Mausoleo: La obra teatral que desafía la narrativa convencional y sumerge en lo ominoso
Mausoleo: Teatro que desafía la narrativa y explora lo ominoso

Mausoleo: Una experiencia teatral que transgrede las convenciones narrativas

Para el público que consume teatro de manera esporádica, existe frecuentemente la expectativa de que toda puesta en escena presente una historia clara, con una línea narrativa bien definida y un mensaje fácilmente identificable. Se espera salir de la función con una idea concreta en mente, capaz de articular un discurso interpretativo relativamente ordenado. Sin embargo, existen propuestas escénicas que desafían frontalmente esta lógica convencional, y Mausoleo se erige como un ejemplo paradigmático de esta transgresión.

El sueño febril como territorio escénico

En esta obra, nada parece tener un sentido evidente o inmediato. Lejos de resultar confuso por descuido o falta de oficio, esta ausencia deliberada de certezas se convierte en el núcleo fundamental de la experiencia teatral. Mausoleo se vive como un auténtico "sueño febril": un espacio donde las imágenes, los sonidos y los cuerpos en escena no buscan narrar una historia lineal, sino provocar sensaciones intensas y ambiguas.

Los personajes carecen de nombres y de identidades definidas; su presencia es más simbólica que dramática. No están ahí para representar individuos concretos con motivaciones claras, sino para activar en el espectador estados emocionales complejos. La obra construye meticulosamente una atmósfera marcada por lo ominoso, ese territorio ambiguo donde lo familiar se vuelve inquietante y lo cotidiano adquiere resonancias perturbadoras.

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La ambigüedad como principio estructural

Según la definición de la Real Academia Española, lo ominoso es aquello "de mal agüero, azaroso, abominable o que presagia un futuro desdichado". Esta conceptualización encuentra en la puesta en escena de Mausoleo un correlato sensible y palpable: todo parece estar constantemente al borde de algo terrible, aunque nunca se explicite completamente la naturaleza de esta amenaza.

Una de las escenas más potentes muestra un desnudo que se disuelve lentamente para dar paso a un guardia de seguridad, quien, de manera súbita e inesperada, sufre una convulsión violenta y parece morir. Sin embargo, en el universo de Mausoleo nada es completamente seguro ni definitivo: la muerte no representa un punto final, sino una transformación ambigua y enigmática.

El espacio como personaje ominoso

El guardia parece trasladarse a una dimensión alterna, un "más allá" desde donde continúa comunicándose a través de su radio de seguridad. Este objeto cotidiano se convierte en un puente inquietante entre mundos, siendo escuchado por el nuevo guardia que lo reemplaza, quien poco a poco va perdiendo la cordura, atrapado en una escucha obsesiva que lo conduce al extravío mental.

El espacio escénico, concebido como un museo, refuerza intensamente la sensación de distanciamiento y extrañeza. Tres turistas recorren el lugar, graban con sus dispositivos móviles y señalan insistentemente algo que el espectador no alcanza a ver nunca. Este gesto repetitivo introduce una capa adicional de inquietud: la sospecha constante de que hay algo fundamental que se nos está negando deliberadamente.

La mirada fragmentada y la rutina perturbadora

Así, la mirada del espectador se vuelve incompleta, fragmentaria, siempre en falta. La rutina —encarnada en los recorridos turísticos mecánicos, en los turnos de vigilancia, en la repetición obsesiva de acciones— se funde con lo extraño y ominoso, generando una simbiosis perturbadora que desestabiliza cualquier intento de comodidad o comprensión lineal.

La porosidad entre realidad y sueño

A lo largo de la obra, la frontera entre lo real y lo irreal, entre el sueño y la vigilia, se vuelve cada vez más porosa y difusa. Al inicio, estas dimensiones parecen claramente separadas, como si entráramos y saliéramos periódicamente de un sueño. Pero conforme avanza la puesta en escena, ambas se mezclan progresivamente hasta volverse completamente indistinguibles, atrapando al espectador en un estado de incertidumbre constante y desasosiego creciente.

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La ausencia como presencia insistente

Mausoleo no busca ofrecer certezas reconfortantes ni resoluciones tranquilizadoras; por el contrario, insiste persistentemente en la ambigüedad, en la incomodidad y en la imposibilidad radical de una lectura única. Partiendo de la premisa filosófica de Georges Didi-Huberman, según la cual aquello que miramos nos devuelve siempre una imagen en espejo, la obra reflexiona profundamente sobre la ausencia.

No como un vacío limpio o un simple hueco, sino como una presencia insistente que retorna obsesivamente, que se niega a desaparecer. A través de atmósferas que dialogan constantemente con el silencio, la quietud y la penumbra, se abre un territorio escénico donde lo simbólico y lo siniestro se filtran de manera persistente, obligando al espectador a confrontar aquello que normalmente preferiría mantener al margen de su conciencia.

La descomposición del espacio museístico

En este proceso de confrontación, el espacio museístico comienza gradualmente a descomponerse, revelando su verdad orgánica y sus tensiones internas ocultas. Se delimita así un lado A y un lado B: un umbral frágil y poroso donde lo vivo y lo muerto, lo visible y lo invisible, se entrelazan inextricablemente.

En ese intersticio —casi imperceptible, como una luz tenue o un hilo de arena suspendido en el aire— emerge finalmente un espacio para la contemplación profunda. Un lugar incómodo, pero profundamente sugerente, que invita a sostener la mirada justo allí donde lo familiar se vuelve radicalmente extraño y perturbador.

Una experiencia que persiste más allá de la sala

Mausoleo no es una obra para sentirse cómodo o entretenido. No ofrece respuestas claras ni un relato tranquilizador. Su potencia artística reside, precisamente, en la inquietud persistente que provoca, en la recurrencia obsesiva de sus imágenes y en la sensación de desasosiego que acompaña al espectador incluso mucho después de haber abandonado la sala teatral.

Es una experiencia escénica que interpela directamente, perturba profundamente y exige una disposición abierta y receptiva, capaz de aceptar la incertidumbre como una forma legítima y valiosa de conocimiento artístico.

Créditos y producción

Equipo creativo:

  • Concepto y dirección: Natasha Barhedia
  • Concepto y performance: Alejandro Mendicuti, Héctor Jiménez Castillo, Roberto Cárdenas, Sophia Barba Heredia, Natalia Martínez Mejía y Natalia Gómez
  • Concepto y diseño de iluminación: Nano Cano
  • Diseño de vestuario: Héctor Jiménez
  • Diseño sonoro y composición: Janine Jop
  • Composiciones vocales: Natalia Gómez
  • Voz en off: Roberto Cárdenas y Erick Guillén Torres
  • Investigación textual: Sophia B. Heredia
  • Escritura: Roberto Cárdenas y Sophia B. Heredia
  • Grabación y operación de sonido: Kenji Kishi
  • Video: Roberto Cárdenas y Natalia Martínez Mejía
  • Producción: Daniela López – Boreal Productora Artística
  • Diseño gráfico: Soluciones Visuales de Occidente
  • Registro fotográfico: Danaé Kotsiras

Contexto institucional:

Mausoleo forma parte del proyecto artístico DOPPEL DOPPEL GANGER GANGER y ha sido posible gracias al apoyo del programa Habita la Escena 2025 de la Secretaría de Cultura de Jalisco, específicamente en la modalidad de Residencias Técnicas. La imagen conceptual de la obra se basa en "Seven Scenes from the Legend of St. Stephen" de Martino di Bartolomeo, perteneciente al Städel Museum de Frankfurt am Main y de dominio público.