Dave Mustaine y Megadeth ofrecieron dos noches inolvidables en la Arena Ciudad de México como parte de su gira This Was Our Life, que marca su despedida de los escenarios. El público, consciente de la despedida, llenó el recinto con una mezcla de nostalgia y euforia.
Una noche de despedida
La Arena Ciudad de México comenzó a llenarse horas antes del concierto. En los pasillos se mezclaban camisetas de distintas épocas de Megadeth, chaquetas con parches desgastados y grupos que repasaban discos completos mientras buscaban su lugar. Había seguidores que crecieron escuchando a Mustaine en los años ochenta y otros que veían a la banda por primera vez. Entre conversaciones, una idea recurrente: la sensación de estar ante una de las últimas visitas de Megadeth a México.
Esa percepción acompañó toda la noche. Mustaine ha hablado en repetidas ocasiones sobre el cierre de la banda y una gira final. Nadie en la Arena parecía ignorarlo. Muchos grababan el escenario vacío antes del inicio, fotografiaban los instrumentos o levantaban la mercancía recién comprada, como si intentaran guardar algo más que un recuerdo habitual.
El concierto: clásicos y energía
Cuando las luces se apagaron, miles de personas levantaron los brazos mientras Megadeth arrancaba con Tipping Point, seguida de The Conjuring y Hangar 18. El sonido seco de las guitarras transformó la pista en un espacio de empujones, círculos de moshpit y puños al aire. Desde las gradas se veía cómo distintas generaciones seguían las canciones de memoria: padres señalaban el escenario a sus hijos, grupos de amigos cantaban riffs completos antes de que llegaran las letras.
Mustaine apareció con la misma figura sobria que ha mantenido durante décadas. Caminó poco, habló menos y dejó que el peso del concierto recayera sobre las canciones. She-Wolf, Sweating Bullets, Skin o' My Teeth, Hook in Mouth y Symphony of Destruction mantuvieron a la Arena en movimiento constante. El público cantó cada coro con una intensidad que por momentos cubría la voz del escenario.
La conexión entre banda y audiencia también se construyó desde los detalles. Cada vez que Mustaine se acercaba al frente, decenas de teléfonos aparecían para registrar el momento. Muchos asistentes mantuvieron la cámara encendida durante canciones completas, más atentos a conservar la imagen que a obtener un video perfecto. El ambiente tenía algo distinto a una visita rutinaria: entusiasmo, pero también atención constante a cada movimiento, pausa y agradecimiento.
Momentos inolvidables
Uno de los momentos más intensos llegó con Tornado of Souls. El centro de la pista se abrió mientras cientos de personas seguían el riff principal con los brazos en alto. Después llegó Mechanix y más tarde Ride the Lightning, tema compuesto por Mustaine durante su paso por Metallica y convertido en una de las canciones más celebradas por los fans, ahora que finalmente la reclamó como propia en el último disco de Megadeth. La manera en que la Arena acompañó cada riff dejó claro el peso de la agrupación entre distintas generaciones de metaleros.
Mustaine habló poco, pero cada intervención provocó una ovación larga. “Gracias por tantos años” expresó en uno de los momentos más celebrados de la noche. Más adelante agradeció directamente al público mexicano por mantenerse cerca de la banda durante décadas. Desde distintos sectores comenzaron a escucharse gritos con el nombre de Megadeth mientras sonaban los primeros acordes de Peace Sells.
El cierre
El final llegó con Holy Wars… The Punishment Due. La Arena completa siguió la canción, mientras las luces blancas recorrían las gradas y la pista seguía moviéndose entre empujones y saltos. Cuando Megadeth abandonó el escenario, muchas personas permanecieron quietas observando el espacio vacío antes de salir lentamente hacia los pasillos. Afuera seguía el ruido habitual de la ciudad. Adentro quedaba la sensación de haber asistido a un concierto atravesado por el paso del tiempo y por una pregunta que acompañó toda la noche: ¿cuánto falta para que una banda histórica como Megadeth deje de volver?



