La FIA admitió este martes que tenía conocimiento de los problemas de gestión de energía que afectan a los motores 2026 de la Fórmula 1 desde hace cuatro años, pero no pudo implementar cambios debido a la resistencia de los propios fabricantes de unidades de potencia. La revelación surge tras las fuertes críticas de pilotos y aficionados por el comportamiento de los coches en pista, especialmente en circuitos de alta velocidad.
Antecedentes de las quejas y la respuesta de la FIA
Las quejas comenzaron desde la primera carrera de la temporada en Australia y se intensificaron después de los problemas de gestión de energía observados en pistas como Monza y Spa. Carlos Sainz, director de la Asociación de Pilotos de Gran Premio (GPDA), declaró que "quien vio estas simulaciones en 2022 o 2023 y no dijo '¿cómo podemos aceptar esto?' necesita revisar lo que pasó ahí". Por su parte, Lewis Hamilton expresó su desconcierto: "No sé quién tomó las decisiones, pero quienquiera que haya sido, todavía tiene su trabajo".
Ante estas acusaciones, el director de monoplazas de la FIA, Nikolas Tombazis, explicó en declaraciones recogidas por Motorsport.com y The Race que el organismo había identificado los fallos mucho antes de la implementación de la normativa, pero sus intentos de ajuste fueron bloqueados por los fabricantes. "Anticipamos muchas de estas cosas de las que se han quejado en los dos años anteriores al lanzamiento de la temporada e intentamos hacer algunos ajustes", afirmó Tombazis. "Pero fracasamos con la gobernanza que estaba vigente. Por lo tanto, de manera realista, esto era de esperarse".
El sistema de gobernanza que impidió los cambios
Para proteger las inversiones de los fabricantes actuales y los nuevos ingresantes, la F1 creó el Comité Consultivo de Unidades de Potencia. Este sistema exigía que cualquier cambio reglamentario mayor contara con el respaldo de la FIA, la Formula One Management (FOM) y al menos cuatro de los cinco fabricantes involucrados. Tombazis detalló que fue justamente esa normativa la que impidió que se realizaran modificaciones. "Cuatro de ellos no estuvieron de acuerdo durante los años en los que discutimos los ajustes", señaló.
La FIA, a través de Tombazis, dejó claro que existieron oportunidades para modificar el reglamento antes de su entrada en vigor, pero los motoristas, impulsados por su agenda de ventas, decidieron no hacerlo. Esta revelación pone en evidencia la compleja dinámica de poder dentro de la Fórmula 1, donde los intereses comerciales de los fabricantes pueden prevalecer sobre las preocupaciones técnicas y deportivas.
Medidas de emergencia y el futuro inmediato
Aunque la F1 aprobó medidas de emergencia a partir del Gran Premio de Miami e impulsó una hoja de ruta para reducir la dependencia eléctrica de los motores hacia un reparto 60/40 en las próximas dos temporadas de forma gradual, la FIA subrayó que estos cambios no resuelven el problema de fondo. Los pilotos y equipos tendrán que lidiar con las limitaciones actuales mientras se implementan las modificaciones.
La controversia ha reavivado el debate sobre el proceso de toma de decisiones en la Fórmula 1 y la necesidad de una mayor transparencia y flexibilidad en la regulación técnica. Mientras tanto, los aficionados esperan que las soluciones a corto plazo mejoren el espectáculo en pista, que se ha visto afectado por la gestión de energía de los nuevos motores.



