Francisco Arellano: 18 años como organillero en Bellas Artes entre tradición y sacrificio
Organillero en Bellas Artes: 18 años de tradición y sacrificio

La música que resiste: un organillero frente a Bellas Artes

En el costado del majestuoso Palacio de Bellas Artes, en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, el sonido característico del organillo se funde con el bullicio urbano, creando un paisaje sonoro que define la identidad capitalina. Para turistas, trabajadores y paseantes, esta música representa una tradición viva, pero detrás de cada nota hay una historia de dedicación y esfuerzo.

Francisco Arellano: casi dos décadas al servicio de la tradición

Francisco Arellano lleva aproximadamente 18 años ejerciendo como organillero, un oficio al que llegó por invitación de un amigo de la escuela. Desde entonces, ha aprendido a dominar el instrumento y a adaptarse a las dinámicas del trabajo en la vía pública, instalándose diariamente junto al icónico edificio para ofrecer su música durante largas jornadas.

Muchos asumen que esta labor es sencilla, pero Francisco desmiente esta percepción: "Implica un gran esfuerzo físico, permanecer de pie durante horas y cargar con el peso del instrumento cada día". El organillo, más que un simple aparato musical, es una carga literal y simbólica que transporta consigo la herencia cultural de la ciudad.

La economía detrás de la música

Los ingresos diarios de Francisco oscilan entre 400 y 500 pesos, cifra que fluctúa según la afluencia de turistas y transeúntes en la zona. Sin embargo, este monto no representa ganancia neta, ya que debe destinar una parte significativa al mantenimiento del organillo y al pago del espacio donde lo resguarda.

Esta realidad económica lo ha llevado a buscar un segundo empleo en la Distribuidora de Dulces Gómez, ubicada en Eje Central Lázaro Cárdenas 1179, colonia Nueva Industrial Vallejo, alcaldía Gustavo A. Madero. Allí gana aproximadamente 2,500 pesos semanales, ingresos que complementan su economía y le permiten cubrir gastos personales.

Organización y futuro del oficio

Los organilleros de la ciudad cuentan con una unión gremial que gestiona permisos, trámites y coordinación para trabajar en diversas zonas o participar en eventos especiales. Aunque no es un sindicato formal, esta organización provee cierto apoyo colectivo a quienes mantienen viva esta tradición.

Francisco vislumbra un futuro promisorio para el organillo, considerando que es una "tradición que identifica a la Ciudad de México". Existen gestiones para lograr un mayor reconocimiento cultural y patrimonial del oficio, y eventos internacionales como el Mundial de Fútbol 2026 podrían incrementar el turismo en el Centro Histórico, beneficiando directamente a los organilleros.

Una jornada típica y vida personal

La rutina de Francisco comienza entre las 10 y 11 de la mañana, cuando llega al Centro Histórico para instalarse y comenzar a tocar. Permanece varias horas en el lugar, dependiendo de la respuesta del público y la cooperación voluntaria que reciba.

En su vida personal, Francisco no tiene hijos, pero comparte su hogar con un perro y un gato, a quienes considera parte fundamental de su familia. Esta sencillez contrasta con la riqueza cultural que representa su labor diaria.

Reflexión final: tradición y supervivencia

Mientras el sonido del organillo continúa resonando en los alrededores de Bellas Artes, la historia de Francisco Arellano encapsula la realidad de numerosos trabajadores de oficios tradicionales en la capital mexicana. Son personas que, con dedicación y sacrificio, mantienen vivas las tradiciones que definen la identidad cultural de la ciudad, enfrentando jornadas extenuantes y la necesidad de múltiples empleos para asegurar su sustento.

El organillo no es solo un instrumento musical; es un símbolo de resistencia cultural, un testimonio de que algunas tradiciones, aunque demandantes, persisten gracias al esfuerzo de quienes las encarnan día tras día en las calles de la Ciudad de México.