Sepp Blatter critica el Mundial 2026: México y Canadá reciben 'migajas' frente a EU
Blatter: México y Canadá reciben 'migajas' en Mundial 2026

Sepp Blatter lanza crítica mordaz sobre el Mundial 2026: México y Canadá relegados

En un momento histórico para el fútbol mexicano, con el Estadio Azteca a punto de convertirse en el primer recinto en inaugurar tres Copas del Mundo, una voz del pasado ha resurgido con una denuncia contundente. Joseph "Sepp" Blatter, quien dirigió la FIFA durante 17 años, ha calificado como una "injusticia" la distribución de partidos para el Mundial 2026, afirmando que México y Canadá han sido tratados como socios menores, recibiendo solo "migajas" del evento deportivo más grande del planeta.

Un reparto desigual bajo la lupa

A sus 89 años, Blatter rompió su silencio en una entrevista con Radio Canadá, donde arremetió contra el formato expandido del torneo, que incluye 104 partidos y 48 selecciones. Según el exdirigente suizo, el diseño actual, donde Estados Unidos albergará 78 encuentros y toda la fase definitiva a partir de los cuartos de final, viola el principio de equidad que debería guiar una candidatura conjunta entre tres naciones.

"No está bien", declaró Blatter con firmeza. "Al juntar a los tres coanfitriones, uno habría pensado que tendrían más o menos la misma porción del pastel. En cambio, México verá cómo el torneo se muda al norte apenas termine la fase de grupos, dejando a su ferviente afición con un papel secundario."

La sombra de la política sobre el fútbol

Para Blatter, la raíz de este desequilibrio no es deportiva, sino profundamente política. El expresidente de la FIFA señaló directamente la estrecha relación entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el actual titular de la FIFA, Gianni Infantino. Según su análisis, esta alianza ha "convertido el fútbol en política", priorizando agendas externas sobre los intereses de los aficionados y las naciones sedes.

Blatter expresó su incomodidad ante la reciente participación de Infantino en eventos políticos, como portar gorras con insignias presidenciales y formalizar alianzas en la Junta de Paz. "Nunca hemos visto nada igual. No le corresponde a la FIFA otorgar premios de la paz ni participar en proselitismo. El fútbol es un evento social y cultural, no una herramienta de Estado", afirmó.

Consecuencias tangibles y desafíos de seguridad

Esta politización, advirtió Blatter, tiene repercusiones concretas. Estados Unidos ha impuesto restricciones migratorias que podrían afectar a ciudadanos de países clasificados como Senegal, Costa de Marfil, Irán y Haití, lo que plantea dudas sobre la accesibilidad del evento. "No se debería organizar un Mundial en un país que no otorga visas a todos los espectadores", añadió, subrayando que el gran beneficiado será el gobierno estadounidense, no la comunidad futbolística global.

La crítica de Blatter llega en un momento de extrema vulnerabilidad para México. Mientras la FIFA ratifica que la Selección Mexicana inaugurará el torneo el 11 de junio contra Sudáfrica en la Ciudad de México, el país enfrenta desafíos internos. Recientemente, Jalisco se vio sumergido en violencia tras operativos contra el crimen organizado, lo que obligó a suspender partidos de la Liga MX y encendió alarmas sobre la capacidad de México para garantizar seguridad en un evento de escala mundial.

El legado de Blatter y el futuro del torneo

Joseph Blatter, quien fue suspendido en 2015 por irregularidades financieras pero absuelto en marzo de 2025 por un tribunal suizo, parece buscar una redención histórica al criticar el modelo expansivo de su sucesor. Para él, jugar en tres países es un error logístico y conceptual que diluye la esencia del torneo.

Mientras el Comité Olímpico Internacional absolvió a Infantino de supuestas violaciones de neutralidad política, las palabras de Blatter dejan una pregunta incómoda en el aire: ¿Es México un socio igualitario en el Mundial 2026, o simplemente un convidado de piedra en una fiesta dominada por intereses políticos y económicos?

Con el reloj avanzando hacia 2026, esta controversia subraya las tensiones entre el deporte, la política y la equidad, poniendo en duda el espíritu colaborativo que debería definir un evento de esta magnitud.