La Fórmula 1 se enfrenta a un duro golpe económico por la guerra en Medio Oriente
Mientras la atención del mundo automovilístico se centraba en el Gran Premio de China, una noticia de mayor envergadura sacudía los cimientos del paddock de la Fórmula 1. La cancelación inminente de los Grandes Premios de Bahréin y Arabia Saudita, programados para abril, amenaza con dejar una profunda grieta financiera en la categoría reina del automovilismo mundial.
Un calendario fracturado por el conflicto bélico
Según múltiples medios especializados, incluido The Athletic, la decisión de cancelar ambas carreras parece inevitable debido a la escalada del conflicto bélico en Oriente Medio. El anuncio oficial aún no se ha hecho público, pero dentro del campeonato se respira un ambiente de resignación ante lo que parece un desenlace ineludible.
Las carreras afectadas estaban programadas para el 12 de abril en Bahréin y el 19 de abril en Arabia Saudita. Su desaparición del calendario crearía un vacío competitivo de 35 días entre el Gran Premio de Japón (29 de marzo) y el Gran Premio de Miami (3 de mayo), alterando significativamente el ritmo de la temporada.
El origen geopolítico de la crisis
La situación responde a un contexto geopolítico explosivo que comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques militares contra Irán. Esta acción desencadenó una escalada regional que ha alterado rutas aéreas y ha obligado a varios países a cerrar su espacio aéreo, creando condiciones logísticas imposibles para la celebración de eventos deportivos de magnitud internacional.
El impacto económico: una hemorragia millonaria
Más allá de las consecuencias deportivas, el golpe real se mide en términos financieros. Un informe de la firma Guggenheim Partners estima que la cancelación de las dos carreras representaría para la Fórmula 1:
- Pérdidas aproximadas de 200 millones de dólares en ingresos anuales
- Reducción de cerca de 80 millones de dólares en EBITDA (ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización)
Para poner estas cifras en contexto, en 2025 la Fórmula 1 generó 3,900 millones de dólares en ingresos totales y registró 632 millones de dólares en beneficio operativo. Aunque el negocio no colapsa, sí sufre una significativa hemorragia financiera.
El modelo de promotores: la mina de oro amenazada
El impacto se concentra particularmente en una de las fuentes de ingresos más estables del modelo económico de la F1: los honorarios de los promotores. Estos representan el dinero que ciudades, gobiernos o circuitos pagan por el derecho a organizar una carrera, y constituyen un flujo financiero predecible gracias a contratos firmados con años de anticipación.
Desde que Liberty Media compró la Fórmula 1 en 2017 por 4,700 millones de dólares, este modelo se ha vuelto aún más agresivo:
- En 2018, las cuotas de promoción generaron 503 millones de dólares (34% de los ingresos principales)
- Para 2025, ese rubro ascendió a 824 millones de dólares (aproximadamente 27% del ingreso central)
Oriente Medio: el mercado más rentable en peligro
El crecimiento financiero de la Fórmula 1 en los últimos años tiene un protagonista indiscutible: la región de Oriente Medio. Los gobiernos de Bahréin y Arabia Saudita han convertido sus Grandes Premios en vitrinas globales para posicionar su imagen internacional, acompañando esta estrategia con contratos multimillonarios.
Según estimaciones de Guggenheim Partners, ambos países pagan juntos alrededor de 115 millones de dólares anuales para albergar sus respectivas carreras. Este dinero desaparecería temporalmente del balance si los eventos no se celebran en 2026, a pesar de que los contratos se mantienen vigentes (Bahréin hasta 2036 y Arabia Saudita hasta 2030).
La relación comercial permanece intacta en el papel, pero el ingreso correspondiente al presente año podría evaporarse completamente, dejando a la Fórmula 1 frente a uno de sus mayores desafíos financieros en la era moderna.
