Esther Pinzón: La motociclista que rompe barreras en el motociclismo de resistencia mexicano
Esther Pinzón: pionera del motociclismo de resistencia en México

Esther Pinzón: La motociclista que rompe barreras en el motociclismo de resistencia mexicano

En el mundo del motociclismo de rallies en México, donde las parrillas de salida suelen reunir decenas de competidores masculinos y apenas un puñado de mujeres, la capitalina Esther Pinzón Ferniza ha construido una trayectoria extraordinaria marcada por primeros lugares y récords inéditos para una piloto mexicana. En el marco del Día Internacional de la Mujer, su historia destaca como un ejemplo de perseverancia y capacidad en un circuito tradicionalmente dominado por hombres.

Una sucesión de hitos históricos

La incursión de Pinzón en el motociclismo competitivo comenzó en 2017 cuando decidió participar en el exigente rally "Last Man Standing", convirtiéndose en la primera mujer en completar esta competencia. Desde ese momento inició, su carrera ha sido una constante acumulación de logros que la han posicionado como una de las pocas motociclistas mexicanas con presencia constante en el circuito de rallies de resistencia y navegación.

Su historial de éxitos incluye:

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  • En 2019 se convirtió en la primera mujer en completar un rally de resistencia de baja cilindrada en scooter
  • En 2020 estableció otro récord al ser la primera mexicana en recorrer 2,416 kilómetros en una Vespa 300 en menos de 36 horas
  • Primer lugar en el rally "Bola de Goma" en la categoría equipos en 2021
  • Tercer lugar internacional con el equipo mexicano en el GS Trophy 2022 en Albania
  • En 2025, fue la primera y única mujer en terminar el rally "Coahuila 1000" en once años, obteniendo el primer lugar en la categoría rookie

Su trayectoria se desarrolla en un ambiente donde la presencia femenina sigue siendo mínima: en competencias con alrededor de cien pilotos varones, apenas coinciden ocho o nueve mujeres en la línea de salida.

Los orígenes: una madre transgresora

La relación de Esther Pinzón con las motocicletas comenzó en su hogar, mucho antes de que las competencias aparecieran en su horizonte. Su madre fue quien le transmitió esta fascinación: "Le gustaban las motos, los carros y el arte; fue la primera mujer transgresora en mi familia, por así decirlo, para bien".

Nacida el 26 de octubre de 1991 en la alcaldía Benito Juárez y criada en el sur de la Ciudad de México, Pinzón creció en un entorno donde nunca le marcaron límites asociados al género: "Jamás me dijeron 'no te subas al árbol', 'no compres cochecitos', 'no hagas esto'. Yo siempre sentí el apoyo".

La figura materna representaba además una forma concreta de resistencia cotidiana. Además de criarla sola, vivía con dos condiciones físicas: era sorda y utilizaba una prótesis en la rodilla. Para la corredora de rallies, la historia de vida de su progenitora terminó convirtiéndose en una referencia sobre la autonomía y la posibilidad de avanzar incluso frente a obstáculos físicos.

Del taller mecánico a los podios internacionales

Pinzón comenzó a andar en motocicleta a los 22 años. Durante un año trabajó en el taller mecánico Beey Motorcycle, donde adquirió experiencia básica en mecánica y manejo fuera de carretera, una etapa que coincidía con su actividad como tatuadora.

El paso hacia la competencia no surgió como una decisión planificada, sino como una invitación inesperada mientras ejercía ese oficio. Estaba tatuando a un conocido cuando este observó cómo conducía y le lanzó una propuesta directa: correr un rally. Aquella invitación la llevó a conocer a Mauricio Varela, quien se convertiría en su entrenador.

"Decidí correr mi primer rally y resultó que fui la primera mujer en acabar un rally de tierra", recuerda sobre su experiencia en 2017. Lo que hasta entonces era una afición comenzó a transformarse en una disciplina con preparación, entrenamientos y competencias regulares.

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Retos específicos para una mujer en el motociclismo

Mantenerse en la línea de salida implica para Pinzón enfrentar retos particulares que van desde el diseño de las motocicletas hasta las condiciones materiales del propio deporte. Con una estatura de 1.56 metros, señala que la mayoría de las motos con las que se compite fueron diseñadas pensando en pilotos de mayor estatura: "Las motos están hechas para varones, así que todas las motos me quedan grandes".

Esta diferencia obliga a ajustar la forma de manejar el peso de la motocicleta y el control en trayectos que pueden extenderse durante cientos de kilómetros. Aun así, compite con motocicletas de 250 centímetros cúbicos y también ha corrido con una 350 enduro.

Las dificultades también aparecen en el equipo de protección. Encontrar ropa y accesorios diseñados para mujeres es una tarea complicada dentro del mercado mexicano: "Desde la ropa femenina de moto es un problema encontrar. Solamente tengo tres pares de botas: unas que me hicieron el favor de traerme de Estados Unidos y en México sólo he encontrado dos de mi talla".

Mansplaining y estereotipos fuera de la pista

En el trato, Pinzón ubica una diferencia que para ella tiene un componente de género: dentro del mundo de los rallies, su desempeño suele imponerse sobre los estereotipos, pero fuera de ese entorno reaparece la idea de que las motos "son cosa de hombres" y, con ella, la condescendencia.

"Soy víctima constante del mansplaining", afirma la motociclista. En un restaurante o en una conversación fuera del ambiente motociclista, cuando menciona que maneja motos, la reacción frecuente de los hombres es asumir que conduce una motoneta o una moto pequeña y, de inmediato, intentar explicarle o aconsejarle.

Este patrón también lo identifica en redes sociales, donde cuando publica videos, algunos comentarios cuestionan su técnica o incluso la manera en que se sube a la moto: "Me subo a mi moto todos los días, varias veces, y me corrigen; a veces siento que es como si me dijeran 'menstrúas mal'".

Un legado que inspira a nuevas generaciones

A pesar de estos desafíos, lo positivo prevalece en la experiencia de Pinzón. Junto a comentarios condescendientes, comparte que también recibe mensajes de niñas y adolescentes interesadas en el motociclismo que le manifiestan su admiración y le dicen que quieren correr como ella. A veces, los propios padres de otras competidoras le escriben para agradecerle que su presencia en ese circuito permita a sus hijas imaginarse dentro de ese mismo espacio.

La piloto de rallies asegura que no busca ser reconocida como la más rápida ni como la mejor competidora del país. Para explicar esa idea, recurre a una referencia histórica dentro del deporte: Kathrine Switzer, la corredora que en 1967 se convirtió en la primera mujer en completar el Maratón de Boston con un dorsal oficial, en una época en la que la participación femenina no estaba permitida.

"No fue la más rápida ni la mejor, pero fue la primera que lo hizo y enseñó que se puede", reflexiona Pinzón. Considera que su papel dentro del motociclismo mexicano se parece a esa imagen: abrir una ruta para que otras puedan recorrerla después, demostrando que las barreras de género pueden superarse con determinación, habilidad y pasión por lo que se hace.