La trágica historia de la primera expedición femenina mexicana a las Montañas Rocallosas
Primera expedición femenina mexicana: tragedia en Canadá

La expedición que marcó un antes y un después en el montañismo femenino mexicano

El año 1954 representó un momento histórico para el deporte nacional cuando se organizó la Primera Expedición Femenina Mexicana a las imponentes Montañas Rocallosas de Canadá. En un contexto donde las mujeres apenas habían obtenido el derecho al voto en 1953, siete hábiles alpinistas se prepararon para demostrar que el llamado "sexo débil" poseía capacidades extraordinarias para enfrentar los desafíos de la alta montaña.

La selección de las pioneras

La idea surgió de Roberto Mangas, primer mexicano en ascender 100 cumbres de más de 5,000 metros, quien creía firmemente en el potencial de la mujer montañista mexicana. Los organizadores seleccionaron meticulosamente a las mejores candidatas según su experiencia, compañerismo y moralidad. Entre las preseleccionadas destacaban:

  • Ofelia Fernández, reina del Club de Exploraciones de México
  • Margarita Vivanco de la Liga de Excursionismo del Seguro Social
  • Carmen Rubio del Club Montañistas Hidalgo
  • Beatriz Díaz del Grupo Alta Montaña Rieleros
  • María García de la Cruz Roja Mexicana
  • Bertha Bonequi del Club Telefonistas
  • Lucía Ocaranza, Reina del Excursionismo Mexicano
  • María Luisa Fabila del Club "Anfora"
  • Juanita F. de Molina

Todas cumplían con el exigente requisito de haber realizado al menos 20 ascensiones a montañas de más de 5,000 metros, respaldadas por sus respectivos clubes excursionistas.

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Preparación exhaustiva para el desafío canadiense

El entrenamiento comenzó en enero de 1954 bajo la supervisión de los experimentados alpinistas Eduardo San Vicente y Eduardo Palomé. Más que enfocarse en técnicas de montañismo -área donde las seleccionadas ya demostraban maestría- la capacitación buscó "acoplar conocimientos técnicos y morales hacia el buen entendimiento y compañerismo", según explicó Roberto Mangas.

El programa incluyó:

  1. Pruebas en el Ajusco para evaluar resistencia y ritmo
  2. Ejercicios en zonas rocosas para fortalecer habilidades de escalada
  3. Simulaciones en montañas nevadas con grietas, similares a las condiciones canadienses
  4. Una prueba final de cuatro días y noches en la cumbre del Iztaccíhuatl

Finalmente, se decidió que la expedición estaría comandada por Ofelia Fernández, acompañada por María García, Lucía Ocaranza, María Luisa Fabila, Margarita Vivanco, Beatriz Díaz y Carmen Rubio. Eduardo San Vicente se uniría como asesor técnico, decisión que según el experto Enrique Chávez Poupard reflejaba cierta desconfianza en que las mujeres pudieran lograrlo solas.

El viaje hacia la tragedia

Con la bendición de la Basílica de Guadalupe y la autorización de la Confederación Deportiva Mexicana, el grupo partió el 17 de julio de 1954 hacia Canadá. Su objetivo: conquistar los montes Victoria (3,464 m), Lefroy (3,423 m) y Eisenhower (2,766 m) en apenas siete días.

El 30 de julio comenzó el ascenso al Monte Victoria. Las alpinistas se dividieron en dos cordadas: una liderada por San Vicente con Ocaranza, Fabila y Díaz; otra comandada por Fernández con García y Rubio. A pesar de las advertencias de Fernández sobre lajas sueltas y nieve derretida, la cordada de San Vicente tomó la delantera.

Ambos grupos alcanzaron la cumbre, pero durante el descenso ocurrió la tragedia. Fernández escuchó un desgarrador "¡No! ¡Oh, no!" seguido del deslizamiento incontrolable de la cordada de San Vicente. Los cuatro alpinistas cayeron por un desfiladero glaciar, impactando contra las rocas en una caída estimada en más de 500 metros.

Consecuencias y legado de una expedición fallida

Las sobrevivientes -Fernández, Rubio, García y Vivanco (quien no había ascendido por un dolor de pierna)- regresaron a México el 5 de agosto de 1954 a bordo de aviones proporcionados por el gobierno de Adolfo Ruíz Cortines. En el Aeropuerto Central, miles de personas recibieron a las montañistas y los féretros de los fallecidos.

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La tragedia tuvo consecuencias profundas para el montañismo femenino mexicano. Enrique Chávez Poupard señaló que "se frenó mucho lo de las expediciones femeninas, hasta los años 60". Si la expedición hubiera tenido éxito, según Luz María Guzmán (hija de Ofelia Fernández), se habrían planeado ascensos a montañas sudamericanas y eventualmente al Himalaya.

A pesar de la tragedia, Ofelia Fernández continuó practicando montañismo hasta 1959, cuando se convirtió en madre y optó por senderos menos riesgosos. Falleció el 23 de septiembre de 2024 a los 99 años, dejando un legado de valentía y perseverancia que trascendió la tragedia de 1954.

Su informe oficial sobre la expedición concluye con un emotivo homenaje: "Eduardo San Vicente, Beatriz Díaz, Lucía Ocaranza, María Luisa Fabila, hermosos nombres que alegraron nuestros días, ¡la blancura y la paz de la montaña sea con vosotros!"