Mausoleo: Una experiencia teatral que desafía las convenciones narrativas
Para el público que consume teatro de manera esporádica, existe una expectativa común: que toda puesta en escena presente una historia clara, con una línea narrativa definida y un mensaje fácilmente identificable. Se espera salir del recinto con una idea concreta, capaz de articular un discurso interpretativo relativamente ordenado. Sin embargo, existen propuestas escénicas que desafían frontalmente esta lógica, y Mausoleo se erige como un ejemplo paradigmático de esta ruptura.
El sueño febril como territorio escénico
En esta obra, nada parece tener un sentido evidente y, lejos de resultar confuso por descuido, esta ausencia de certeza se convierte en el núcleo mismo de la experiencia. Mausoleo se vive como un "sueño febril": un espacio donde las imágenes, los sonidos y los cuerpos no buscan narrar, sino provocar sensaciones intensas y perturbadoras.
Los personajes carecen de nombres y de una identidad definida; su presencia es más simbólica que dramática. No están ahí para representar individuos concretos, sino para activar emociones y reflexiones en el espectador. La obra construye una atmósfera marcada por lo ominoso, ese territorio ambiguo donde lo familiar se vuelve inquietante y lo cotidiano adquiere una resonancia perturbadora.
La muerte como transformación ambigua
Una de las escenas más potentes muestra un desnudo que se disuelve lentamente para dar paso a una guardia de seguridad, quien, de manera súbita, sufre una convulsión y parece morir. Sin embargo, en Mausoleo nada es completamente seguro: la muerte no es un punto final, sino una transformación ambigua. La guardia parece trasladarse a una dimensión alterna, un "más allá" desde donde continúa comunicándose a través de su radio.
Este objeto, convertido en puente entre mundos, es escuchado por el nuevo guardia, quien poco a poco va perdiendo la cordura, atrapado en una escucha que lo conduce al extravío mental y emocional. La frontera entre lo real y lo irreal, entre el sueño y la vigilia, se vuelve cada vez más porosa a lo largo de la obra.
El espacio museístico como generador de extrañeza
El espacio escénico, concebido como un museo, refuerza la sensación de distanciamiento y extrañeza. Tres turistas recorren el lugar, graban con sus dispositivos y señalan insistentemente algo que el espectador no alcanza a ver. Este gesto introduce una capa adicional de inquietud: la sospecha constante de que hay algo fundamental que se nos está negando.
Así, la mirada se vuelve incompleta, fragmentaria, siempre en falta. La rutina —encarnada en los recorridos turísticos, en la vigilancia, en la repetición de acciones— se funde con lo extraño, generando una simbiosis perturbadora que desestabiliza cualquier intento de comodidad por parte del público.
La ausencia como presencia insistente
Partiendo de la premisa de Georges Didi-Huberman, según la cual aquello que miramos nos devuelve siempre una imagen en espejo, la obra reflexiona sobre la ausencia. No como un vacío limpio o un simple hueco, sino como una presencia insistente que retorna, que se niega a desaparecer.
A través de atmósferas que dialogan con el silencio, la quietud y la penumbra, se abre un territorio donde lo simbólico y lo siniestro se filtran de manera persistente, obligando al espectador a confrontar aquello que normalmente prefiere mantener al margen de su conciencia.
Un espacio para la contemplación incómoda
En este proceso, el espacio museístico comienza a descomponerse, revelando su verdad orgánica y sus tensiones internas. Se delimita así un lado A y un lado B: un umbral frágil donde lo vivo y lo muerto, lo visible y lo invisible, se entrelazan de manera inextricable.
En ese intersticio —casi imperceptible, como una luz tenue o un hilo de arena suspendido en el aire— emerge un espacio para la contemplación. Un lugar incómodo, pero profundamente sugerente, que invita a sostener la mirada justo allí donde lo familiar se vuelve extraño y perturbador.
Créditos y producción
Mausoleo cuenta con un equipo creativo destacado:
- Concepto y dirección: Natasha Barhedia
- Concepto y performance: Alejandro Mendicuti, Héctor Jiménez Castillo, Roberto Cárdenas, Sophia Barba Heredia, Natalia Martínez Mejía y Natalia Gómez
- Concepto y diseño de iluminación: Nano Cano
- Diseño de vestuario: Héctor Jiménez
- Diseño sonoro y composición: Janine Jop
- Composiciones vocales: Natalia Gómez
- Voz en off: Roberto Cárdenas y Erick Guillén Torres
- Investigación textual: Sophia B. Heredia
- Escritura: Roberto Cárdenas y Sophia B. Heredia
La obra forma parte del proyecto DOPPEL DOPPEL GANGER GANGER y ha sido posible gracias al apoyo del programa Habita la Escena 2025 de la Secretaría de Cultura de Jalisco, en la modalidad Residencias Técnicas.
Mausoleo no es una obra para sentirse cómodo. No ofrece respuestas claras ni un relato tranquilizador. Su potencia reside, precisamente, en la inquietud que provoca, en la persistencia de sus imágenes y en la sensación de desasosiego que acompaña al espectador incluso después de abandonar la sala. Es una experiencia escénica que interpela, perturba y exige una disposición abierta, capaz de aceptar la incertidumbre como forma legítima de conocimiento artístico.



