Parrilla: el legado del entrenador que llevó a sus hijos al oro
Parrilla: el legado del entrenador que llevó a sus hijos al oro

Fabián Parrilla, el entrenador que durante una década moldeó a Paola Longoria, la máxima figura del raquetbol mexicano, ha enfrentado el mayor desafío de su carrera no en una cancha profesional, sino en su propia casa: formar a sus hijos, Jessica y Andree Parrilla, quienes hoy celebran la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.

El camino de un entrenador de élite

Antes de convertirse en entrenador, Fabián Parrilla conoció la exigencia del alto rendimiento como jugador. Representó a México en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata y disputó un Campeonato Mundial en San Luis Potosí, experiencias que posteriormente trasladó a la formación de sus atletas, incluida la propia Longoria, a quien acompañó durante una década en la cima del raquetbol mundial.

Cada sesión de entrenamiento con sus hijos terminaba con una línea muy delgada entre el padre que buscaba protegerlos y el entrenador que debía exigirles al máximo. Esa dualidad los obligó a aprender a separar la vida familiar de la deportiva para que el proyecto no se rompiera en el camino.

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El reto de entrenar a sus hijos

“Es duro como papá, porque a veces se mezclan las cosas, pero ya tenemos muchos años trabajando juntos. Tuvimos que confrontarnos, incluso ir con psicólogos porque es complicado ser papá y entrenador, se confunden los roles. Cuando nos va bien, todo es felicidad en la casa, pero cuando nos va mal, es una guerra (risas)”, señala Fabián Parrilla en entrevista con Excélsior.

Uno de los episodios que marcó esa relación llegó cuando Fabián decidió no acompañar a Jessica a un torneo por la falta de apoyo a los entrenadores. Aquella ocasión, la mexicana perdió la semifinal, una derrota que hizo aún más evidente el vacío que dejaba la ausencia de quien había sido su guía desde sus primeros años en el raquetbol.

“Me dolió mucho, todavía me lo reclama. También con mi hijo Andree empezaba a chocar y le pedí a algún compañero que me apoyara, aconsejándolo; luego mi hijo me reclamó por qué lo había dejado. Es un trabajo arduo, pero muy contento de estar con ellos y de apoyarlos”, añadió.

El orgullo de los campeones

Con las medallas doradas en el cuello, Jessica y Andree reconocen que detrás de cada triunfo hay años de disciplina, sacrificio y un padre que nunca dejó de exigirles más de lo que exigía a cualquier otro atleta.

“Hay más entrenadores, pero él es uno de los mejores de México, y por eso nos gusta entrenar con él, además de la confianza, que es un valor muy importante. Le agradezco que siempre me dice que mis resultados no me definen. Somos mejores amigos y mi hermano y yo preferimos tenerlo a él como nuestro apoyo y respaldo”, menciona Jessica Parrilla, medallista de oro por equipos y plata en dobles mixto.

Un legado que continúa

La historia de la familia Parrilla también está ligada al legado de Paola Longoria. Haber sido el entrenador de la mejor raquetbolista mexicana de todos los tiempos le dio a Fabián una perspectiva única sobre la excelencia, pero también una responsabilidad mayor: transmitir esos valores a sus propios hijos sin perder el equilibrio entre la cancha y el hogar.

“México siempre ha sido potencia mundial, es un peso para nosotros tener que dar siempre lo mejor. Todos aquí marcamos nuestro propio camino, a nuestro propio ritmo. Ella ha sido una gran atleta (Paola Longoria), pero aquí el reto es construir nuestra propia historia”, declara Jessica Parrilla.

Jessica y Andree no sólo continúan el legado del raquetbol mexicano; también representan el triunfo de un proyecto familiar que convirtió las enseñanzas de un padre en el camino hacia el oro centroamericano. Por eso, cuando Fabián Parrilla los observa subir al podio, no ve únicamente a dos campeones centroamericanos. Ve a sus hijos cumpliendo un sueño que comenzó mucho antes de las medallas, en una cancha donde el amor familiar siempre fue el primer entrenamiento.

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