Mundial 1986: El grito social que opacó la fiesta futbolística
Mientras el Estadio Azteca se engalanaba para la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol en 1986, las calles de la Ciudad de México retumbaban con una consigna que resumía el descontento popular: "No queremos goles, queremos frijoles". Esta frase, nacida en medio de la crisis económica y las secuelas de los terremotos de septiembre de 1985, se convirtió en el símbolo de una sociedad que exigía atención prioritaria a sus necesidades básicas sobre cualquier espectáculo deportivo.
El contexto de descontento nacional
La realización del Mundial en México —tras la renuncia de Colombia por imposibilidad de cumplir las exigencias técnicas y económicas de la FIFA— coincidió con uno de los periodos más difíciles en la historia contemporánea del país. El gobierno de Miguel de la Madrid enfrentaba una inflación galopante que alcanzó el 105.7% en 1986, mientras miles de damnificados por los sismos seguían viviendo en campamentos improvisados con cartones y láminas en zonas como Tepito y los alrededores del Congreso de la Unión.
"El gobierno de Miguel de la Madrid sufrió la mayor inflación que ha habido en toda la historia de México. Fue el sexenio de los famosos pactos económicos que firmaba el gobierno, y cada vez era bajar precios, subir salarios... y se disparó todo", recuerda Gerardo Galarza, exdirector editorial adjunto de Excélsior, quien vivió de cerca aquellos acontecimientos.
La movilización social y política
El descontento se tradujo en un movimiento de protesta diverso y vigoroso. Según Galarza, "esto provocó mucho, mucho, mucho disturbio social. Había muchas manifestaciones, había una oposición más o menos vigorosa, encabezada por el PAN y por el entonces ya PSUM". A estos partidos mayoritarios de oposición se sumaban grupos parlamentarios más pequeños como el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y el PMT (Partido Mexicano de los Trabajadores), que aunque tenían representación limitada, contribuían a una fuerza opositora significativa.
Fue precisamente en este contexto donde surgió la emblemática consigna. "A raíz de toda esta crisis económica que se tenía, uno de los gritos en las manifestaciones, y creo que fue creado por el PMT, fue éste de: '¡No queremos goles, queremos frijoles!'", detalla Galarza, quien en ese entonces ejercía como reportero.
"Operación Maquillaje" y el contraste social
Mientras el gobierno embellecía los alrededores de los 12 estadios sede del Mundial —en lo que los críticos denominaron "Operación Maquillaje"—, la población enfrentaba carencias básicas. La frase "No queremos Mundial, queremos aumento salarial" se sumó al repertorio de consignas que resonaban en las calles, reflejando la percepción ciudadana de que los recursos se destinaban prioritariamente al fútbol mientras se desatendían necesidades fundamentales.
León Felipe Téllez Contreras, en su ensayo "México 86: el fútbol en medio de las crisis", documenta cómo estas protestas involucraron a diversos sectores: damnificados por el sismo, estudiantes, trabajadores y ciudadanos comunes que enfrentaban las carencias económicas.
La persistencia de una consigna
El impacto de esta expresión de descontento trascendió el momento histórico inmediato. Durante el sorteo del Mundial en diciembre de 1985, el grito resonó entre un grupo de damnificados que se manifestó afuera de Televisa San Ángel. Incluso décadas después, en mayo de 2012, jóvenes volvieron a utilizar la consigna para exigir la reprogramación de un partido de fútbol que coincidía con el primer debate entre candidatos presidenciales.
Para Gerardo Galarza, la vigencia de esta protesta sigue siendo palpable: "Yo no estoy en contra del fútbol, fui muy aficionado al fútbol y lo sigo siendo, pero sí, se ha utilizado, no sólo en México, en todo el mundo, para estas distracciones... sigue habiendo pobreza en México, sigue habiendo necesidad, y no digo que no se haya avanzado, pero nos siguen faltando frijoles, en mayor o menor medida; frijoles de todo tipo: económicos, sociales, académicos".
El ingenio mexicano en la protesta
Galarza reflexiona sobre la particular capacidad de la sociedad mexicana para crear consignas memorables: "Los mexicanos somos especialistas en crear consignas con cualquier cosa. Inventamos la de la visita del Papa, aquella de 'Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano'. A todo le encontramos el verso". Aunque no está completamente seguro del origen exacto de la frase "No queremos goles, queremos frijoles", señala que pudo haber sido creación del PMT, "porque tenía gente muy ingeniosa en ese sentido, el 'Búho' entre ellos", en referencia a Eduardo Valle, líder del Movimiento del 68 que se incorporó al Partido Mexicano de los Trabajeros.
Esta consigna, nacida en un contexto de crisis múltiple, se mantiene como un recordatorio histórico de cómo el deporte y la realidad social pueden entrelazarse en expresiones de protesta que perduran en la memoria colectiva.
