Maestro volador de Papantla, en silla de ruedas, preserva la danza ancestral totonaca
Maestro volador enseña ritual totonaca desde silla de ruedas

La resiliencia de un volador: enseñando desde la adversidad

En la comunidad de Chotecoaxintla, ubicada en el municipio de Papantla, Veracruz, una pequeña escuela comunitaria se ha convertido en el último bastión para preservar la Danza de los Voladores de Papantla, una tradición ancestral del pueblo totonaca que fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Alejandrino García Méndez, un maestro danzante que vive en silla de ruedas desde hace más de dos décadas, es el corazón de este esfuerzo educativo y cultural.

Un accidente que transformó su destino

Hace 22 años, Alejandrino García Méndez sufrió un grave accidente mientras participaba en una ceremonia del palo volador en Papantla. Cayó desde una altura aproximada de diez metros, lo que le provocó lesiones severas en la columna vertebral que redujeron significativamente su movilidad. "La columna se me hizo pedazo… batallé mucho porque el que nos había contratado no se quiso hacer responsable", relató el maestro, evidenciando la falta de respaldo y seguros que enfrentan muchos voladores en su práctica ritual.

Lejos de abandonar su vocación, García Méndez decidió canalizar su experiencia y conocimiento hacia la formación de nuevas generaciones. Desde su condición física, ha demostrado que la pasión por la tradición puede superar cualquier barrera.

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Una escuela comunitaria contra viento y marea

La escuelita fundada por García Méndez en Chotecoaxintla atiende a niños y adolescentes de localidades cercanas como Coaxintla y Papantla. Sin embargo, la preservación de esta tradición se enfrenta a desafíos económicos considerables. Los trajes tradicionales, esenciales para la danza, tienen un costo que oscila entre 12 mil y 16 mil pesos, una carga financiera insostenible para muchas familias de escasos recursos.

"Hoy a lo mejor vas a ver un niño que no trae su traje blanco; económicamente no alcanza para comprarlo", explicó el maestro. Los integrantes del grupo suelen vender pertenencias o reunir cooperaciones para adquirir vestimenta, penachos o instrumentos como tambores, que muchas veces deben fabricar por cuenta propia.

Innovación dentro de la tradición: la inclusión de niñas

Con el apoyo de su hijo, quien funge como caporal e instructor, García Méndez ha roto barreras al incluir a niñas y jóvenes en la enseñanza del ritual, una práctica que históricamente no era común dentro de la tradición totonaca. Él mismo se considera pionero en la formación de grupos infantiles de voladores, expandiendo así el alcance y la relevancia cultural de esta expresión ancestral.

Las prácticas se realizan en un palo volador con más de 60 años de antigüedad y cerca de 30 metros de altura, que permanece enraizado en su sitio original. Para la comunidad, este elemento posee un valor simbólico y espiritual profundo, representando la continuidad de una tradición transmitida de generación en generación.

El ritual: conexión con la naturaleza y el calendario mesoamericano

El ritual de los voladores consiste en el ascenso de cinco participantes al poste ceremonial. Cuatro de ellos se lanzan al vacío sujetos por cuerdas, descendiendo en giros que simbolizan los puntos cardinales, mientras el caporal permanece en la cima tocando flauta y tambor. Cada volador realiza trece vueltas, completando así el ciclo de 52 años del calendario mesoamericano, una representación viva de la cosmovisión totonaca.

A pesar de los riesgos, la falta de apoyos institucionales y sus propias limitaciones físicas, Alejandrino García Méndez continúa formando voladores con disciplina, identidad y orgullo. Su labor asegura que esta expresión cultural emblemática de México no solo sobreviva, sino que florezca en las manos de las nuevas generaciones.

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