Un fantasma ronda el Mundial 2026: la intervención política toca la puerta en la Copa Mundial de la FIFA. La llamada del presidente estadounidense Donald Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para que la comisión de disciplina del organismo revisara la tarjeta roja impuesta a Folarin Balogun ha reabierto el debate sobre la autonomía del máximo organismo del fútbol mundial.
Inconforme con la tarjeta roja que recibió Folarin Balogun durante la victoria de Estados Unidos sobre Bosnia-Herzegovina en los dieciseisavos de final, Donald Trump llamó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que se revisara la sanción que dejaría al delantero fuera del partido de octavos de final frente a Bélgica.
Cuatro días más tarde, el máximo organismo del fútbol mundial anunció que su comisión de disciplina ha modificado la sanción: el partido de suspensión firme ha sido conmutado por "un partido de suspensión condicional, acompañado de un período de prueba de un año". Consecuencia: el máximo goleador de Team USA en esta Copa del Mundo podrá alinearse en Seattle el lunes, en el partido de octavos de final contra los Diablos Rojos.
La reacción de Trump y el precedente histórico
"¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!", escribió Trump en su plataforma Truth Social poco después de que la FIFA anunciara la decisión. Sin embargo, este episodio ha generado controversia sobre la independencia del organismo rector del fútbol.
La historia de la injerencia política es casi tan vieja como los mundiales. Desde el segundo Mundial, celebrado en Italia, los gobiernos han intentado influir en el desarrollo de los torneos.
1934: las presiones de Mussolini
La Italia fascista organizó la segunda Copa del Mundo de la historia e "Il Duce", que no aprecia el fútbol a diferencia de su pueblo, ve en ella una ocasión ideal para glorificar su régimen político. Presente en cada partido, Mussolini bajaba a los vestuarios y el arbitraje resultó muy favorable para el país anfitrión, que finalmente se consagró campeón, hasta el punto de que la FIFA decidió después suspender de por vida a dos árbitros.
1938: más presiones de Mussolini (bis)
Un año antes de la Segunda Guerra Mundial, Austria, recién anexionada por la Alemania nazi, se retiró y varios de sus jugadores se vieron obligados a jugar para la Mannschaft, forzados además a ejecutar el saludo nazi en el Parque de los Príncipes. Sin embargo, Alemania no pasó de octavos de final. Italia, por su parte, conservó su título, con sus jugadores vistiendo camisetas negras que recordaban el uniforme de los milicianos italianos. Antes de la final, Mussolini les envió un mensaje breve pero escalofriante: "Vencer o morir".
1978: sospechas de corrupción en Argentina
Organizado bajo la dictadura del general Jorge Rafael Videla, el "Mundial", que pretendía lavar la imagen del régimen, vio a Argentina conquistar su primer título, empañado por fuertes sospechas de corrupción. En la segunda fase, jugada en dos grupos de cuatro equipos cada uno, la Albiceleste debía vencer a Perú por al menos 4 goles de diferencia para superar a Brasil y disputar la final del torneo (que la jugaban los campeones de cada llave). Los peruanos, que habían mostrado una defensa sólida al inicio del torneo, se desmoronaron y cayeron 6-0. Con los años, sin que se haya aportado jamás una prueba concluyente, varios testimonios denunciaron un acto de corrupción entre ambas dictaduras.
1982: Francia-Kuwait y la irrupción del jeque
En Valladolid, los Bleus habían marcado el 4-1 por medio de Alain Giresse, un gol protestado por los kuwaitíes, que habían oído un silbato (procedente de las tribunas) que creyeron que señalaba un fuera de juego. Cuando el árbitro ya había validado el tanto, el jeque Fahad al-Ahmed al-Jaber al-Sabah, hermano menor del emir y presidente de la Federación de Fútbol de Kuwait, bajó de la tribuna y entró en el terreno de juego, ante la estupefacción general, para protestar la decisión. En medio de la más absoluta confusión, el gol fue anulado por el árbitro, que pagó el precio con una inhabilitación de por vida por parte de la FIFA.
El episodio actual con Trump y Balogun se suma a esta larga lista de injerencias, reabriendo el debate sobre la autonomía de la FIFA y la influencia política en el deporte rey.



