El cabello largo, lacio o rizado, ha sido una imagen sustancial en la vida de los Pumas en CU con jugadores como Cabinho, Hugo Sánchez, Braulio Luna y actualmente Carrasquilla.
La melena de Cuéllar y Cabinho
Recuerdan los viejos aficionados de la tribuna que cuando Leonardo Cuéllar corría por la banda, su cabello apenas se movía, como si respetara la jerarquía. Era fino, elegante y derrochaba tranquilidad. Pero esa calma engañaba, porque metía un pase que rompía líneas como cuchillo.
Luego entraba Cabinho y el viento hacía fiesta. Su melena sí se desbordaba, como su juego: potente, sin pedir permiso. Cada gol que anotaba parecía sacudir hasta el aire. Había defensas que primero sentían el movimiento y luego ya lo veían celebrando.
“¡De lujo la foto, de lujo!”, expresa Leonardo Cuéllar al observar la imagen de Excélsior en la que aparece con una ofensiva de miedo: Hugo Sánchez, Candido, Juan Muñante y Cabinho... todos con un look especial que en la actualidad sigue vigente con el panameño Adalberto Carrasquilla y hace poco también con el Chino César Huerta.
“Con esa ofensiva metíamos media docena de goles por juego”, agrega Cuéllar emocionado.
Las melenas en Pumas no fueron planeadas
Lo más pintoresco de todo es que nadie lo planeó. No hubo una junta que dijera: “en Pumas, todos con melena”. Simplemente pasó. Entonces fue como un distintivo al igual que los enormes números en la espalda y el puma en el pecho.
Cabinho, Muñante, Cándido, Hugo Sánchez y Cuéllar, el pelo largo era la moda, pero jamás se pusieron de acuerdo en traerlo juntos al mismo tiempo.
Y pasó porque este club siempre atrajo jugadores con algo distinto, con un derroche de talento, carácter y ese toque rebelde que no se peina del todo.
Con Hugo Sánchez su presencia se volvió espectáculo total. No era solo jugar, también era posar, ejecutar y rematar con estilo. Se decía en vestidor que si el llamado Niño de Oro se acomodaba el cabello más de una vez, vendrían los goles en racimos.
Su melena no se desordenaba… parecía detenerse en el aire. Caía perfecto hasta después de una chilena. Y eso, en un estadio como CU, ya era provocación pura.
¿Quiénes eran los defensas melenudos en Pumas?
En la defensa, las melenas de Pumas también pasaban presente. José Luis Pareja López imponía orden con una fuerte entrada. Terminaba con tierra, sudor y el pelo hecho un desastre. Cada mechón fuera de lugar significaba una barrida, un choque, un “aquí no pasas”.
En esos años, Pumas era el más incómodo. Corrían, recuperaban balones. Era una máquina de goles, mientras que sus melenas querían ser imitadas.
Luego hubo algunos intentos, con Braulio Luna y su larga cabellera, Marco de Almeida y sus abultados chinos, que le dieron al menos, algunos momentos goleadores.
Del Chino Huerta a Carrasquilla en CU
Pero la magia de las melenas, que paralizaban las tribunas volvió con la aparición de César El Chino Huerta, quien en la cancha jugaba como si su cabello tuviera un ritmo propio. Rebotaba, giraba, engaña… todo igual que sus movimientos con el balón.
Entonces las pelucas se vendían en los alrededores de CU, era como ver a varios Chinos Huerta burlando entre los autos, al ponerse la luz del semáforo en rojo.
Se convirtió en la inspiración de un pequeño que caracterizaba al personaje del Chino Huerta siendo la sensación en las tribunas.
Los chinos de Huerta volaron a Europa. Y entonces llegó el panameño Alberto Carrasquilla. Su cabello casi no cambia, como su juego: Preciso, limpio, elegante. Es el tipo que no hace ruido, pero apaga incendios.
En Pumas se corre, se suda y se deja el cabello volar como si fuera parte del escudo. Porque al final, el rival no sólo se lleva los goles, también el recuerdo de enfrentar un equipo que, hasta despeinado, impone estilo.
En Ciudad Universitaria hay algo raro siempre que juega Pumas, el viento despeina. Y da ese toque rebelde que no se peina.



