hacia la cultura en todas sus manifestaciones posibles resultaba palpable en cada uno de sus libros, artículos periodísticos y apariciones públicas. Fernando Savater denominó acertadamente esta experiencia como una especie de "cocaína espiritual" —refiriéndose originalmente a El arco y la lira de Octavio Paz— que nos proporciona el ánimo necesario para confrontar la miseria y mediocridad que abundan en nuestro mundo, permitiéndonos vislumbrar la posibilidad de una existencia más auténtica y satisfactoria.
La partida física de Mario Vargas Llosa el 13 de abril de 2025 representa una pérdida irreparable para la cultura latinoamericana y, en un sentido más amplio, para la cultura universal. Como escribió Carlos Granés en el prólogo a Un bárbaro en París. Textos sobre la cultura francesa (Alfaguara, 2023): "queriendo ser un escritor francés, acabó convirtiéndose en un peruano universal". París fue precisamente el escenario donde Vargas Llosa escribió sus dos primeras novelas y donde se forjó definitivamente como escritor, impregnándose de la literatura francesa del siglo XIX cuya riqueza y variedad —con exponentes como Balzac, Flaubert, Stendhal, Baudelaire, Lautréamont y Rimbaud— consideraba incomparable.
La defensa quijotesca de la palabra escrita
En nuestra era actual, donde el mundo audiovisual carece de contrapesos significativos —incluso las novelas contemporáneas tienden a imitar las estructuras de las series televisivas, mientras las pantallas de todo tipo erosionan progresivamente nuestra capacidad de atención, afectando por igual a niños que aún no aprenden a leer y a adultos mayores jubilados—, la voz del intelectual que defiende con resolución quijotesca la primacía de la palabra escrita y hablada se vuelve más urgente que nunca.
Vargas Llosa argumentaba con claridad: "Algunos dirán que el cine y la televisión cumplen, en este siglo, la función de las antiguas novelas. (...) Sin desprecio alguno, y reconociendo la gran afición que hay por el cine en nuestro tiempo, es preciso reconocer la superioridad intelectual de la literatura, de las palabras y las ideas sobre las imágenes que dejan una huella bastante pasajera en nuestra mente".
La lectura como experiencia transformadora
Leer a Vargas Llosa —y por extensión, a cualquier clásico literario o filosófico— no constituye un mero entretenimiento destinado a ahuyentar el tedio momentáneo, como podría ser encender el televisor o revisar compulsivamente las redes sociales. Se trata más bien de una experiencia profundamente transformadora diseñada para enriquecer nuestras vidas de manera permanente.
La enseñanza fundamental que nos lega el Nobel peruano es que defender la cultura —con su carácter universal, y la lucidez y recogimiento que exige— frente a la dispersión mental y la inmediatez superficial de la imagen digital y las redes sociales equivale a preservar lo mejor que la civilización humana ha construido, a pesar de nuestro persistente tribalismo irracional: el espíritu crítico independiente y la pasión inquebrantable por la libertad intelectual.



